Vicente Amigo
Concierto: 'En concierto', de Vicente Amigo / Guitarra: Vicente Amigo / Segunda guitarra: Añil Fernández / Percusión: Paquito González / Bajo: Ewen Vernal / Voz y palmas: Makarines (José y Maka) / Violín: María Ángeles Bellido Muñoz / Violonchelo: Antonio Fernández Escobar / Flautas y oboe: Francisco Javier Márquez Toscano / Lugar y fecha: Teatro de la Maestranza, de Sevilla. 13 de febrero de 2026
CALIFICACIÓN: ****
Vicente Amigo ha vuelto a dejar constancia de su alcurnia artística e instrumental con un concierto que, con las entradas agotadas con antelación, aliaba grandes creaciones de su repertorio con el grupo acompañante, conformando una unidad saludable y agradecida, con una cuidada y tan bien hilvanada selección de composiciones, que impuso el silencio ante un público implicado en la confidencia y en la pequeña gran historia de cada tema.
La formidable proyección de la guitarra de Amigo hace que, hasta los acordes más cercanos al silencio, llegaran con nitidez al último recoveco del auditorio, en tanto que los oídos del respetable, como la retina, se abrían al mutismo tanto como el alma de sus notas a la revelación de su esencia.
Aunque muchos de los temas propuestos son conocidos, Vicente Amigo está siempre en formidable progreso. El hecho más relevante podría ser la minera enlazada con la soleá y cierre de bulerías que trasladó al auditorio a otro espacio, para sorpresa de sus propios ojos. O ya con el grupo, el empeño que puso en los 'Tangos del Arco Bajo', de finos y pulidos quilates, de contrastes y palpitante vitalidad, y dando una contundente respuesta a las calidades impensables de su mano derecha.
Redondo y seguro le encontramos en la canción por bulería 'Autorretrato', de su obra 'Paseo de Gracia', en la que lucieron matices de extraordinarias sonoridades rítmicas, con un sustento métrico tan extraordinario que brilló con luz propia por sus sustanciales cometidos, lo que no sorprendió que de seguida irradiara guiños cadenciosos desde su 'Estación de Primavera', ejecutada con una mano izquierda templada, sin vacuas grandilocuencias, con más fondo que ostentación y apropiada para el mejor baile de zapateado.
Es importante subrayar lo antedicho porque el intérprete no extrema los contrastes en su discurso expresivo, ni exagera los ciclotímicos, ese defecto que muchos suelen utilizar para provocar altibajos emocionales en el oyente de aplauso fácil. Antes bien, su 'Corcovado', de los 'Andenes del tiempo', es movido y constante, pero más contemplativo que bullicioso, más meditativo que alborotador, conceptos que se deben cruzar como la velocidad en el diapasón y la disonancia.
Vicente Amigo rezuma, con arreglo a ello, criterio y fervor con su relato, que lo manifiesta, además, con empaque, como en el 'Pasodoble a José Tomás' o su ya célebre 'Querido Metheny', toques que corresponden a un maestro en plenitud y más listo que el hambre, especialmente para poder despertar y cristalizar las virtudes románticas que habitan en su interior.
Porque hay, mismamente, otra cualidad que condiciona su carácter como músico. Y es la honestidad que se respira en cada nota y poro, demostrando, por tanto, clase, estilo y maneras, fondo armónico y sentido melódico, tal que las bulerías 'Manuela', la soleá, el tema dedicado a la madre de los Makarines o el ritmo que imprimió a 'Turrón y chocolate', composiciones que se suman al virtuosismo de quien es capaz, asimismo, de trasladar y contagiar las tensiones, y enunciarlas con vehemencia, intensidad, convicción y desde la implicación incondicional que requiere cualquier gran música.
Este aliento imaginativo, de tiempos vivos y articulados acentos, se acrecentó con el 'Réquiem', el "bis" que hizo que el tiempo musical se quedara suspendido, ingrávido en la atmósfera propicia del espacio del Paseo de Colón, ambiente que, desde el fondo de los sentimientos, favoreció la cómplice sensibilidad del público que abarrotó el auditorio.
Habíamos asistido a un concierto de Vicente Amigo en estado puro, sin aditamentos, de contrastes y emociones, cabal en cuadratura y estilo que marcaron la pauta de la propuesta, siempre desde una claridad y perfección técnica volcada en servir con genuina fidelidad la expresión del compositor sevillano.
Fue un recital, para resumir, en carne viva, sin paños calientes. Música hecha poesía y poesía hecha música, por lo que resultó imposible no involucrarse como espectador en la esencia y verdad de una obra de arte recreada por Vicente Amigo.
