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Operaciones encubiertas (I)

Misión suicida: la operación más legendaria del Mosad que liberó un avión de pasajeros secuestrado

En el verano de 1976 varios terroristas secuestraron un vuelo comercial y lo desviaron a Kampala, donde el sanguinario dictador de Uganda los protegía. Pero 100 comandos israelíes acudieron a su rescate de una forma inverosímil. Con esta historia de película comenzamos una serie sobre operaciones militares secretas

Los comandos fueron recibidos como héroes en Tel Aviv tras el rescate.
Los comandos fueron recibidos como héroes en Tel Aviv tras el rescate.AP
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¿En qué piensan 100 personas cuando viajan a una misión suicida? ¿Quién decide que el plan maestro para liberar a unos rehenes es ir al corazón del territorio enemigo a montar un teatrillo? ¿Cuántas probabilidades había de rescatarlos y regresar sanos y salvos? Han pasado 46 años, pero el éxito de la operación Entebbe, también llamada Thunderbolt (casi como el Thunderball de James Bond) o, como la rebautizaron luego, operación Yoni, todavía resuena en las paredes del cuartel general del Mosad, porque fue una de las que convirtió en leyenda al servicio de inteligencia israelí y a sus Fuerzas Armadas.

El inexorable paso del tiempo borra el recuerdo de lo que puede ser un gran guion para una película de acción. Es un relato que, de puro bueno, se lo habrán encontrado ustedes repetido en todo tipo de películas «basadas en hechos reales», desde los telefilmes de la madrugada compañeros de la teletienda hasta los bodrios de sobremesa, en aquellos oscuros tiempos pre streaming, cuando uno no podía elegir lo que veía.

Pero la realidad siempre es mejor que la ficción cuando es buena, aunque se mitifique con el tiempo y con la versión de los vencedores.

Aquí el asunto pintaba muy mal: el vuelo número 139 de Air France había despegado de Tel Aviv el domingo 27 de junio de 1976 con destino a París. Tenía que hacer una escala en Atenas, y allí se subieron cuatro secuestradores con pistolas y granadas de mano; un recuerdo de la época en la que montar en avión no implicaba un striptease en el control de pasaportes.

Los secuestradores desviaron el vuelo hacia Libia a los siete minutos de despegar. En Bengasi pararon a repostar combustible y allí una pasajera lo vio claro: simuló un problema en su embarazo (aunque ni siquiera estaba embarazada) y logró que la dejaran bajar.

Después de esa pequeña escala, los terroristas obligaron al comandante a continuar hacia el sur, hacia lo más profundo de África, hasta aterrizar en la exuberante Kampala, la capital de Uganda. Llegaron 15 horas después de que los secuestradores embarcaran en Grecia.

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Los secuestradores formaban un extraño grupo: dos terroristas palestinos que pertenecían al Frente Popular para la Liberación de Palestina y dos alemanes miembros de las Células Revolucionarias. En ambos casos, se trataba de organizaciones de ideología marxista-leninista con terroristas entre sus filas. El odio a los judíos les unía.

Si estos cuatro pudieron aterrizar en Uganda con su avión secuestrado fue gracias al beneplácito del dictador Idi Amin, el último rey de Escocia, ex campeón en su país de los pesos pesados, uno de los más sanguinarios líderes que tuvo África tras la oleada de independencias de los 60. Kapuscinski le definía como un tipo cruel, ignorante, sanguinario y poco preparado, un tío de tamaño tan grande que un día los soldados blancos británicos le vieron y le propusieron que se uniera al ejército, por aprovechar aquel corpachón. Él, que no tenía literalmente nada que hacer, se apuntó como ayudante de cocinero, siendo sargento dio un golpe de Estado y así, junto a varios amigos suyos analfabetos, tomó el poder en Uganda. Luego llegaron las limpiezas étnicas, las torturas y el todo vale para mantenerse en el poder.

Como Amin era musulmán, su simpatía por la causa palestina era grande, y quizá en eso estribó el apoyo que dio a los secuestradores. En 1976, arrancando la segunda mitad de su dictadura (duró ocho años), a Amin le llovían los petrodólares de Arabia Saudí para cumplir la misión de expandir el islam por su país. Él se creía todopoderoso porque no obedecía a nadie y, además, estando en plena Guerra Fría, la URSS y EEUU se peleaban por hacerse amigos suyos cada día, así que su ego estaba por las nubes.

El apoyo de Amin a los palestinos además tenía intereses militares. Gadafi, en Libia, había accedido a vender aviones de combate a Uganda si rompía relaciones con Israel. Y esto a Amin no le disgustó, porque además él había realizado su primer viaje a Israel, pero volvió muy enfadado porque no le vendían esos aviones que Gafadi sí estaba dispuesto a proporcionarle. Amin cortó lazos con Israel y con cierto recochineo donó el edificio donde había estado su embajada a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

Reencuentro del piloto de Air France con su familia tras el secuestro
Reencuentro del piloto de Air France con su familia tras el secuestroAP

El vuelo de Air France llegó al aeropuerto de Entebbe aquella madrugada, ya el lunes 28 de junio. En el Airbus viajaban más de 240 pasajeros y 12 tripulantes. No todos permanecieron secuestrados, porque dos días más tarde sus captores liberaron a todos los no judíos o no israelíes, con lo que al final se quedaron algo menos de 100 rehenes. Los secuestradores reclamaron como rescate la inmediata liberación de 53 palestinos que estaban presos en Israel y diversas cárceles de Europa y además cinco millones de dólares. Tenían motivos para creer que su plan funcionaría, ya que en el pasado el Gobierno israelí había negociado en algunos secuestros y liberado a palestinos.

