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Rosa Díez: "Vox es un partido democrático, constitucional y constitucionalista"

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ANTONIO HEREDIA
ANTONIO HEREDIA

Aunque dejó la actividad política en 2016, Rosa Díez (Sodupe, Vizcaya, 1952) sigue igual de combativa y de preocupada por los asuntos públicos. De su experiencia en la primera línea institucional, pero sobre todo de lo que vivieron generaciones como la de sus padres en un País Vasco azotado por ETA, va su nuevo libro, Maquetos (La Esfera de los Libros)

'Maquetos', su nuevo libro, lleva como antetítulo su declaración de intenciones: 'Una historia escrita para que nadie olvide'. ¿Cree que ya nos estamos olvidando de lo que ha pasado en el País Vasco, y en realidad en toda España, hace tan poco tiempo?
Sí. En España estamos en un proceso institucionalizado de desmemoria histórica. No sólo es que haya una mala educación que obvia la historia real y nuestras grandes gestas como país -la Conquista, el Descubrimiento de América, etcétera- o a nuestros grandes escritores y filósofos... sino que desde hace poco hay un proceso organizado de desmemoria de la historia más reciente de España, una decisión deliberada de cambiarla, modificando los hechos. Yo me puse a escribir el libro para mis hijos y sobre todo para mis nietos, para que conozcan la historia humana de tantas familias como la mía que hicieron posible la Transición y que se caminara hacia la democracia, pero también para que conozcan el contexto histórico en el que se produjeron esos hechos. Hemos desconocido y hemos olvidado. El desconocimiento forma parte de una educación incorrecta, incompleta, inexacta; el olvido forma parte de una decisión política de que se cambie la historia y de que no se coloque a cada cual ante su responsabilidad y ante sus hechos.
En sus páginas subraya que sigue existiendo una anomalía democrática en el País Vasco...
Claro. Porque algunos pretenden hacer ver no sólo que no ocurre nada extraño ahora sino que realmente tampoco ocurrió nada extraño en el pasado. En el proceso actual, tanto víctimas como verdugos tienen algo de lo que responder. Y las víctimas tienen la obligación política de perdonar. Es el discurso del Gobierno y de muchos mass media, que debe producirse un reencuentro y hay que explicar la historia de ETA borrando la historia de ETA. Eso es una anomalía democrática. Recordar es un deber. Como decía Primo Levi, comprender es tanto como justificar. Lo anómalo es que nos obliguen a olvidar y que señalen con el dedo a quien se niega a perdonar. Ese discurso ha calado tanto que muchos españoles en el País Vasco prefieren no conocer la historia del terrorismo, porque eso exige también conocer a la resistencia. Y los resistentes hoy están marginados políticamente y socialmente en el País Vasco. Ya no te llaman maqueto, pero si no formas parte de la religión verdadera, la del PNV, si te niegas a que se olvide la historia de ETA y a señalar a sus culpables, nunca serás admitido del todo en esa sociedad. No es ya que a Caro Baroja le nieguen el reconocimiento como guipuzcoano ilustre. Fernando Savater, por decir alguien, no podrá leer jamás el pregón de fiestas de su pueblo. Esa sociedad no es normal.
Fuera del País Vasco, seguramente a muchos españoles les cueste entender no ya el significado, sino la connotación de 'maqueto'.
Así es. Es una palabra que nos echa a la cara el nacionalismo vasco despreciativamente desde Sabino Arana: los de fuera, como charnego en Cataluña. Los españoles, los que han venido de fuera. Es un desprecio racista, porque el PNV tiene una raíz xenófoba, se consideran una raza superior. ¿Por qué llaman derechos a lo que son privilegios? Porque se consideran superiores, mejores, al resto. Y ese desprecio sigue existiendo hoy. Este PNV que parece que ha sido siempre el defensor de la democracia -los niños que estudian en el País Vasco creen que Franco hizo la guerra contra el nacionalismo, no que fue una guerra civil entre españoles- recibía al dictador bailándole el aurresku cada verano mientras llamaba maquetos a los españolitos de a pie. Esa raíz xenófoba llevaba a la dirección del PNV en el 41 a admirar a Hitler y al nazismo. Y ese mismo PNV hoy nos da lecciones de democracia.
En el libro recuerda cómo lamentaba siempre su padre la traición del PNV durante la Guerra Civil.
Mis padres eran socialistas y republicanos. Él contaba que en el frente, en Santander, ya se dio cuenta de que no pintaban bien las cosas cuando los nacionalistas vascos empezaron a coquetear con el fascismo. El PNV firmó en el 37 con Mussolini el Pacto de Santoña, la traición a la República, unos meses después del bombardeo de Guernica. Y el pacto no lo aceptó Franco, esa es la realidad. Y ahora nos viene el PNV a decir "no más Guernicas". Si ustedes pactaron con quienes la habían bombardeado... Los nazis visitaron Euskadi en el 41 y dijeron "con estos nos podemos entender". Hay que recordar la verdad en este tiempo de desmemoria y de desvergüenza histórica.
