CRONICA
Narcotráfico

La fiesta del 'Messi del hachís', el dos veces fugado que el 'amigo' Marruecos no entrega a España

La vida de lujos en Tánger, sin ocultarse, de Abdellah El Haj Sadek El Membri. Acude a reservados en discotecas, cena en restaurantes... y nadie le toca. Tiene sobornada a mucha policía, que le da protección. Sus amigos de Algeciras cruzaron el Estrecho hace poco para ir a verlo

Abdellah El Haj Sadek El Membri, 'el Messi del hachís'.
Abdellah El Haj Sadek El Membri, 'el Messi del hachís'.
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Dos marroquíes altos, fornidos y trajeados custodian la entrada al Huqqa Lounge cuando una veintena de hombres acceden al local. En su mayoría son españoles. Barbas prominentes, pelos rapados en la nuca, espaldas musculadas. Algunos se dedican al tráfico de hachís. Pero los porteros no ponen inconveniente alguno a que entren. Hoy -un fin de semana de mediados de febrero de 2022- están en territorio amigo. El sitio es un club de moda situado junto al paseo marítimo de Tánger en el que sirven cócteles, hamburguesas y cachimbas. La noche es templada en este punto del norte de África.

El grupo asciende en silencio unas escaleras que hay junto al acceso del negocio. Segundos después, de repente, sus miembros rompen a cantar un himno que se suele escuchar cada semana en las gradas de los campos de fútbol españoles. "Dicen que estamos locos de la cabeza, más de 60 horas de carretera. No me importa la vida una puta mierda, yo seré del DG hasta que me muera, hasta que me mueeeera...".

Cuando los escucha y los ve dirigirse hacia él, un hombre vestido con chándal negro, sorprendido, sonríe, se pone de pie y comienza a aplaudir. Es Abdellah El Haj Sadek El Membri, el Messi del hachís, el marroquí que se ha fugado de España dos veces -la última, hace ahora tres años- y por el que la justicia mantiene activa una orden internacional de detención.

La última de sus evasiones, en 2019, fue sólo dos días antes de que detuvieran a cuatro miembros de su clan por secuestrar y matar a tiros a un hombre, y abandonar después su cuerpo junto al hospital de Algeciras (Cádiz). Messi pensaba que también lo arrestarían a él y se refugió en Marruecos. Las imágenes que publica ahora EL MUNDO son las primeras que trascienden de Abdellah El Haj tras volverse a cobijar en su país natal.

La fiesta del 'Messi del hachís', dos veces fugado de España y con orden internacional de detención

Pese a esas dos fugas, las autoridades de Marruecos, con quienes España ha entablado ahora una nueva amistad tras acordar la entrega del Sáhara Occidental al reino de Mohamed VI, no lo detienen y lo extraditan. En Marruecos, Messi ha sobornado a numerosos funcionarios policiales que le dan protección. Él, mientras, disfruta de la libertad en Tánger, donde nació en 1983, se deja ver con su gente, acude a reservados en discotecas, cena en restaurantes de postín y se mueve en coches de cientos de miles de euros.

Fardo de hachís con el sello de 'Messi'.
Fardo de hachís con el sello de 'Messi'.

Esta noche ha recibido la sorpresa de los amigos que conserva al otro lado del Estrecho, donde llegó a ser el rey del tráfico de chocolate. Ese estatus sólo se lo discutieron Antonio y Francisco Tejón, 'los Castaña', quienes actualmente se sientan en el banquillo de los acusados para someterse a juicio. Los amigos de Messi han venido desde Algeciras, donde él se instaló de adolescente junto a su familia. Casi todos llevan dos años sin verlo a causa de la pandemia. Hoy es un día para celebrar el reencuentro. La mayoría son excompañeros del Pollo DG (por la marca de ropa Dolce & Gabbana), el equipo de fútbol en el que ellos y su patrón jugaban en una liga amateur en Algeciras hasta poco después de que la organización del tangerino empezase a tener problemas con las fuerzas policiales, allá por 2014.

En aquel equipo, Abdellah El Haj llevaba el 10, como el astro argentino Lionel Messi en su selección. Uno ha sido el mejor futbolista en un terreno de juego. El otro, el más hábil surtiendo de toneladas de hachís a las bandas de narcos de media Europa. El marroquí llegó a poner su sello en los fardos que trasladaba hasta la península.

