Dafne cuenta que, al día siguiente de morir su suegro, su marido recibió una llamada de la policía instándole a no hablar con la prensa extranjera sobre lo que había ocurrido.
«Le dijeron que si criticaba el cierre de Shanghai o echaba la culpa de la muerte de su padre a las restricciones podía incurrir en un delito de difundir información falsa», asegura Dafne, una abogada italiana casada con un empresario chino.
El jueves les informaron de que su suegro, un anciano de 86 años, había aparecido muerto en su domicilio. Llevaba 20 días sin salir de casa por el confinamiento. El hombre padecía una afección cardíaca. La semana anterior le dolía el pecho, le costaba respirar y se había quedado sin sus medicamentos. Le hicieron una PCR. Dio negativo. Y le volvieron a encerrar en casa sin sus pastillas.
«Llamamos a su médico y nos dijo que no podía enviar los medicamentos porque él también estaba en su casa confinado. La única solución era pedir a los voluntarios del comité de barrio que supervisan las cuarentenas, los únicos que pueden salir a la calle, que consiguieran los medicamentos. Pero fueron pasando los días y mi suegro seguía mal y sin sus pastillas. El miércoles ya no cogía el teléfono. Hasta el jueves por la tarde nadie fue a verlo. Como no les abría, forzaron la cerradura y lo encontraron muerto».
Dafne relata lo sucedido mientras pasa el luto encerrada en su apartamento de Shanghai. El bloque de pisos donde vive con su marido está apenas a dos calles del de su suegro.
«Lo peor es la impotencia de estar tan cerca y no haber podido hacer nada. Cuando nos dieron la noticia, mi marido, que siempre ha defendido las políticas anticovid del Gobierno chino, salió corriendo porque necesitaba desahogarse y tratar de averiguar qué le había pasado a su padre. Entre los vecinos que patrullan y la policía lo trajeron a la fuerza, amenazándolo con que iban a poner un tabique en nuestra puerta para que no volviera a salir», relata.
«Después, debieron comprobar que estaba casado con una mujer extranjera y entonces le advirtieron de que no hablara con periodistas. Los funcionarios de la ciudad no quieren que la gente diga que están muriendo más personas a causa de los cierres que por el propio Covid», sentencia.
Cuarta semana de encierro
Lo que cuenta Dafne a EL MUNDO no es un testimonio aislado dentro de la ciudad más grande de China, que está comenzando su cuarta semana de confinamiento. Más de 400.000 nuevos positivos por ómicron desde el 1 de marzo han encerrado en sus casas a 26 millones de personas en una ciudad que antes de esa fecha tan sólo sumaba 400 casos en dos años.
En cambio, las autoridades locales no informaron de ningún fallecido por Covid hasta este lunes: dos mujeres de 89 y 91 años y un hombre de 91. Sí que se han reportado más fallecidos a consecuencia, como explicaba la italiana Dafne, de la estrategia de Covid cero del país donde comenzó todo.
Uno de los casos más sonados fue el de Zhou Shengni, una enfermera que sufrió un ataque de asma aguda hace dos semanas y su familia la llevó al hospital donde trabajaba, pero el departamento de emergencias estaba cerrado por desinfección debido a las restricciones. Fue trasladada a otro centro a cinco kilómetros, donde falleció antes de recibir tratamiento.
La mayoría de los 400 hospitales públicos y clínicas de la ciudad han dejado de ofrecer servicios regulares desde que estalló el brote. Muchos han suspendido operaciones y cancelado sesiones de quimio previstas.
A finales de la semana pasada, sólo estaban abiertos 17 de los principales hospitales públicos de la ciudad. Además, cientos de médicos y enfermeros están confinados en sus hogares o se les asignó a los hospitales donde están tratando a los pacientes con Covid.
Muertes de ancianos
Estos últimos días han circulado por las redes sociales chinas muchos comentarios que denuncian las muertes en un hospital dedicado al cuidado de ancianos, el más grande de la ciudad, con 1.800 camas.
En el Hospital de Dongha, según los familiares, más de 20 personas habrían muerto al no recibir la atención de los cuidadores después de que estos fueran puestos en cuarentena. «Shen Peiming sufrió un derrame y murió porque nadie se hizo cargo cuando se quedó paralizada. Su enfermero estaba en cuarentena», relató un familiar en Weibo, el Twitter chino.
Larry Lang, un economista taiwanés que vive en Shanghai, publicó también en Weibo que su madre de 98 años, que padecía problemas renales, murió debido a un retraso en la atención: «Obligada a mostrar una prueba negativa de Covid para recibir el tratamiento necesario, murió esperando los resultados», escribió.
El sábado, la BBC publicó una investigación asegurando que había tenido acceso a la correspondencia enviada a familiares de 27 pacientes del hospital, ninguno de ellos vacunados, que fallecieron por «problemas de salud subyacentes», lo que para la cadena británica se trataría de la evidencia de que un brote se coló en la residencia provocando varias muertes.
Esto desmontaría las cifras oficiales del Gobierno local, que mantenía hasta el lunes que el coronavirus no había causado muertes en la ciudad desde 2020. «Por supuesto que habría fallecidos con Covid. En Shanghai la situación es así. ¿Cómo podría no haber muertes sin Covid?», reconoció a la BBC el gerente del hospital.
Desde el pasado 3 de abril, las autoridades sanitarias han realizado al menos nueve rondas de pruebas PCR masivas a toda la población. El domingo se reportaron 24.820 nuevos casos, sólo 3.238 de ellos fueron sintomáticos.
Pero la inamovible política estatal de Covid cero dicta que todo aquel que sea diagnosticado como positivo debe ingresar en un hospital convencional, en los hospitales de campaña que se están construyendo o en los improvisados centros de cuarentena habilitados en escuelas y hoteles.
Durante estas semanas de cierre han transcendido muchos vídeos de vecinos tratando de escapar de las cuarentenas. También de enfrentamientos aislados con la policía, como el de la semana pasada en un bloque de apartamentos cuando los agentes desalojaban a los residentes porque iban a convertir el complejo en un gran centro de aislamiento para positivos.
Sin un final del cierre a la vista, la tensión en la ciudad sigue subiendo niveles, acentuado por las protestas contra la escasez de alimentos. Los vecinos cabreados tratan de desahogarse en redes sociales mediante hashtag críticos con la gestión de las autoridades que muchas veces acaban censurados.
No ayuda a calmar la ansiedad las imágenes que salen de funcionarios matando perros cuyos dueños han dado positivo, residentes hambrientos saqueando tiendas de comestibles y drones volando sobre rascacielos diciendo a los residentes que "controlen el deseo de libertad de su alma".
En las redes sociales chinas, además de convertirse en el centro de un debate sobre la eficacia de los bloqueos generalizados, también se comparten cada vez más las historias de los funcionarios exhaustos que llevan desde el principio del brote luchando para contenerlo.
Ellos manifiestan su desesperación y agotamiento por los continuos testeos masivos en comunidades residenciales y tener que reubicar a todos los que dan positivo. Una carga muy pesada que ya se ha cobrado una vida: un funcionario local de salud pública de 55 años, Qian Wenxiong, se suicidó la semana pasada en su oficina.
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