Otras veces, sin embargo, había optado por liberar a los rehenes en una operación relámpago. Y esta fue una de esas ocasiones. Se decidió enviar a un centenar de comandos a 5.000 kilómetros de Tel Aviv y liberar a los cautivos. El objetivo era muy difícil, porque el aeropuerto de Entebbe estaba tomado por las tropas ugandesas, totalmente cómplices del secuestro.

Los comandos iban a llevar un Mercedes como el que tenía el dictador ugandés

La primera idea era cruzar desde otro país el enorme Lago Victoria y llegar hasta la orilla misma del aeropuerto, ya que está construido sobre una pequeña península. Sin embargo, el plan se desechó pronto. Cuenta el Times of Israel que en aquellos días había un sargento israelí en Kenia, que comparte lago y frontera con Uganda. Este sargento se acercó a echar un vistazo y vio tantísimos «cocodrilos del Nilo gigantes» que avisó de que no parecía buena idea.

Al final, con la información que había, se decidió enviar a un centenar de comandos a una misión que parecía imposible. Parte de la inteligencia conseguida por el Mosad se consiguió espiando desde Kenia, y otra parte fundamental vino de los propios pasajeros liberados, que contaron a los agentes cómo estaban colocadas las tropas de Idi Amin en el aeropuerto, dónde estaban los rehenes, etc.

Entonces se planificó el teatrillo: los comandos iban a llevar un Mercedes como el que tenía el dictador ugandés e iban a hacer una aparición en el aeropuerto con dobles para que los soldados les dejaran pasar. Si conseguían engañarles, se llevarían a los rehenes y saldrían volando.

Y así, el 3 de julio, una semana después del secuestro en Atenas, los comandos de las Fuerzas Armadas de Israel aterrizaron en cuatro aviones Hércules C-130, donde además llevaban un Mercedes negro como el del dictador y varios Land Rover como los que solían escoltar a su coche presidencial. El traslado a Uganda tampoco fue fácil, porque todo el vuelo se hizo a muy baja altura para que los radares de Egipto, Sudán o Arabia Saudí no detectasen a los comandos.

Al aterrizar en plena noche, los aviones abrieron sus portones traseros y el Mercedes y su séquito descendieron para dirigirse a la terminal donde estaban los secuestrados. Disfrazados de militares ugandeses, los israelíes pensaban que así se saltarían todos los controles, pero entonces toparon con un soldado ugandés que sabía que Idi Amin acababa de comprarse un Mercedes blanco y lo estaba usando esos días. Sospechó al ver el coche negro y les dio el alto. Unos disparos con silenciador lo convirtieron a él y a su compañero en las primeras víctimas.

Ese incidente lo precipitó todo y obligó a los soldados a dirigirse a toda prisa hacia la terminal en la que estaban retenidos los pasajeros. Llegaron allí y comenzó un intenso tiroteo con los militares y los secuestradores. Los agujeros de bala todavía son visibles en algunas paredes del aeropuerto.

Durante el tiroteo murieron tres pasajeros

Los militares gritaron a los rehenes que venían a salvarlos y que se tirasen al suelo, aunque eso no evitó que durante el tiroteo muriesen tres. En la refriega murieron dos de esos tres por disparos de sus propios rescatadores y un tercero a manos de un secuestrador. Unos dedos apuntaron hacia un rincón cuando los soldados preguntaron con un grito «¿dónde están los otros?», y allí llovieron unas cuantas granadas. Los otros secuestradores fueron abatidos instantes después.

Resuelta esta fase, los israelíes empezaron a preparar la salida: hubo enfrentamientos fuera de la terminal con las tropas de Amin, en los que cayeron varios soldados ugandeses, pero también hirieron a cinco comandos. Entre ellos estaba el jefe la operación Yonathan Netanyahu, que murió poco después. Por él se cambió el nombre a posteriori a operación Yoni. Su apellido les sonará familiar: Yoni era hermano del que después sería primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.

Para mayor furia de Idi Amin, y como broche a la operación, los comandos subieron a todos los rehenes a un avión (excepto a una anciana enferma, que había sido hospitalizada en Kampala) y destruyeron una docena de aviones de combate MiG que tenía el dictador.

Todo esto ocurrió en menos de lo que duraron las películas que adaptaron la historia: 53 minutos.

Radiografía de la misión

OPERACIÓN: Entebbe (también Thunberbolt, también Yoni).

PROTAGONISTAS: Mossad y comandos israelíes.

LUGAR: Uganda.

FECHA: julio de 1976.

MISIÓN: rescatar a los pasajeros de un avión secuestrado.

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