Fuentes de la lucha contra el narcotráfico que conocen detalles del viaje a Tánger de algunos amigos y miembros del clan de Messi explican que, además de la fiesta que tuvieron esa noche con el narcotraficante, también le organizaron un partido de fútbol amistoso entre su antiguo equipo algecireño, el Pollo DG, y su actual, con el que juega en la ciudad marroquí.

"Es una vergüenza que Marruecos no haga nada por detenerlo", explica un alto cargo de la Guardia Civil en el sur de España. "La policía de allí se ríe de todo el mundo. Él está en la calle, pero no donde quiere. Donde él es feliz es en Algeciras", añaden.

Su ingreso en prisión... y su primera fuga

El Grupo de Respuesta Especial al Crimen Organizado (GRECO) de la Policía Nacional detuvo a Messi el 15 de octubre de 2014 cuando salía de su guarida, el hotel Guadacorte Park, en la localidad gaditana de Los Barrios, a ocho kilómetros de Algeciras. Iba acompañado por uno de los miembros de su banda, compuesta por medio centenar de hombres. Habían sido casi dos meses de seguimientos, escuchas. En el hotel tenía alquilada una suite durante todo el año.

Durante el dispositivo en el que apresaron a Abdellah El Haj, el GRECO Costa del Sol logró detener a otros cinco miembros de su banda, incautar los dos coches de alta gama que poseía, su yate, 6.000 euros en metálico. Daba la sensación de que le esperaba un largo tiempo a la sombra. Después de su detención, ingresó en la prisión de Botafuegos (Algeciras). Allí pasó varios meses. Instituciones Penitenciarias se vio obligada a cambiarle de cárcel porque se había convertido en el "amo" del penal, según fuentes policiales y varios funcionarios de la prisión. Abdellah compró equipaciones nuevas de fútbol para los presos, organizó torneos y mandó adquirir productos del exterior para congratularse con algunos reos. "Emuló a Pablo Escobar y eso no se podía consentir".

Cuando llevaba cerca de medio año en Botafuegos se le trasladó a la cárcel de Córdoba. Allí se le catalogó como preso FIES (fichero de internos de especial seguimiento y vigilancia). Agobiado por el estricto control y vigilancia de los funcionarios, Messi pidió a sus abogados que negociasen con las autoridades judiciales. Varios agentes de Policía se personaron en la prisión y se vieron con el narcotraficante. Él se mostró dispuesto a colaborar. Les ofreció "las cabezas" de los dos líderes de la otra gran organización que operaba en ese momento en el Estrecho, los Castaña. No consiguió nada.

Llegó el verano de 2015. Messi seguía en la cárcel de Córdoba. Llevaba casi un año entre rejas cuando el marroquí Ayoub El Khazzani quiso atentar a tiros contra los pasajeros de un tren que unía París y Ámsterdam. El yihadista había vivido durante siete años en España, a caballo entre Madrid y Algeciras. Había residido un año en El Saladillo, el barrio que Messi se conocía como las arrugas de sus manos.Entonces logró su primer acuerdo con la Fiscalía Antidroga. Se le fijaría una fianza para salir de prisión si, a cambio, el narcotraficante facilitaba a la justicia española información antiterrorista de Algeciras y el entorno del Estrecho. Abdellah accedió, pagó a medio Saladillo para que "chivara" datos interesantes y presentó un dossier sobre radicalismo islámico en la ciudad puente con Marruecos. Aquel acuerdo lo sacó de prisión pese a que el contenido de su informe sirvió de poco.

Pero Messi tardó poco en volver a traficar. En abril de 2017, los investigadores de la Policía Nacional tenían la vista puesta en uno de los locales de copas que controlaba en la playa algecireña de Getares. Apenas faltaban unas horas para que empezara un espectáculo musical cuando detectaron la llegada del narco al local. Allí se mezclaba el sonido del flamenquito, el humo de la shisha (pipas de agua) y los movimientos rítmicos de las bailarinas de danza del vientre. Fue en aquel garito donde intentaron arrestarle. Pero el narco se desvaneció. Se fugó a toda velocidad montado en un vehículo que su banda había aparcado en un lugar estratégico por si necesitaban huir. A las pocas horas ya se había instalado en Marruecos.

Pese a que aquella operación policial resultó fallida, se consiguió detener a seis de los ochos hombres que le custodiaban 7.000 kilos de hachís en un chalet de Algeciras. Sus chicos portaban armas de guerra: fusiles de asalto, tres pistolas y una escopeta. Dos huyeron saltando la tapia del inmueble. A las pocas semanas se detuvo a 13 personas más de su organización.Las autoridades incautaron otras seis toneladas de costo. El narco estaba acorralado.

