Aunque se veía venir desde hace tiempo, los partidos menores de la izquierda danesa parecían resistirse a creer que Mette Frederiksen, primer ministra y líder de los socialdemócratas, el buque insignia del bloque, los echaría a un lado y acabaría formando Gobierno con la derecha.
Quizá eso explique la mezcla de indignación y estupor con que han recibido la noticia del acuerdo de coalición entre Frederiksen y quienes hasta esta semana eran sus principales rivales en el Parlamento: los liberales de Jakob Ellemann-Jensen, a quienes también acompañarán en el nuevo Ejecutivo los moderados de Lars Løkke Rasmussen. Es decir, más de lo mismo, ya que los moderados, nacidos oficialmente este mismo año, son una escisión de los liberales y Løkke, su fundador, fue primer ministro liberal (y antecesor de Frederiksen) en dos periodos: de 2009 a 2011 y de 2015 a 2019.
Cabe recordar que los socialdemócratas y el resto de la izquierda obtuvieron la mayoría en el Parlamento tras las elecciones del pasado 1 de noviembre, de ahí la frustración entre sus aliados tradicionales. Mai Villadsen, portavoz de Lista Unitaria (extrema izquierda), ha calificado de "enorme error" la decisión de la primera ministra: "Mette Frederiksen da un violento giro a la derecha al formar Gobierno con Ellemann-Jensen y Løkke en vez de aliarse con nosotros". Jakob Mark, portavoz de los socialistas, ha pedido a Frederiksen que "recapacite" y que regrese "a la fórmula que tan bien ha funcionado estos últimos años".
Pese a las protestas, durante la campaña electoral, e incluso durante toda la legislatura anterior, quedó claro que la líder socialdemócrata no se sentía cómoda con sus socios habituales. De ahí que, tras la convocatoria de las legislativas, anunciase que su objetivo era una alianza transversal con las formaciones de centroderecha, con las que, aparte de contar con una amplia mayoría de escaños, tiene más en común en parámetros clave como inmigración, defensa y medio ambiente.
Representante de la política de extranjería
Frederiksen se ha convertido en la gran valedora de la estricta política de extranjería danesa, la cual, iniciada por los liberales en 2001 y endurecida notablemente bajo los mandatos de Løkke, considera ahora absolutamente innegociable. El resto de la izquierda, en cambio, se opone de plano a algunas de sus apuestas personales, como el polémico plan para enviar refugiados a Ruanda mientras se resuelven sus solicitudes de asilo.
En cuanto a la invasión rusa de Ucrania, los socialdemócratas han continuado la línea de los liberales, que ha hecho de Dinamarca en este siglo uno de los miembros más activos de la OTAN. Una postura que choca con los postulados tradicionales de socialistas, verdes y extrema izquierda.
En más de una ocasión, además, Frederiksen mencionó que, en cuestiones medioambientales, aunque desee seguir avanzando hacia una mayor sostenibilidad, se sentía demasiado presionada por el resto de una izquierda a la que tacha de excesivamente idealista. Prefiere políticas más pragmáticas que, de nuevo, la acercan a los liberales para disgusto de Franciska Rosenkilde, líder de los verdes: "¿Desea la primera ministra realmente encabezar un Gobierno que ignorará el clima y la naturaleza en pleno colapso climático? ¿Realmente dará prioridad a la defensa, la agricultura y el cemento por encima de las familias vulnerables?".
Otra gran ventaja de la alianza con el centroderecha es que le evita una investigación con eventual impeachment sobre su papel en el exterminio de visones durante la pandemia, medida que, según un informe oficial, se implementó sin base legal. Tanto Løkke como Ellemann-Jensen han retirado su exigencia de que se llevase a cabo, conscientes de que entonces la colaboración con los socialdemócratas resultaría insostenible.
De momento, los analistas políticos daneses, como Hans Redder, del canal público TV2, opinan que el nuevo Ejecutivo transversal representa un "enorme triunfo" para Frederiksen. Queda por ver, sin embargo, si funcionará más allá de las buenas intenciones iniciales. El único precedente de una coalición liberal-socialdemócrata, a finales de los 70, sólo duró 14 meses.
La primera ministra rebosa optimismo y ha avanzado que el programa común "contiene elementos típicamente liberales y elementos típicamente socialdemócratas". Løkke ha asegurado que el Gobierno amplio "cumple un sueño", pero Ellemann-Jensen, que era a priori el gran adversario de Frederiksen y ahora será su subordinado, se ha mostrado menos entusiasta, quizá para no soliviantar a aquellos sectores de su partido que siguen sin ver con buenos ojos una alianza con sus eternos rivales que él mismo había descartado durante la campaña electoral.
"¿Formaba esta coalición parte de mi programa? No. ¿Fui demasiado categórico al rechazarla? Sí", admitió durante la conferencia de prensa celebrada junto a sus socios. "Pero, honestamente, ¿debo dejar que mi orgullo nos impida hacer aquello que considero correcto? No. ¿Qué perspectivas tiene este Gobierno? Hace cuatro años nadie habría imaginado que estaríamos hoy aquí, así que es difícil saber dónde estaremos dentro de cuatro años"
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