CATALUÑA
Tribuna Cataluña

Catalunya Ràdio y la conciencia de Rosalía

Rosalía durante la gala de Los40 Music Awards en el Roig Arena de Valencia.
Rosalía durante la gala de Los40 Music Awards en Valencia.Los40EFE
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Digan lo que digan los propagandistas de la "normalidad", en la Cataluña oficial de hoy, bajo gobierno socialista, siguen pasando los mismos disparates que cuando gobernaban ERC y Junts. Otra cosa, es cierto, es la sociedad catalana, y sobre todo la juventud, que empieza a dar muestras ostensibles de hartazgo y aun rechazo a la doble hegemonía, del separatismo y la extrema izquierda, que desde hace décadas domina el debate público en nuestra comunidad. Pero eso, obviamente, no es gracias a la claudicación de Sánchez e Illa, sino a pesar de ella.

El último ejemplo de que la Cataluña oficial apenas ha cambiado con los socialistas lo hemos visto hace unos días en la radio pública, Catalunya Ràdio, en la que una colaboradora con ínfulas de comisaría lingüística se ha despachado a gusto contra Rosalía por que en su último álbum ha puesto a la Escolanía de Montserrat a cantar, entre otros idiomas, en español.

No se queja la comentarista de que los niños de la escolanía canten en inglés o alemán, pero le parece intolerable que lo hagan en la lengua de la mayoría de los catalanes, el español, una "humillación a los catalanes y a la propia Rosalía", por utilizar el lenguaje belicista de la autoproclamada -con cargo al erario público- guardiana de las esencias catalanas. Tanto es así que se atreve a decir que Rosalía no tiene ni conciencia de dónde viene ni tampoco idea de lo que significa Montserrat.

Pues bien, quien demuestra tener un conocimiento bastante fragmentario y superficial de la historia del Monasterio de Montserrat es, precisamente, la locutora que excomulga a Rosalía por "hacer cantar" a los escolanos en la lengua de uno de los abades más importantes de la historia de Montserrat, el palentino García de Cisneros. Reformador benedictino que impulsó el resurgimiento espiritual y cultural de un monasterio en decadencia, García de Cisneros llegó a Montserrat en 1493 y fue el primero de una larga lista de abades que, por orden de los Reyes Católicos, rigió durante cuatro siglos los destinos del cenobio bajo la égida del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid.

De ahí que resulte tan patético ver a una joven nesciente rasgarse en antena las vestiduras por el hecho de que los niños del coro de Montserrat canten en español, lengua materna de la mayoría de los catalanes hoy y cuya presencia en el monasterio catalán se pierde en la noche de los tiempos. Por no hablar de que la propia letra del Virolai, composición del poeta Verdaguer convertida en himno dedicado a la Moreneta, atribuye a Montserrat la condición de "Estrella d'Orient del espanyols".

Si la iracunda colaboradora de Catalunya Ràdio, en lugar de repartir carnés de catalanidad, se molestara en conocer un poco la historia de Montserrat, quizá no hablaría con tanta ligereza, y menos desde la radio pública que pagamos todos los catalanes.

Pero, independientemente de lo que crea o deje de creer sobre Cataluña, atacar a alguien por decisiones personales es puro totalitarismo. Es lo más antiliberal que uno pueda imaginar. No es de ahora. Ya lo hicieron con Serrat cuando, a finales de la década de 1960, empezó a cantar en castellano.

Lo que queda claro, en todo caso, es que en la Cataluña de Sánchez e Illa, como en la de Puigdemont y Torra, la única xenofobia aceptable sigue siendo la hispanofobia. El odio a España, a todo lo español y a los castellanohablantes sigue siendo moneda corriente en los medios públicos de la Generalitat, y aquí no pasa nada. Si las cosas que se dicen sobre España, los castellanos, los andaluces, etc., en el espacio público catalán se dijeran sobre cualquier otro colectivo humano, ¿alguien tiene alguna duda de que Illa, Sánchez y compañía habrían puesto, y con razón, el grito en el cielo ante semejante exhibición de xenofobia? Pues eso. Mientras el odio a España siga gozando de absoluta impunidad, no habrá normalidad en Cataluña.

Nacho Martín Blanco es diputado del PP en el Congreso.