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La reina de los abortos y la soberana que fingió hasta 10 para engañar al rey

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Fue la última del Antiguo Régimen, esposa de Carlos IV, y ostenta un triste récord: el del mayor número de embarazos frustrados de todas las reinas. El libro 'Embarazos y partos de las reinas de España' recoge esta y otras historias.

Retrato de Maria Luisa de Parma (1751-1819).
Retrato de Maria Luisa de Parma (1751-1819).

Si hay una reina que se merece el título de campeona de los abortos monárquicos esa es María Luisa de Parma (1751-1819), la esposa de Carlos IV, una soberana que también disfrutó del título de ser la última reina de España del Antiguo Régimen.

Por más que en los cuentos infantiles nos hablan de un mundo de príncipes y princesas, de castillos y reinas donde todo está teñido permanentemente de un color rosado... La realidad de la realeza es a menudo muy diferente. Tan solo tenemos que echar la vista atrás y darnos un paseo por la historia para comprobar que en muchas ocasiones hubo más grises que blancos en la vida de las princesas y de las reinas.

Una de las mayores desgracias que puede sufrir una mujer es, sin duda, perder al ser que lleva en sus entrañas, en otras palabras, sufrir un aborto. En este momento conocemos como aborto la interrupción y finalización prematura del embarazo, bien de forma voluntaria o natural, antes de que el feto pueda sobrevivir fuera del útero.

Se denomina aborto espontáneo a aquella situación que no es provocada intencionadamente, y cuando se produce la muerte no deseada y la expulsión antes de las semanas 20 ó 24 de embarazo. Y en las casas reales españolas hubo muchos.

En 1765, cuando María Luisa de Parma tenía 14 años, contrajo matrimonio por poderes con su primo Carlos, que por entonces disfrutaba del título de príncipe de Asturias, y que era dos años mayor que ella. A uña de caballo se desplazó hasta Madrid, donde rápidamente destacó por su conducta desenvuelta y libertina, que contrastaba con el carácter apocado y pusilánime del heredero al trono.

La historia ginecológica de la reina se podría resumir en un titular: veinticuatro embarazos durante poco más de veintitrés años, de los cuales 10 acabaron en aborto. Un panorama verdaderamente desolador.

María Luisa se quedaba embarazada con la misma facilidad con la que perdía el feto. Por este motivo no debe sorprendernos que cada vez que la reina se quedase en cinta, su esposo decretase que las principales villas y ciudades del reino tuviesen que celebrar rogativas y ceremonias pidiendo el buen desarrollo de la gestación. Pero, claro está, aquellas plegarias carecían de todo fundamento científico y, por tanto, no alteraban ni un ápice el transcurso de aquellos embarazos.

La historia ginecológica de esta soberana también esconde otras singularidades; la verdad es que tanto embarazo da mucho juego. Así, por ejemplo, fue la primera reina que alumbró por partida doble. El alumbramiento de gemelos se produjo en La Granja de San Ildefonso, allí nacieron Carlos Francisco y Felipe Francisco de Paula, dos príncipes que fallecieron pocos meses después.

Del tamaño de un grano de anís chico

La primera esposa de Fernando VII, María Antonia de Borbón Lorena, murió a la edad de veintidós años, tras sufrir dos desgraciados abortos. Su suegra, la reina María Luisa de Parma, relató a Manuel Godoy el primero de los abortos de la siguiente guisa: «Esta tarde he presenciado el mal parto de mi nuera, con algunos dolores y poca sangre, pues toda ella no equivale a la mía mensual de un día: la bolisa muy chica y el feto más chico que un grano de anís chico». La verdad es que teniendo familiares así no hacen falta enemigos.

Un aborto también sumió en la desolación a Isabel la Católica (1461-1504). El suceso tuvo lugar en 1475, cinco años después de su primer parto, cuando la reina pasaba por Cebreros. Al parecer tuvo que ser atendida por su físico, el médico judío Lorenzo Badoc, que la ayudó a expulsar a un varón muerto. Un suceso doblemente penoso porque en aquel momento los reyes no tenían ningún heredero varón.

Tal fue así que la soberana hizo jurar al galeno que no diría nada de lo sucedido a su esposo, que aquel triste desenlace quedaría dentro del secreto profesional. En contraprestación el médico le prohibió en el futuro a la reina que cabalgase mientras estuviese embarazada, recomendando que utilizase una carroza para los desplazamientos y que al mismo tiempo evitase todos los caminos que estuvieran demasiado empedrados.

La segunda esposa de Carlos II fue una mujer alta, delgada y pelirroja, al tiempo que egoísta y altanera. Su nombre: Mariana de Neoburgo (1667-1740). Su mayor bondad era la elevada fecundidad de su familia, y es que su madre había alumbrado a veintitrés hijos, por lo que parecía una buena candidata, o mejor deberíamos decir una buena incubadora, para los designios de España, que en aquellos momentos estaba al borde del precipicio dinástico.

Tras su matrimonio con el enfermizo monarca, y viendo que el tiempo pasaba y que el anhelado embarazo no llegaba, decidió tomar cartas en el asunto, fingiendo lo que la naturaleza se negaba a regalarle. Por ese motivo simuló una vez tras otra que estaba en estado de buena esperanza. Una estratagema a la que acabó cogiéndole cierto gustillo, ya que aparentó hasta un total de once embarazos.

Pero, ¿cómo podía terminar con aquella farsa? Pues tan solo de una forma: fingiendo otros tantos abortos. De esa forma la reina Marina de Neoburgo llegó a representar nada menos que la friolera de once abortos.

El veneno estaba en la sangre

Hay muchos factores implicados en la aparición de un aborto, entre ellos la consanguineidad; esto es, la relación de parentesco existente entre los esposos, un riesgo que se basa en que toda persona es portadora recesiva de genes letales. La genética actual ha puesto en evidencia que la consanguineidad conlleva tanto una disminución de la capacidad reproductiva como de la supervivencia y la fertilidad.

Si analizamos el grado de consanguineidad de los Austrias no podemos por menos que llevarnos las manos a la cabeza: Felipe I tenía 0,025, Carlos I 0,037, Felipe II 0,12, Felipe III 0,218, Felipe IV 0,115 y, finalmente, Carlos II 0,254. En Román paladino, el 25% de los genes del monarca Carlos II estaban repetidos, ya que había recibido la misma copia de los mismos por parte materna y paterna. Menos mal que la naturaleza es muy sabia y acaba haciendo su papel.

Portada del libro que edita La Esfera de Los Libros.
Portada del libro que edita La Esfera de Los Libros.

Pedro Gargantilla es autor, junto con Berta María Martín Cabrejas, del libro Embarazos y partos de las reinas de España: de Isabel la Católica a doña Letizia (Editorial La Esfera de los Libros), que ya está a la venta.

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