Días atrás, el PNV aprovechaba el 'Aberri Eguna', Día de la patria vasca, para tender la mano a Bildu y, a la vez, reclamar al PSOE y al PP un 'cordón sanitario' a Vox. ¿Qué le parece?
El PNV siempre ha considerado a los de Bildu sus hijos descarriados. Son familia y aspiran a repartirse el poder. Si el PSOE ha sido capaz de hacer acuerdos con Bildu, es casi normal que aspire a hacerlos el PNV, que en realidad teme que los socialistas formen gobierno con la izquierda abertzale en el País Vasco y les desbanquen. Sánchez ha demostrado que tiene más simpatía por Bildu porque, además de considerarles hombres de Estado, les ve de izquierdas. Al PNV lo consideran progresista, que ya es la pera, pero su afinidad con Bildu es superior para un Gobierno que se ha apropiado de la etiqueta de progresista, lo que en realidad es un insulto para los progresistas que fueron asesinados por defender las libertades. Y que un partido con la pulsión racista del PNV se atreva a pedir un cordón sanitario para un partido democrático y constitucional, no sólo constitucionalista, como Vox es una aberración. Tanto defiende la Constitución que gracias a Vox por ejemplo hay dos sentencias por las que se decretó la inconstitucionalidad de los estados de alarma de Sánchez. Inconstitucionales son partidos que quieren cambiar la Ley Fundamental al margen de las normas: por un lado los golpistas catalanes y por otro el nacionalismo vasco, que muchas veces ha querido cambiar la Constitución por la puerta de atrás. Recuérdese por ejemplo el Plan Ibarretxe, que no salió adelante entre otras cosas porque Basta Ya salió a la calle y frustró la operación. Lo de Ortuzar es de una caradura espectacular. ¿Pero cómo tú que pactas con la gentuza, con la escoria de la sociedad, pides cordones sanitarios a un partido democrático? Pero lo peor del discurso del Aberri Eguna fue comparar al País Vasco con Ucrania y el Sáhara. Menudo insulto para ucranianos y saharauis. Y comparar a la democracia española con el régimen de Putin...
Usted sostiene que el PSOE es cómplice de la limpieza de la historia del terrorismo de ETA. Duro.
Lo duro no es que yo lo diga, lo duro es que lo esté haciendo. El PSOE se ha empeñado en limpiar la historia de ETA para poder convertir a los suyos en socios preferentes del Gobierno de la nación. Sánchez lo hace para intentar que no le salpique la porquería, la podredumbre y la sangre provocada por sus socios. Se coloca fuera del sistema democrático a partidos que no se pliegan como Vox, pero también al PP o Ciudadanos, y se coloca como aliada a esta gentuza. Empezó con Zapatero; sólo él reconoció a la banda criminal como un interlocutor político. Y a Sánchez le vino la pandemia a ver y ha acelerado todo el proceso de blanqueamiento. Los terroristas no dejan de serlo porque hayan cumplido la condena si siguen defendiendo lo que hizo ETA. Estamos empeñados en reconocer a las víctimas del pasado, que yo soy hija de una de ellas, pero no queremos reconocer a las víctimas provocadas por quienes son socios de Sánchez. Es una indignidad, una vergüenza, es tirar por la borda la historia de un PSOE que junto a la derecha hizo posible la Transición y la democracia.
En su libro está muy presente el miedo durante tantas décadas de terror. Y, pensando en el que debieron de sentir sus hijos, estando usted en la diana de la banda, se pregunta si hizo bien en quedarse en el País Vasco. ¿Ya ha encontrado la respuesta?
Nunca hay una respuesta definitiva. A mis padres una dictadura les llevó al País Vasco y mi marido y yo nos planteábamos que otra dictadura, la de ETA, no nos podía echar de allí y que teníamos que librar la batalla. Ese ambiente para educar a nuestros hijos no era normal, claro. Pero llegamos a la conclusión de que teníamos que quedarnos precisamente porque teníamos hijos, por ellos había que luchar por la democracia. Aunque nunca terminas de reconciliarte contigo mismo. ¿Podía haber hecho otra cosa para evitarles tanto miedo? ¿Les habré protegido suficientemente?
Hablábamos del 'cordón sanitario' a Vox. ¿Qué le pareció que el nuevo presidente del PP, Feijóo, no fuera a la toma de posesión de Mañueco en Castilla y León?
Yo no sé si no fue para no hacerse la foto con Abascal, pero eso es lo que queda. Y como lo que se está exigiendo desde esta llamada izquierda es el cordón sanitario, Feijóo cae en la trampa. Yo prefiero creer que no ha caído en el complejo ante el PSOE y que no deja que le marquen la agenda. Pero fue un error. No quería foto con Abascal, líder de un partido constitucionalista, y se la hizo con los líderes de unos sindicatos que se han manifestado en la calle a favor de ETA y en Cataluña en contra de que se cumpla la sentencia para que los niños puedan estudiar un 25% de horas en la lengua común. La foto con Abascal era de normalidad democrática. Y la otra no se la haría en estas circunstancias el dirigente de ningún país de nuestro entorno.
