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Yihadismo

Al Mawla, el califa "destructor" que mantiene las esencias más brutales del Estado Islámico

Los servicios secretos occidentales identifican a la nueva cúpula de la organización terrorista, dirigida por el brutal Al Mawla

Mourners pray near the coffin of a member of Popular lt;HIT...
Funeral por un miembro de las milicias Hashid al Shaabi asesinado por el IS. REUTERS
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Cuando el pasado otoño tomó las riendas del califato caído, su nombre de guerra -Abu Ibrahim al Hashimi al Qurayshi- abrió un interrogante entre los servicios secretos iraquíes y occidentales. Nadie sabía, a ciencia cierta, su verdadera identidad. Unos días antes Abu Bakr al Bagdadi, el artífice que catapultó al grupo al firmamento de la yihad global, había muerto en un escondrijo de una localidad siria cercana a la frontera con Turquía en una operación de las fuerzas especiales de EEUU.

El departamento de Estado estadounidense acaba de hacer pública ahora la imagen del nuevo califa, acompañada de una recompensa de 10 millones de dólares para quien proporcione información sobre su paradero. Bajo el nombre adoptado al asumir el liderazgo del IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés), se oculta el de Amir Mohamed Said al al Salbi al Mawla, alias el "profesor" o el "destructor" por su veteranía en la organización y el sadismo que exhibe su hoja de servicios.

"Resulta difícil decir demasiado con seguridad sobre Al Mawla y su implicación previa en el IS", admite en conversación con EL MUNDO Colin Clarke, investigador del The Soufan Center de Nueva York, una institución dirigida por un ex espía del FBI que vigila de cerca las actividades yihadistas. "La organización ha hecho un gran trabajo, especialmente después de la muerte de Al Bagdadi, para ocultar información crítica sobre la cúpula que ha sobrevivido. Se ha puesto un claro énfasis en la seguridad operativa mientras se trata de reconstruir la red", agrega.

Una labor hecha con un exquisito celo tras una mala racha, marcada por la pérdida total de los territorios que una vez llegaron a controlar a caballo de Siria e Irak, una superficie similar a la del Reino Unido, y la sangría de dirigentes. "43 de sus fundadores conocidos fueron liquidados durante la campaña de 2017 y 2019, incluido su líder. Además de estos dirigentes, 79 comandantes en niveles medios pero decisivos de la organización fueron asesinados junto a cientos de comandantes de campo y del área logística", detalló Hisham al Hashimi, un asesor de seguridad iraquí en un artículo de investigación publicado poco antes de su asesinato.

Al Hashimi, con un formidable conocimiento del IS y sus entresijos, pudo también trazar el nuevo organigrama del grupo a partir de su exclusiva entrevista entre rejas con Hajji Abdul Nasser Qardash, un colaborador de Al Bagdadi detenido a mediados de mayo. "La organización no tiene, en muchos casos, una estructura clara de liderazgo, excepto para la cúpula. Carece de cuerpos centralizados más allá de las finanzas y el departamento de medios. Lo que une a la organización es la promesa de lealtad a Al Bagdadi y el registro en la oficina de soldados. La estructura organizativa está descentralizada", confesó Qardash.

Al Mawla comparte ese sentimiento de deuda con el difunto califa que transformó Al Qaeda en Irak en una organización autónoma y próspera hasta hacerle sombra a la red fundada por Osama bin Laden. "Está siguiendo los pasos de Al Bagdadi. Es un líder guardián", comenta a este diario Nicholas Heras, del Instituto para el Estudio de la Guerra. Una suerte de gendarme a cargo de mantener las esencias con cierta similitud con el papel que ha desempeñado Ayman al Zawahiri al frente de Al Qaeda desde la partida de su líder original.

"Al Mawla tiene los pies más en el suelo que Al Zawahiri porque ascendió en el IS a través de sus rangos de seguridad", replica Heras. "El nuevo liderazgo ha dejado claro que librará una guerra de desgaste para sobrevivir a sus enemigos en Irak y Siria", añade. El nuevo califa -las primeras pistas sobre su identidad quedaron al descubierto en una filtración a principios de año- conoció a Al Bagdadi tras su arresto en 2004 en las celdas de Camp Bucca, un centro de detención en el sur de Irak establecido y administrado por las tropas estadounidenses que se convirtió en el laboratorio del IS.

Hasta dar con sus huesos en aquella prisión, Al Mawla había sido oficial del ejército de Sadam Husein. En 2003, tras la invasión estadounidense y el criticado desmantelamiento de las fuerzas armadas, inauguró -como otros tantos compañeros de filas- un viaje hacia el extremismo religioso. De su época como uniformado heredó la brutalidad que luego el IS transfiguró en marca. Antes de reunirse con Al Bagdadi, ya había ingresado en Al Qaeda como comisario religioso y juez de la sharía (legislación islámica) de la que se había graduado años antes en la Universidad de Mosul.

Según el centro Counter Extremism Project, Al Mawla permaneció al lado de Al Bagdadi y en 2014 le juró lealtad y proporcionó una valiosa información para tomar rápidamente el control de Mosul. Nacido en 1976 en Tal Afar, emplazada a unos 70 kilómetros al oeste de Mosul, Al Mawla se abrió paso entre los puestos de mando de la organización a pesar de ser miembro de la minoría turcomana, uno de los contados integrantes no árabes de la élite del IS. Su dirección fue también crucial en el asalto a las montañas de Sinyar en agosto de 2014 y el genocidio de su comunidad yazidí, con varias miles de mujeres y niñas convertidas en esclavas sexuales. Según el Pentágono, como uno de los números dos del grupo supervisó las operaciones internacionales del grupo, una arista que trata ahora de impulsar para reivindicarse en el puesto.

A lo largo de este año, el IS no ha firmado grandes ataques -salvo cuatro atentados en Níger y Afganistán y un apuñalamiento en Londres- pero su propaganda, que continua corriendo por las redes, mantiene intacta su capacidad de influencia. "Resulta razonable asumir que el IS buscará movilizar más ataques en Europa, EEUU y Australia porque pueden convencer a sus reclutas en Siria e Irak de que el IS es aún un jugador creíble en el campo de la yihad global y que merece más apoyo que Al Qaeda", indica el experto en terrorismo Michael Smith.

Desde su llegada a la dirección del IS, Al Mawla ha tratado de luchar contra los elementos que pronosticaban el derrumbe del grupo, compuesto hoy de catorce provincias, cinco ministros y un departamento para asuntos migratorios y administración del entramada internacional. "El IS es una organización increíblemente resiliente y fue diseñada así. Antes incluso del colapso del califato, comenzó a reorganizarse más como un grupo terrorista clandestino que como un movimiento insurgente jerárquico", admite Clarke.

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