Aunque la base de la yihad o guerra santa está en el Corán y no en la cabeza de ningún loco, su verdadera fuerza reside en las nutridas brigadas mediáticas occidentales, que disculpan cualquier atrocidad islamista antes y después de cometerse.
Antes, porque no hay que incurrir en la islamofobia, palabreja progre que señala la inferioridad moral de cualquier civilización de origen cristiano, como la española, frente a las de origen islámico, como Marruecos o Catar. Después, porque cuando un islamista mata invocando el nombre de Alá nunca es un islamista que mata en nombre de Alá. Es un «lobo solitario», «un perturbado», «no se deben adelantar conclusiones», «hay que dejar investigar a la policía» y, sobre todo, como ha enfatizado el portavoz de la Conferencia Episcopal, en sentido homenaje franciscano a la lombriz de tierra, porque es necesario «no culpar a ninguna religión de esos actos de violencia».
Miente. En todo el mundo se cometen masacres en nombre de una religión o a su sombra, desde la India a China o Irán. Y aquí han asesinado a un sacristán, casi degollado a un cura y herido a tres feligreses, tras amenazarles por no cambiar su culto de Cristo a Alá. ¿Y no tiene que ver con ninguna religión? Será con el fútbol, donde la brigada mediática para linchar a Vinicius finge que no ha inducido a que lo ahorquen. Salvo entrevistar y jalear a los que lo patean. Ahora #todossomosvini. Ja.
El caso de España es singular. Oficialmente, es un Estado aconfesional, pero el Gobierno agrede a diario a una sola religión, la católica, a sus símbolos, sus ritos y su historia, inseparable de la de la nación, que se reconstruyó como Estado cristiano derrotando al islam. Era un poco islamófoba.
Por eso, la avanzadilla inculpatoria y la retaguardia exculpatoria del islamismo reside en los medios, con la izquierda y la bendición del Papa, que justificó la masacre de Charlie Hebdo diciendo que, si atacaran a su madre, él también pegaría. Y movía el puñito y la prensa reía. Pero #todossomoscharlie. Ja.
Marlaka Balarrasa cuenta con los medios para borrar las huellas de su incompetencia. Y Sánchez se arrodillará sin lumbalgia en Rabat ante el Comendador de los Creyentes.
Pero insisto: los peores yihadistas, los periodistas.
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