La entrega pactada

Miércoles 29 de noviembre de 2017. Primera hora de la mañana. Abdellah El Haj sale de un coche de alta gama aparcado cerca de la comandancia de la Guardia Civil de Algeciras. Le acompañan otros cinco hombres que trabajan para él. También están imputados por tráfico de drogas y pertenencia a banda organizada. Hasta hace unos días, Messi estaba en Marruecos. Seis meses antes, en abril de 2017, había huido a su país natal tras verse cercado por la Policía en su garito. Dentro de la comandancia lo esperan, entre otros, el jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil, Joaquín Franco. Desde su huida Messi habría estado negociando su entrega con Franco a través de mensajes de móvil.

Poco después de su llegada a la comandancia, los agentes arrestan al narco y lo trasladan hasta el juzgado. Allí lo esperan, además del juez, el fiscal jefe de Algeciras, Juan Cisneros, con quien los abogados de Messi han llegado a un acuerdo: pagará 80.000 euros de fianza, entregará su pasaporte y tendrá que presentarse en sede judicial cada día. Los cinco empleados del narco que le acompañan abonarán 25.000 euros cada uno. Messi y sus hombres se acogen a su derecho a no declarar. El rey moro del Estrecho queda en libertad a la espera de tres juicios: dos macrocausas por tráfico de drogas y otra por conducir sin carnet.

Messi se puso en manos de la justicia española sólo unos días después de que el ya ex fiscal jefe antidrogas de Algeciras, Emilio Miró, se marchara a la Fiscalía de la Audiencia Nacional. Sus compañeros le habían celebrado recientemente una fiesta de despedida. Miró siempre fue un látigo contra Messi. A juicio de varios abogados a los que consultó este periodista, lo lógico hubiera sido que su sucesora, Macarena Arroyo, actual fiscal antidroga del Campo de Gibraltar, hubiera asumido la negociación. Sin embargo, fue el fiscal jefe de Algeciras y superior de ambos, Juan Cisneros, quien se encargó.

"No hay nada oculto, no entiendo que se sospeche de mí ni de que se hagan extrañas interpretaciones", le dijo a este reportero. "Yo sólo quiero que se le juzgue y se presentó la oportunidad". ¿Y si se vuelve a fugar y ahora sigue traficando, algo que no es descabellado?, le preguntó el periodista. "No creo que se fugue si se acaba de entregar", respondió.

Se equivocó.

Sí hubo una segunda fuga

Cuando conoció la noticia, el fiscal jefe de Algeciras se lamentó con vehemencia: Messi acababa de fugarse por segunda vez a Marruecos. En un comunicado que me llegó a través de terceras personas a primeros de marzo de 2019, el narco decía que sufría "una depresión" por la presión policial a la que estaba siendo sometido en el último año. Añadía que había tomado la "decisión de desaparecer por un tiempo". Messi aseguraba que estaba siendo sometido "a una implacable fiscalización policial" y que su familia se sentía "acosada". Señaló que la Policía estaba "induciendo" a personas de su entorno a que lo acusasen "falsamente de la comisión de ilícitos" en los que decía no tener "intervención alguna".

En realidad, el traficante marroquí estaba escondiendo la verdadera razón para fugarse de nuevo: temía que le imputaran la autoría intelectual en el homicidio de Brian Martos, un chico de 30 años que se dedicaba a robar hachís a bandas criminales como la suya. Casualidad o no, dos días después de aquella carta donde anunciaba su evasión comenzaron a realizarse las primeras detenciones por la muerte de Brian Martos.

Una fuente policial conocedora de los detalles del caso me explicó que la segunda huida del marroquí se debió a "un soplo" de otro ladrón de narcos que sabía de los movimientos de los investigadores. "Le llegó que le iban a detener pronto, por eso se fuga".

Finalmente, la jueza del caso emitió un auto en el que negaba la existencia de pruebas que vinculasen a Abdellah El Haj con el secuestro y asesinato de Brian Martos. De los ocho detenidos finalmente por el caso de la muerte de Brian, cuatro son aquellos hombres que compraron su libertad junto a Messi, su jefe, a finales de 2017 tras el acuerdo con la Fiscalía.

Ahora, como demuestra el vídeo que acompaña esta información, Messi se mueve sin ataduras por Marruecos, donde tiene numerosas propiedades inmobiliarias a nombre de terceras personas. "Sólo se le juzgará en España si él se entrega", se lamenta otra fuente policial de la lucha contra el narcotráfico. "Si no, puede llevar una vida de lujo en su país hasta que muera".

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