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En las entrañas de la ruina por la política del covid cero

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En plena ola histórica de protestas la presión sobre las sirenas cuentas de los gobiernos locales chinos es cada vez mayor: asumido todo el coste de la política contra el virus, en claro detrimento de todo lo demás.

En las 
entrañas de la ruina por
la política del covid cero

En Xishuangbanna, una región en la provincia sureña de Yunnan, algunas localidades han vaciado el fondo que tenían destinado a pagar a los proveedores de pruebas PCR. Ya ni siquiera pueden desviar parte del dinero previsto para otros proyectos de infraestructuras o de mantenimiento de los vastos parques naturales de la zona. No hay liquidez para cubrir los test gratuitos que tienen que hacerse diariamente los ciudadanos que viven en algunos barrios donde se reportan contagios o que pasan por los aeropuertos. El resto necesita una prueba negativa al menos cada 72 horas.

La presión para las mermadas cuentas de los gobiernos locales cada vez es mayor: además de asumir los costes de las pruebas, tienen que hacerse cargo de la construcción de centros de cuarentena, de las facturas en los hoteles reconvertidos en prisiones de aislamiento y de los subsidios para los sectores empresariales más afectados por los continuos cierres.

En China, según se jactó hace unas semanas Liang Wannian, epidemiólogo que forma parte del equipo de funcionarios de respuesta a la pandemia, tienen capacidad para testar 1.000 millones de personas por día. El coste anual de todas esas pruebas, según una estimación de la firma financiera Dongwu Securities, llegaría hasta los 1,7 billones de yuanes (que al cambio son más de 230.000 millones de euros). Eso es casi como el PIB de Finlandia.

Controles en Xishuangbanna.
Controles en Xishuangbanna.

La estirada política nacional del Covid cero está siendo una ruina para muchas administraciones locales. "Aquí hemos recortado hasta del fondo de ayudas contra la pobreza para poder cubrir toda la infraestructura, controles y trabajadores que nos demandan desde Pekín para luchar contra el virus. En el primer año de pandemia, al menos había movilidad interna, entraba dinero de los visitantes y las empresas e inversiones aguantaban porque no había tanta incertidumbre. Ahora todo eso ha caído, incluso la siempre fuerte demanda de los países vecinos con los que compartimos fronteras", protesta un funcionario de Yunnan.

Esta provincia, que cubre el 9% de la superficie forestal de China y que es cuna de la producción de azúcar y cigarrillos, comparte frontera con Vietnam, Laos y Birmania, y está conectada por vías fluviales con Tailandia y Camboya. Precisamente, pegando a Birmania, está la ciudad china -y probablemente del mundo- que más veces ha sido sacudida por restricciones durante la pandemia.

Se llama Ruili, tiene poco más de cuatro millones de habitantes y en los últimos dos años y medio ha pasado por hasta siete confinamientos en diferentes momentos. Desde marzo de 2021 hasta abril de 2022, los vecinos de Ruili estuvieron un total de 119 días sin poder salir de sus casas. Para muchos comercios locales, la cornada de bloqueos ha sido mortal. La economía local se contrajo el año pasado un 15%. Este año las predicciones son igual de malas. Los escaparates tapiados se alinean en algunas avenidas. Muchas obras se han quedado a medio hacer y las máquinas, apagadas, están llenas de polvo.

El principal atractivo de la ciudad, el comercio de jade que llegaba desde Birmania, prácticamente desapareció cuando las autoridades chinas decidieron colocar láminas de metal y vallas rematadas con alambre de púas a lo largo de la frontera con la ciudad vecina de Muse, en el lado birmano. El impacto en la industria del jade, que dependía de un flujo constante de personas y bienes entre ambos países, fue devastador. Muchos comerciantes y talladores de la piedra han perdido su única fuente de ingresos.

Las eternas cuarentenas, testeos masivos y restricciones de movimiento continúan asfixiando los bolsillos de las administraciones locales del gigante asiático. Ahora mismo, hay una veintena de provincias sujetas a restricciones y varias ciudades bloqueadas por el peor brote nacional desde abril.

Una de los varios puntos fronterizos cerrados entre China y Birmania.
Una de los varios puntos fronterizos cerrados entre China y Birmania.

Entre este enero y agosto, Pekín emitió alrededor de 830.000 millones de euros en préstamos para dar oxígeno a los gobiernos locales. Estas administraciones habitualmente pagan su deuda con la venta de tierras, pero los ingresos por bienes raíces han bajado un 31% este año. Debido a la ralentización de la economía y al debilitamiento de las ventas de tierras -la inversión inmobiliaria cayó un 16,0% interanual en octubre-, desde el diario financiero Nikkei apuntan a que, con la previsión de un déficit de 900.000 millones de dólares, alrededor del 30% de los gobiernos locales podrían enfrentarse a una crisis financiera a finales de año.

A nivel estatal, la economía de China sufrió en octubre una desaceleración generalizada debido a que la producción fabril creció más lentamente de lo esperado y las ventas minoristas cayeron por primera vez en cinco meses. "La segunda economía más grande del mundo no ha logrado alcanzar su potencial de crecimiento desde que el Covid se afianzó hace casi tres años, y esta situación no puede continuar", advertía en un foro hace unos días Liu Shijin, economista del máximo órgano asesor político del país y miembro del comité de política monetaria del Banco Popular de China.

No es habitual que un funcionario de la élite política del país confiese en público sus preocupaciones al respecto. "La prioridad urgente ahora es hacer que la macroeconomía vuelva a la normalidad", continuó Liu, quien también apuntó la necesidad de mantener los próximos años una tasa de crecimiento anual del PIB de China de alrededor del 5% para "alcanzar el nivel de ingreso per cápita de un país de desarrollo medio para 2035".

El crecimiento económico en los tres primeros trimestres del año fue del 3%, por debajo de las expectativas del mercado. El Fondo Monetario Internacional (FMI) también redujo la previsión de crecimiento del PIB de China al 3,2 % este 2022 y al 4,4 % en 2023, muy lejos de la gran expansión del 8,1 % observada en 2021.

"Ahora es una prioridad inmediata impulsar la economía desde el lado de la demanda", afirma Mao Zhenhua, director del Instituto de Investigación Económica de la Universidad Renmin, en Pekín. "El mayor déficit en la economía de China es una grave falta de consumo, que se ha visto limitada por las incertidumbres inducidas por la política de Covid cero. La gente es menos optimista sobre el futuro y, como resultado, está más inclinada a ahorrar".

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