En el último medio año el autodenominado Estado Islámico ha aterrorizado al mundo presumiendo en vídeo del atroz asesinato de sus rehenes. Periodistas y trabajadores humanitarios occidentales, cristianos egipcios, soldados kurdos y árabes o supuestos espías han padecido una muerte atroz. En las instantáneas de su agonía, todos lucían un mono naranja, un color que algunos han terminado asociando con los crímenes de la organización yihadista.
La familia del piloto jordano Muaz Kasasbeh, quemado vivo a principios de enero en la ciudad siria de Raqqa, ha sido la primera en alzar la voz. "Le hemos pedido al ayuntamiento de Amán que cambie el color del uniforme de los empleados de la empresa de limpieza porque llevan el mismo mono naranja usado por el 'daesh' (acrónimo en árabe del IS)", cuenta a EL MUNDO Gaudat, hermano del soldado capturado por los yihadistas a finales de diciembre tras estrellarse su caza. "Solo solicitamos que se sustituyera por cualquier otro color para respetar a los trabajadores", agrega.
La respuesta gubernamental fue inmediata. El ayuntamiento creó un comité para abordar el cambio y lanzó una encuesta en su página web para que los ciudadanos pudieran elegir entre ocho nuevos colores, entre ellos, varias tonalidades de verde y azul. "La reacción ha sido muy positiva. La opinión pública respaldó nuestra propuesta desde el primer momento", confirma Gaudat. A partir del próximo 21 de marzo, coincidiendo con la celebración del día de la madre en Jordania, los 4.600 empleados de limpieza de Amán mudarán de piel y comenzaran a lucir uniforme turquesa.
"Así olvidaremos el color que los terroristas han convertido en símbolo y que recuerda también a los presos de Guantánamo", narra el hermano de la primera baja de la coalición internacional liderada por EEUU. Muaz, de 26 años, cayó en manos del IS el 24 de diciembre tras estrellarse su avión de combate en la provincia siria de Raqqa, cuartel general del califato. El clan Kasasbeh, una tribu con cierto peso en la monarquía jordana, había albergado hasta entonces alguna esperanza después de que los yihadistas citaran su nombre en un posible canje con la terrorista iraquí Sayida Rishawi.
Sin embargo, a principios de febrero los yihadistas difundieron el vídeo con el atroz final de Muaz, enjaulado y quemado vivo. Tras su muerte, que provocó conmoción en el país árabe, la monarquía de Abdalá II incrementó su participación en la alianza internacional que bombardea desde agosto las posiciones del IS, que ha declarado un califato a caballo de Siria e Irak. Un mes después, la familia del piloto elabora aún el luto. "Nuestra familia está bien. Triste pero bien", concluye Gaudat.