Usted abandonó en 2016 UPyD, un intento de tercera vía política que no cuajó. Luego aparecerían partidos como Ciudadanos o Podemos. ¿Qué opinión le merece la llamada nueva política?
Son nuevos partidos. Pero aquí no hay nueva política, es la mala política. La que hoy se hace en España supone recuperar la confrontación entre españoles y la ruptura de la convivencia y de la cohesión, y minusvalorar las libertades. Eso no es nuevo, es viejo. Y además lo más malo de la política. La mediocrización y vulgarización de la política. El pecado mortal de los dirigentes de hoy es querer romper lo más luminoso de nuestra historia, la Transición y la Constitución. Todo arrancó con Zapatero y sigue hasta hoy. Nunca ha estado España más confrontada y rota. Hay una estrategia política deliberada para convertir en enemigos a quienes antes eran adversarios y en sectarizar la vida social por parte de esta izquierda destructiva. Hay que romper y arruinar al país para poder gobernar con menos votos al no tener escrúpulos para sumar con cualquiera. Se está produciendo un deterioro de la democracia preocupante.
Creo que le preocupa especialmente la degradación educativa...
La llamada Ley Celaá institucionaliza la mala calidad en el sistema educativo. El rechazo de la capacidad, del mérito, del esfuerzo... Se trata de educar poco y mal. Nada es más manipulable que una persona sin conocimientos, y se busca tener españoles dóciles y fácilmente manipulables. Quienes más sufren esta ley son las clases sociales más desfavorecidas, claro, porque quien tiene dinero lleva a sus hijos a la privada. Todo obedece a la misma estrategia. ¿Cómo se manipula más a la sociedad? Con un país mal educado y empobrecido, que necesite vivir subvencionado por el Estado. Con la ley de educación es como mejor se visibiliza la traición de Sánchez a la democracia, su desprecio por el país. Que no se pueda estudiar en español en Cataluña o en el País Vasco lo sufren particularmente las familias que más necesitan al Estado. Es para estar tremendamente preocupados. De la crisis económica antes o después saldremos; pero de esta crisis política tardaremos muchísimo más. Habrá generaciones de niños educados en el odio, en la mentira y en la mediocridad, educados para ser unos incompetentes.
Usted dice que hoy no hay nada más patriótico que echar a Sánchez.
Claro. No hay nada más patriótico en el sentido verdadero de la palabra, porque el daño que está haciendo a España es brutal. Ha roto todo lo que hicieron nuestros padres. La perversión del lenguaje ha hecho mucho daño, se confunde el patriotismo con nacionalismo, cuando no hay nada más distinto. El nacionalismo necesita siempre un enemigo, el patriotismo es la defensa de lo común, en él cabemos todos, no hay que expulsar a nadie. Sánchez es un psicópata, esto no es un juicio, es un diagnóstico. No tiene ninguna empatía. Va a lo suyo, solo persigue el poder y le da igual lo que los demás piensen de las cosas que hace. Y por eso es tremendamente peligroso. No tiene límites para mantenerse en el poder. Y, además, se beneficia de que en España no queremos aceptar que la estupidez es una de las características de muchas de las decisiones que toman nuestros dirigentes. Siempre buscamos una explicación oculta... Por ejemplo, manda esa carta al rey de Marruecos respecto al Sáhara, y todos a buscar algo detrás en vez de asumir y aceptar que es una majadería.
Usted, siempre tan combativa con el nacionalismo, ¿cree que la solución para nuestro país es más nacionalismo español?
Es que no hay nacionalismo español; llaman así al patriotismo. Los nacionalistas periféricos, que les parece que lo suyo es muy progresista, tachan de fascistas a los patriotas españoles. Además, si para ellos el nacionalismo es tan bueno, sería igual de bueno un nacionalismo español que el vasco o el catalán, ¿no? Ningún nacionalismo es bueno. Mira a Putin. Pero en España no conozco a nadie que se proclame nacionalista español.
¿Vox no lo es?
No. Vox tiene un discurso muy crítico respecto al modelo europeo, que yo no comparto. Aunque la Europa que tenemos es muy perceptible. ¿Pero eso es antieuropeísmo o nacionalismo? Pues no. Un discurso igual de crítico con las instituciones comunitarias lo hace Podemos y no les llamamos fachas; al contrario, son súper progresistas porque están con el progresista Sánchez.
Acabo como usted su libro. ¿Cerrará el círculo la generación de sus nietos?
Tenemos que trabajar para ello. La historia nos ha demostrado que cosas que creíamos imposibles eran posibles. Cuando murió Franco no nos creíamos que íbamos a ser capaces de construir la democracia por nuestra maldita mala opinión de nosotros mismos. Y lo hicimos y de forma modélica, dimos un ejemplo en el mundo. Confío en que mis nietos sí vivan un momento en el País Vasco en el que puedan decir "nuestra abuela tenía razón".

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