- Cataluña Rull se decanta por no designar candidato a 'president' en el pleno de investidura del 25 de junio
- Política ERC redobla sus exigencias a Sánchez para hacer 'president' a Illa: "compromiso para un referéndum" y "plena soberanía fiscal"
ERC y PSC arrancaron ayer formalmente las negociaciones sobre la investidura de Salvador Illa con una reunión que sirvió para constatar que las conversaciones se llevaran al límite, extendiéndose durante el verano y explorando el acuerdo hasta el 25 de agosto, si es preciso, fecha en la que, de no haber sido ungido ningún candidato a la presidencia de la Generalitat, quedarán automáticamente convocadas unas nuevas elecciones en Cataluña para el mes de octubre.
«Va para largo», advirtió la portavoz de ERC en el Parlament, Marta Vilalta, ayer, tras finalizar el cónclave. «Los indultos y la amnistía no se pactaron en una semana», adujeron fuentes de los republicanos a EL MUNDO para subrayar que sus exigencias -el concierto económico y un «compromiso sobre el referéndum»- no pueden ser asumidas por Pedro Sánchez por la vía rápida.
Republicanos y socialistas admiten en privado que resultaba «imposible» cerrar un acuerdo antes del próximo 25 de junio, fecha en la que legalmente debía convocarse un primer pleno de investidura que diera paso a la cuenta atrás hasta la repetición electoral, de haber fracasado el aspirante que pidiera la confianza para convertirse en president.
Ese trámite, que siempre se ha cumplido tras unas elecciones catalanas, no llegará a producirse, después de que Illa ya haya anunciado que comunicará al presidente del Parlament que necesita «más tiempo» para intentar articular una «mayoría progresista» con ERC y los comunes y que, por tanto, no quiere optar aún a la investidura. Lo hará en la reunión que hoy mantendrá con Josep Rull en el marco de la ronda de consultas que el dirigente de Junts está realizando con los líderes de los grupos parlamentarios para testar sus posibilidades de convertirse en presidenciables.
Está previsto que Carles Puigdemont -que estará representado por uno de sus hombres de confianza, Albert Batet- también ratifique hoy que no desea optar todavía a la investidura, lo que empujará a Rull a recurrir al denominado «acto equivalente», un mecanismo que permite activar la cuenta atrás hacia la repetición electoral sin necesidad de celebrar un pleno de investidura fallido en el que un candidato caiga derrotado, como marca el procedimiento ordinario, que ahora se quiere sortear.
Este ardid ha sido empleado una única vez, en 2020, cuando, a medio mandato, el entonces presidente del Parlament, el dirigente de ERC Roger Torrent, lo utilizó para evidenciar que no había ningún diputado dispuesto a presentarse para relevar a Quim Torra, el presidente de la Generalitat que acababa de ser inhabilitado.
Ahora, Rull quiere resucitar esa artimaña -avalada por un informe de los servicios jurídicos de la Cámara catalana elaborado tras la condena de Torra- para conceder más tiempo a Puigdemont para regresar a Cataluña. El líder de Junts prometió en campaña electoral que volvería del extranjero para el primer pleno de investidura, fuera quien fuera el candidato, pero, tal y como subrayó Rull ayer, «un acto equivalente no es un debate de investidura».
«No puedo forzar a nadie a presentar candidatura», argumentó Rull, quien hoy anunciará formalmente la ausencia de candidato, que posteriormente deberá ser comunicada oficialmente al pleno para que empiece a correr la cuenta atrás hacia la repetición electoral.
«El problema que tenemos es la falta de tiempo para negociar con el PSC. Y eso Junts lo sabe y juega con ello», apuntan fuentes del Govern cercanas a Oriol Junqueras, el dimisionario presidente de ERC, que figura entre los partidarios de exprimir las posibilidades de alcanzar un pacto con los socialistas. Por el contrario, la secretaria general de la formación, Marta Rovira, que pilota las conversaciones con el PSC, es más reacia, aunque no se cierra al acuerdo si, además de la «plena soberanía fiscal», Sánchez accede a dar un primer paso hacia una nueva votación secesionista de carácter vinculante.
ERC alimenta una doble vía. Por un lado, apurará las posibilidades de ampliar el botín independentista, intentando adjudicarse el mérito de lograr un cupo a la vasca y de abrir la senda hacia un referéndum de autodeterminación pactado con el Gobierno, lo que le permitiría recuperar el pulso frente a Junts, que se apropió la paternidad de la amnistía.
Y, por otro, intentarán los republicanos desgastar tanto como puedan al PSC y a los neoconvergentes para comparecer en las mejores condiciones posibles a una eventual vuelta a las urnas, tras haber perdido 13 escaños el 12 de mayo.
Para ahondar en esa segunda pata de la estrategia republicana, Vilalta acusó ayer a Illa y Puigdemont de estar cometiendo una «irresponsabilidad inconcebible» al no querer presentarse al pleno de investidura del 25 de junio, a pesar de no contar con apoyos para ser elegidos. Recordó la portavoz de ERC que, en 2021, Pere Aragonès asumió el mal trago y cayó derrotado antes de acabar siendo investido en su tercera tentativa.
Sí pueden darse ya por descartadas alternativas a la investidura de Illa como la rocambolesca mayoría absoluta que alcanzarían unidos el PSC, el PP y Vox. Ayer, tanto el líder de los populares en Cataluña, Alejandro Fernández, como el de Vox, Ignacio Garriga, trasladaron al presidente del Parlament, en sendas reuniones, que no están dispuestos a apoyar al socialista para construir una mayoría constitucionalista que permitiera a Illa no tener que apoyarse en ERC.

