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El canciller alemán Scholz vuelve a desmarcarse en China de sus socios y aliados europeos

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Aunque su viaje a Pekín duró poco más de once horas, tiempo no le faltó al político alemán para dejar claro que, para Alemania, sus negocios están por encima de todo

El presidente de China, Xi Jinping, y el canciller alemán, Olaf Scholz
Xi Jinping recibe a Olaf Scholz en el Gran Salón del Pueblo, en Pekín, este viernes.KAY NIETFELDEFE

El canciller Olaf Scholz se ha convertido en un problema para sus socios de Gobierno y en la Unión Europea. Actúa en solitario, imponiendo una política de hechos consumados. Con la piel de europeo, pero siguiendo el esquema de "Alemania first", Scholz puso en marcha un escudo antimisiles sin consultas previas, esta semana apoyó sin reservas el ingreso en la UE de todos los países balcánicos, incluido Kosovo aunque ese país no está reconocido por España, y ahora visitó China con la opinión en contra del conjunto de la clase política. Scholz se ha convertido en el primer líder occidental que visita China tras la "coronación" de Xi Jinping.

Le ha llevado dos presentes y ambos venenosos para su país y para Europa. El primero es la venta del 24,9% a la naviera estatal china Cosco de una terminal del puerto de Hamburgo, operación que Scholz autorizó desoyendo todas las alarmas y que ha levantado ampollas en Alemania. El segundo es el anuncio de una nueva estrategia con China, diseñada igualmente en solitario. "Somos socios y competidores, pero no rivales". Su ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, del partido de los Verdes, le ha recordado que eso no es lo que pone el acuerdo de coalición. Tampoco va en línea con la doctrina europea y estadounidense.

El viaje a China, calificado en su conjunto de "inoportuno" por el momento elegido e "innecesario" porque Scholz se encontrara dentro de unos días con Xi en marco de la cumbre del G-20, arrancó cojo. Scholz dejó al presidente francés Emmanuel Macron en tierra. Macron le propuso el mes pasado elegir mejor el momento y viajar juntos para así mostrar unidad política europea, denunciar con más fuerza las desleales prácticas comerciales chinas y pedirle desapego a Rusia en la guerra de Ucrania, Scholz rechazó la propuesta e invitó en su lugar una delegación de 12 empresarios peculiar. Entre ellos estaban los directores ejecutivos de BASF, Volkswagen, Siemens y BioNTech, no así Mercedes-Benz, Thyssenkrupp o Deutsche Post. Oficialmente, algunos alegaron problemas de agenda, otros no dieron ninguna razón.

El contexto de la visita

"Las empresas que han ido al viaje tienen fuertes interesas en China y al llevarlas consigo, Scholz, confirma que para Alemania sus negocios son lo primero", afirma Thorsten Benner, director del Instituto de Políticas Públicas Globales de Berlín.

Volkswagen, por ejemplo, tiene 30 plantas con más de 90.000 empleados en China. El mayor fabricante de automóviles de Europa vende allí más de uno de cada tres coches. Ningún otro mercado extranjero le genera tantos beneficios. "No vamos a rebajar deliberadamente nuestra fuerte posición en el mercado chino", afirma el director ejecutivo de VW, Ralf Brandstätter.

"La sociedad y los medios de comunicación buscan cualquier oportunidad para informar negativamente sobre China", añade por su parte el CEO de BASF, Martin Brudermüller. El lo tiene claro. La presencia en China de BASF es demasiado pequeña y dado que la República Popular representará pronto la mitad de la producción química mundial, BASF quiere invertir la friolera de 10.000 millones de euros en un nuevo emplazamiento de compuestos, una fábrica de última generación en la ciudad de Zhanjiang.

La presencia de BioNTech en la delegación es más curiosa, pues a diferencia del resto, lo que el fabricante alemán de la vacuna BioNTech-Pfizer contra el Covid busca es mercado en el populoso país con la política más restrictiva del mundo y propia vacuna, Scholz ha conseguido y ese es el único anuncio tangible de esa visita, que esta vacuna pueda estar al alcance de los expatriados.

