El forjado de la sede de Capgemini queda a la vista, en el exterior de esta innovadora construcción en el barrio de madrileño de Las Tablas, de manera que las cinco plantas del edificio Oxxeo se extienden completamente diáfanas, miles de metros cuadrados sin interrupciones estructurales. Luis Abad, el CEO de esta consultora tecnológica, hace las veces de guía en el recorrido previo a esta entrevista con Actualidad Económica. Aunque la compañía francesa supera los 10.000 trabajadores en España (más de 350.000 en todo el mundo), su máximo ejecutivo apenas se cruza con un puñado de empleados, por lo visto proclives al teletrabajo. "Durante ocho años, de 2011 a 2019, cuando llevaba el área de telecomunicaciones de Altran, y también los sectores financieros y de gobierno, pasaba 180 días al año con la maleta debajo del brazo, por Europa, EEUU, China e India. Analizando mi pasado, no haría ni la mitad de esos viajes. Hoy, con la digitalización sería distinto", reflexiona.
Capgemini compró en 2020 Altran, de la que Abad era también CEO, y, aunque los negocios están ya integrados, las entidades legales harán lo propio a principios del próximo año. El ritmo de crecimiento de Capgemini llama la atención: el 17,5% de enero a septiembre de este año (en comparación con el mismo período del ejercicio anterior), según los últimos resultados conocidos; con más de 16.000 millones de euros facturados en los nueve primeros meses. Con guerra, inflación y quién sabe si también recesión, la empresa confía en crecer entre el 14% y el 15% en este convulso 2022. ¿Y la crisis? "Todas las compañías están viendo que van a necesitar una transformación digital, porque ésta funciona como palanca para la mejora de sus operaciones. Las empresas transformadas van a ser más resilientes. Sí o sí, se va a seguir invirtiendo en tecnología, porque las empresas lo necesitan. La transformación tecnológica no es un objetivo en sí mismo: el objetivo de cualquier compañía es mejorar operacionalmente: en el go-to-market o en la experiencia de cliente, ya sea para abaratar costes, ser más flexibles o escalables. La digitalización permite la eficiencia", opina Abad: "Esperamos que la inflación el año que viene se quede en la mitad que la de éste y, aunque esa subida de precios impacte en la rentabilidad de las compañías y por lo tanto en su inversión, el abaratamiento de costes es positivo: nos favorece porque la digitalización será aún mayor. Una compañía siempre nos puede pedir algún descuento, pero los descuentos tienen un recorrido muy corto".
Es decir, con o sin frenazo económico, Abad se muestra "optimista, con previsiones para este año muy positivas". La multinacional a la que pertenece está extendida por todo el mundo: alrededor de 180.000 trabajadores están radicados en India y un tercio de sus ingresos se genera en Norteamérica. En España, país de pymes, Capgemini se mantiene fiel a su filosofía de empresa y sólo juega con grandes players del mundo empresarial. Airbus, Red Eléctrica, Telefónica, Santander, Repsol o Mapfre son algunos de los clientes de este gigante de la consultoría especializada en datos, cloud computing, conectividad e inteligencia artificial, además de la más o menos clásica ingeniería (en la que está licenciado el propio Abad, rama de telecomunicaciones).
Una de las vías últimamente exploradas por Capgemini es la de los gemelos digitales, réplicas virtuales de espacios para simular operaciones, extraer datos al respecto y aplicar lo aprendido en el mundo físico real, con mejoras en el rendimiento y la sostenibilidad. Los negocios de fabricación, producción y logística se han volcado con esta práctica, y la consultora calcula que el 60% de las empresas de los principales sectores se apoyan ya en estos gemelos. La planta de Airbus en Cádiz es uno de los ejemplos pioneros para Capgemini. "Los gemelos digitales van a explotarse mucho, pero para acercarnos a la realidad virtual tendremos que hacerlo siempre con baja latencia [o retardo en la conexión] como la del 5G, que permite mecanismos de precisión que el 4G no alcanza. Ese mundo de los gemelos digitales y la realidad virtual basada en el 5G va a desarrollarse mucho en entornos industriales. Toda la industria digital inteligente se va a acelerar profundamente en los próximos tres o cuatro años, y el 5G va a ayudar a esa transformación profunda".
- El 5G será entonces fundamental, pero no acaba de asentarse en España, ni industrial ni mucho menos comercialmente...
- Las inversiones en 5G se están retrasando. Es uno de los elementos que más van a impactar en el mercado, y que más van a transformar nuestras industrias, hasta un punto del que no somos conscientes, pero eso se está ralentizando. Todos los operadores están haciendo casos de uso o programas piloto, pero no se conocen aún despliegues masivos de 5G en España o en el resto del mundo. Estamos aún en pruebas.
- ¿El retraso se debe a la incertidumbre económica y a la limitada capacidad inversora de esos operadores?
- En España se retrasó por la pandemia y después de eso creo que todas las empresas están viendo cómo hacerlo... no se deciden. Es una realidad que el paso del caso de uso a la realidad del 5G se está retrasando. El año pasado tampoco se desplegó el 5G y no teníamos tanta incertidumbre.
- Otro de los focos de la compañía es el de la energía renovable. ¿Es un filón o más bien una promesa de negocio?
- La grandeza de Capgemini se evidencia cuando ofrecemos un servicio de extremo a extremo, ahí somos disruptivos, porque nuestro portfolio es irrepetible: consultoría estratégica, desarrollo de aplicaciones, [software] SAP, datos, cloud computing... Conocemos el mundo de las renovables, especialmente en España, y podemos diseñar la estrategia a largo plazo de un cliente, implantar SAP, gestionar activos, pero además somos especialistas en ingeniería. No hay ninguna compañía en este país que pueda ofrecer lo mismo.
- ¿Cómo están impactando en Capgemini los fondos NextGen, que precisamente se focalizan (más si cabe para España) en la digitalización y la transición energética?
- Los fondos europeos representan una oportunidad estratégica que persigue una transformación de la estructura económica del país; y ahí todas las empresas tecnológicas debemos aprovecharlo.
- ¿Se han encontrado dificultades para absorber o ejecutar fondos en España?
- Se trata de una gestión compleja en la que tenemos que agilizar mucho más la relación público-privada y donde tenemos que trabajar en consorcios. Además, están implicadas las tres administraciones (central, autonómica y local), lo que contribuye a esa complejidad. Pero desde luego es una de las grandísimas oportunidades que ni podemos ni debemos desaprovechar.
- La digitalización fácilmente se traduce en una mejora de la eficiencia, pero no está tan claro que ocurra lo mismo con la sostenibilidad. ¿La gran empresa ha pasado por fin de la teoría a la práctica?
- Todas las empresas sin excepción están trabajando en sostenibilidad. Hace tres años se hablaba mucho de ello, pero no había proyectos; ahora, se está invirtiendo de verdad. Nosotros, por ejemplo, llegaremos a emisiones neutras en 2025, emisiones cero en 2030 y a una reducción del 90% del CO2 emitido en 2040. Eso mismo lo trasladamos a nuestros clientes, a los que ayudamos a rebajar el CO2: lo medimos en cualquier proyecto y el objetivo de bajarlo está en todos nuestros trabajos; el paso al cloud es una buena manera de lograrlo. Afortunadamente, ya no es una pose: en los últimos dos años, ha habido un cambio. El usuario cada vez más demanda facilidad de uso [UX] y una compañía que invierta en sostenibilidad y valores. Claramente también está variando lo que demandan los consumidores.
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