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Probamos la Macbor Eight Mile 500 Scrambler

Actualizado

Nos subimos a la nueva apuesta de la marca catalana, que se sube sin miedo al segmento 'naked' de acceso con dos versiones: STR, desde 6.299 euros; y esta Scrambler, que parte de los 6.599 euros.

Motos Bordoy cumplió 50 primaveras en 2021 y lejos de relajarse parece haber encontrado una óptima velocidad de crucero tanto en ideas como en la posibilidad de llevarlas a cabo y sacarlas al mercado.

Fruto de la cada vez más estrecha y bidireccional colaboración con Colove, con su marca Macbor se atreve ahora a entrar en el segmento naked de acceso en la media cilindrada (el A2 puro, sin limitación) con la Eight Mile 500, una apuesta con dos caras... Bueno, mejor dicho, con dos alturas: esta versión Scrambler (SCR), con un asiento a 820 mm; y una Street (STR y desde 6.299 euros) de 'look' más urbano y con la montura en los 790 mm.

Algo más que mellizas, estéticamente destacan por un cuidado diseño de cierto aire minimalista en sus líneas, sin llegar al estilo más radical de algunos modelos nórdicos y alejado del corte más vintage de otros ejemplares, que potencian la presencia del depósito y el, ligeramente sobredimensionado (y de ledes claro), conjunto óptico delantero, rematado por la acertada elección del equipo técnico de Motos Bordoy del basculante monobrazo que limpia aún más la silueta dejando el doble silencioso muy pegado al eje central.

Probando

El modelo gana en la distancia corta. Esta Eight Mille 500 Scrambler tiene una presencia mayor que la que desprendían las fotos limpias y al aire que habíamos visto hasta ahora y más si se compara con la versión urbanita. La ergonomía manda con solo echar las manos al manillar, que es de corte ancho como buena scrambler, y con las estriberas ligerísimamente retrasadas, un as en la manga cuando se abandona el asfalto. Sí, como lo lee.

Frente a la STR, esta SCR con sus llantas Akront de radios cruzados de aluminio (19" y 17"), una distancia a suelo de 210 mm (ambas llevan cubrecárter, esta más envolvente), una suspensión multirregulable -precarga, compresión y extensión- de Kayaba con 195 mm de recorrido delante (una horquilla invertida de 41 mm que es un acierto) y 200 mm detrás (un amortiguador algo sobrio en su tacto) y gomas Scorpion Rally de Pirelli, permiten afrontar una salida por pista sin problema, como comprobamos en Gran Canaria, donde nos fuimos a probarla. De pie se llega perfectamente a los mandos y el peso -195 kg- está bien distribuido para el embite 'off road'. Y poder desconectar el ABS -en ambas ruedas o solo detrás- permite cierto margen en la derrapada, lo que ennoblece el tacto por el campo.

En carretera, a la hora de tomar las insinuantes curvas de la isla que llevan hasta el Pico de Las Nieves -que las tomó serena y jugetona permitiendo conducción convencional y a la inglesa-, no resultó difícil sacarle rendimiento al bicilíndrico de 471 cc que monta. La entrega de potencia es suave, pero sin dudas al abrir el gas con determinación para estrujar los 47 CV que permite el carné A2. También es cierto que algo más de esos 43 Nm de par máximo que da a 6.500 rpm redondearía su, no obstante, buen comportamiento.

A la frenada, sin ser lo más notable del conjunto, no se le puede poner un pero gracias al doble disco Wave delantero de 298 mm y el trasero de 240mm, con pinzas Nissin.

¿Repetirá Macbor con ella el éxito cosechado con la XR5? Con el objetivo de atacar la tarta que hasta ahora se repartían las Leoncino de Benelli, las Crossfire de Brixton o incluso la Husvarna Svarpilen 401, esta Eight Mile 500 Scrambler puede ser una de las sorpresas del año. Veremos.

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