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Canalla pero chic

Jean-Marie Rossi, el amante que 'hizo mujer' a Carmen Martínez-Bordiú

Divertido y con un punto canalla chic, el anticuario francés fascinó a la nieta de Franco, que dejó al duque de Cádiz y a sus dos hijos para irse con él a París. "Él me enseñó a ser mujer", confesó.

Carmen Martínez-Bordiú y Jean-Marie Rossi
Carmen Martínez-Bordiú y Jean-Marie Rossi presentan a su hija Chyntia, en abril de 1985.GTRES
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El mundo parisino de las antigüedades ha perdido al profesional más veterano y respetado y menos convencional del gremio. A los 91 años Jean-Marie Rossi conservaba intacta su inteligencia y olfato para reconocer una obra de arte y tampoco había perdido su sentido del humor, sarcástico y agudo, con el que desarmaba a sus adversarios. Falleció de forma apacible en su casa de las afueras de París, que compartió durante diez años con Carmen Martínez-Bordiú. Le acompañaba su cuarta y última esposa, Marie Grimaux. La madre de sus hijos mayores, Barbara, Hottinger, vivía muy cerca, nunca dejaron de ser una familia.

Este hijo de madre alsaciana y obrero milanés emigrado a Francia, anticlerical, sindicalista activo, fue siempre un autodidacta que supo aprender de los expertos. En 1956 se unió al anticuario Maurice Aveline y pasó de ser su mano derecha a socio de confianza. Tuvo tanta suerte como olfato en su primera operación de éxito, al comprar un largo aparador elaborado por el maestro ebanista Bernard II Van Risen Burgh (BVRB), por el que pagó 260 libras esterlinas y vendió después por un 17 millones de dólares.

Más tarde hizo su mejor negocio con un cuadro de Roy Lichtenstein, que compró por 6.000 francos y vendió años más tarde por una fortuna que le permitió abrir su propia galería de 700 metros en la plaza Beauvau, muy cerca del palacio del Elíseo.

En los años 70 y 80 el mercado del arte vivía un momento espléndido y Rossi tenía como clientes a multimillonarios como Paul Getty, Gianni Agnelli, Gunter Sachs, efímero marido de Brigitte Bardot o el modisto Hubert de Givenchy.

A Rossi le gustaba el siglo XVIII, que consideraba "extraordinario por su ambiente cortesano que invita a la fiesta", escribió en su libro Ser anticuario (editorial Conflit). "Apostaba por objetos en los que solo él veía sus posibilidades y el tiempo le daba siempre la razón", han escrito en la prensa francesa. Y cometió la audacia de ser uno de los primeros anticuarios franceses en adentrarse en el siglo XX y comprar obra pop art, ignorada por sus colegas. Según coinciden todos los experto, su forma de actuar profesionalmente era atípica y fuera de los usos y convenciones del oficio. Su hija Marella le ha calificado como "alguien extraordinario que entró en el arte como un tsunami, rompiendo todas las reglas de la profesión y en su vida privada. Frecuentó todas las fiestas y fue amigo de todos sus clientes". Clientes o amigos, intelectuales, artistas y aristócratas que apreciaban su extraordinaria cultura y su exquisita educación.

En una entrevista que le hizo Carmen Martínez- Bordiú a su ex marido en 2015 para la revista ¡Hola!, Rossi confesaba su admiración por Velázquez, "el mejor pintor del mundo". Y añadió que su sueño siempre fue haber poseído La Venus del espejo, del artista español. "Este oficio nunca se aprende. Se sabe o no se sabe. Es cuestión de sensibilidad", le dijo el anticuario a la que fue su esposa durante diez años.

Carmen y Jean-Marie se conocieron en un crucero con amigos cuando navegaban en aguas italianas por la costa de Bari. Parece ser que se atrajeron de inmediato, pero ella todavía estaba casada con Alfonso de Borbón, un hombre atractivo pero que destilaba siempre la amargura de no haber sido designado heredero al trono de España, como consideraba que era su legítimo derecho.

La nieta de Franco se quedó fascinada por el apuesto francés, divertido, elegante, irónico, con el punto canalla-chic tan parisino, además de gran seductor. Contaba José Luis de Vilallonga, compañero de correrías de Rossi por el Bois de Boulogne, que en los ambientes sociales de París le llamaban bras de fer (brazo de hierro), una metáfora de su extraordinario vigor sexual.

"Jean-Marie me descubrió el mundo del arte y me enseñó a ser mujer", dijo Carmen de su ex marido en una entrevista con Bertín Osborne. Y efectivamente su atracción por él la llevó a dejar al duque de Cádiz y a sus dos hijos en España y marcharse a París con el anticuario a emprender una nueva vida, atractiva y fascinante, a pesar del escándalo social que supuso su marcha.

Rossi tenía dos ex esposas y tres hijos de su anterior matrimonio, Marella, Mathilda y Frederick. Poco antes de su boda civil con Carmen, la tragedia golpeó cruelmente a la pareja. En 1984, cuando Alfonso de Borbón regresaba con sus hijos y la señora que les cuidaba, después de un fin de semana esquiando, su coche impactó contra un camión en una carretera navarra. Su hijo mayor, Francisco, falleció poco después. Luis Alfonso y él mismo sufrieron graves secuelas. Las dos familias eran la imagen de la desolación. Ese mismo verano Rossi, sus hijas, Carmen y Luis Alfonso navegaban por el golfo de Acapulco cuando Mathilda cayó al agua desde la motora donde iban los niños. La hélice seccionó su cuerpo y la espantosa escena fue presenciada por la familia.

Su boda civil y el nacimiento de su hija Cynthia en 1985 no consiguieron que el matrimonio durara más de 10 años. Pero siempre tuvieron una buena relación. Rossi era un caballero. Genio y figura hasta el final.

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