Scholz ha intentado justificar su viaje a China incluso antes de poner rumbo a Pekín. Era la primera vista de un mandatario alemán en tres años -la última fue de Angela Merkel- y la clase política, en su conjunto, no entendía como el canciller no entraba libre de suspicacias y críticas por la puerta grande. Once horas de estancia sin pernoctación para evitar 7 días de cuarentena en una China obcecada en Covid cero. Sólo en una ocasión un viaje del canciller, previsto inicialmente para cuatro días, se redujo a 16 horas sin pernoctar. Fue en 1999 y la OTAN acababa de bombardear por error la embajada china en Belgrado durante la guerra de Kosovo. El entonces canciller Gerhard Schröder tuvo que disculparse por ello en Pekín.

Scholz afirma que la China de Xi es un país diferente al de hace cinco o diez años y que China cambia, también debe hacerlo Alemania. El problema es que con Xi, China ha cambiado pero a peor. "Xi ha eliminado a todos los opositores en el congreso del partido de los comunistas chinos y ha completado el paso del sistema autoritario a la dictadura", explica el experto en política exterior de la conservadora Unión Cristianodemócrata (CDU) Norbert Röttgen. "Pero Scholz actúa como si no hubiera pasado nada, está animando a las empresas alemanas a seguir como hasta ahora en lugar de reducir sistemáticamente las dependencias. Y está dando a entender a nuestros socios internacionales que Alemania no ha aprendido nada del desastre energético con Rusia", sentencia.

Hace tiempo que se sospecha que Alemania antepone el afán de lucro a corto plazo de sus grandes empresas a los cálculos estratégicos a largo plazo. La debacle de la asociación del oleoducto con Rusia, que Berlín impulsó contra la feroz oposición de Europa del Este, muestra a dónde conduce esto: a una red de dependencias que hace a la nación económica más importante de Europa vulnerable al chantaje y debilita a la UE en su conjunto.

En una declaración conjunta ante la prensa con el jefe de gobierno chino, Li Keqiang, Scholz cumplió con el guion que se espera de un líder occidental en circunstancias tan delicadas. Fue una intervención leída sin derecho a preguntas en la que dijo haber exhortado a China a revisar sus relaciones con Rusia, apelado a su responsabilidad como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU en la paz mundial, y a respetar los derechos de las minorías. En tiempos de crisis, afirmó Scholz, las conversaciones son aún más importantes: "Es bueno y correcto que esté hoy aquí en Pekín".

Antes de sus conversaciones con el primer ministro Li, Scholz se reunió, Xi, pero éste no hizo ningún comentario público tras la reunión. Según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, sí que habló claramente con Scholz en contra del uso de armas nucleares en Europa. La comunidad internacional debe "rechazar conjuntamente el uso y la amenaza de las armas nucleares", dijo según la declaración.

China tiene experiencia con los cancilleres alemanes y sabe que tiene que aguantar los sermones de Berlín, sobre la universalidad de los derechos humanos, la necesidad de reciprocidad en materia comercial, del respeto a la propiedad intelectual o acerca de solución pacífica del contencioso Taiwan. Pero la experiencia de Pekín es que nunca hay consecuencias y en política europea, Scholz, hasta ahora, sólo da bandazos. Se ha hecho impredecible, para sus socios de Gobierno y para muchas capitales europeas.

Porque mientras el canciller daba a China una de cal y otra de arena, su ministro de Economía, Robert Habeck, insistía en su amenaza de vetar, esta vez si, la venta del fabricante de semiconductores Elmos, con sede en Dortmund, a la sueca Silex, filial al cien por cien de la china Sai Microelectronics.

Silex quiere adquirir la planta por 85 millones de euros y hacer que Elmos procese chips comprados a terceros. Elmos es una empresa pequeña pero importante para la industria del automóvil. Muchos de los vehículos de producción alemana llevan hasta siete chips de Elmos, de ahí que hasta los servicios secretos la consideren estratégica y adviertan contra el comprador. Scholz cree que la tecnología de Elmos es antigua y que no hay riesgo de fuga de conocimientos técnicos críticos a China.

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