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Prevención del suicidio

Cómo abordar la culpa tras un suicidio cercano: "Al principio cumple una función, ayuda a amortiguar el impacto del dolor, como si fuera un colchón que permite asimilar la pérdida poco a poco"

Los supervivientes de una muerte por suicidio se suelen enfrentar a la culpabilidad, se preguntan si pudieron hacer algo por evitar el fallecimiento. Aunque es difícil que desaparezca, sí es posible conseguir racionalizarla y que haga menos daño

Cómo abordar la culpa tras un suicidio cercano: "Al principio cumple una función, ayuda a amortiguar el impacto del dolor, como si fuera un colchón que permite asimilar la pérdida poco a poco"
Marina Bonilla
Actualizado

Hay una serie de emociones comunes entre aquellos que han vivido la muerte por suicidio de una persona cercana. Está el shock, el choque, el impacto inicial. Pero en ese momento ni se sabe que se está transitando. Y por tanto se desconoce lo que podrá durar. Luego la vergüenza, dado el estigma social que acompaña al suicidio en general. Y finalmente la ira, que está íntimamente relacionada con la sensación de culpabilidad

Abordar la culpa, trabajarla, incluso darle su lugar, es una de las tareas más difíciles que puede enfrentar un ser humano Y cuando alguien muere por suicidio, a menudo de forma repentina, su entorno aprende a convivir con la incógnita. Por qué lo hizo. Por qué no pensó en mí. También vienen -se instalan- los Ysis. ¿Y si le hubiera dicho aquello? ¿Y si no le hubiera dicho aquello? ¿Y si ese día hubiera estado a su lado? ¿Y si...?

Detrás de cada suicidio se extiende "una red que toca 135 personas, con 25 supervivientes que quedan marcados de forma intensa y duradera". Son datos obtenidos en una reciente investigación -no hay muchas- del equipo de la Universidad de Valencia especializado en suicidio. Lo cuenta la psicóloga Ana Moreno, que forma parte del grupo: "En el estudio realizado con 307 participantes residentes en España, se comprueba que el factor que mejor predice el duelo complicado es sentir invalidación emocional. la percepción de que el entorno minimiza, juzga o rechaza los sentimientos y el dolor del superviviente tras el suicidio de un ser querido. Esta profesional, miembro de la asociación Papageno, considera que "la desalfabetización en relación al suicidio" lleva a las personas a intentar animar a los supervivientes con frases que no ayudan como ‘no pienses en eso’, ‘ya deberías superarlo’ o ‘no te culpes’.

Para saber más

Pero la culpa no es una opción. La culpa viene, se instala, se queda a vivir. Dice Sara Losantos, especialista en psicología del duelo, que "la culpa y los pensamientos del tipo ¿Y si.? suelen aparecer como una forma de negar la realidad dolorosa de una pérdida". "Antes de intentar reducir la culpa, es importante reconocer que cumple una función: ayuda a amortiguar el impacto del dolor, como si fuera un colchón que nos permite asimilar la pérdida poco a poco", advierte esta profesional que forma parte de la Fundación Losantos, específicamente creada para el tratamiento del duelo en el año 2000.

Resalta la importancia de tener en cuenta esta capacidad amortiguadora de la culpa. "Porque durante un tiempo nos ayuda a aceptarla. Más adelante, el proceso terapéutico puede ayudarnos a ver que no tenemos el control sobre las acciones de los demás y que no somos tan poderosos como a veces creemos".

Ese proceso tuvo que elaborar Juan José Escudero cuando murió su hijo. Para él, la única manera de afrontar la culpa es racionalizarla. Y no cree que sea algo que desaparezca, algo de lo que uno pueda deshacerse, sino que se trataría de una sensación que va y viene. A veces con mayor intensidad y hasta acompañada de la ira. "Pero te das cuenta de que no tenías todas las herramientas en tu mano para poder llegar a evitarlo. Algunas veces esa culpa llega inesperadamente y tienes que hacer un gran esfuerzo, es decir, lo racionalizas, consigues ponerlo en su lugar para que no te haga tanto daño".

Un proceso difícil pero crucial porque "es fundamental analizar el precio que pagamos por mantener la culpa y la negación", señala Losantos. Un sentimiento de culpabilidad exacerbado, constante, puede "terminar generando más sufrimiento del que alivia". "En este punto, es clave tomar conciencia del dolor que produce y revisar ideas irracionales como "no soy suficiente" o "no hice todo lo que pude". Aceptar esto implica reconocer nuestros límites y dejar atrás la creencia de que podemos con todo", añade.

Explica Losantos que hay que "confrontar la realidad con ideas poco realistas" y tener en cuenta el contexto en el que ocurrieron las cosas. "La culpa está muy relacionada con la aceptación, y trabajarla es una de las tareas más complejas en terapia. El objetivo es encontrar un equilibrio: poder sentir la emoción sin que nos desborde ni nos desconecte". Y esto engloba "transformar la culpa en amor" a través de la "compasión y una mirada humana hacia nosotros mismos y hacia los demás, comprender que todos somos e incluso que, a veces, herimos sin querer. Y que abrazar nuestras vulnerabilidades es un acto de humildad. No es una tarea fácil ni es para todos: requiere fortaleza, honestidad y tiempo para mirarnos con cariño".

Teléfonos de asistencia

  • En caso de riesgo vital inminente, llame directamente al 112 de Emergencias
  • Si usted o alguien de su entorno tiene ideación suicida. llame al 024
  • Teléfono de la Esperanza: 717.003.717 / 91 459 0055
  • Teléfono Prevención del suicidio (Barcelona): 900 92 55 55
  • Teléfono Asociación la Barandilla (Madrid): 911 385 385.
  • Línea de ayuda a niños y adolescentes de la Fundación Anar 900 202 010
  • Teléfono de Asistencia psicológica Ayuntamiento de Barcelona 900 925 555
  • Samaritans in Spain para la atención psicológica a cualquier persona que hable en inglés en todo el territorio español pat@samaritansinspain.com 900 525 100

  • MIEMBROS DE LAS FUERZAS Y CUERPOS DE SEGURIDAD:
    -Atención a guardias civiles y familiares (900 200 062). Teléfono de la Esperanza (717 00 37 17)
    -Atención a policías nacionales 24 horas (91 582 10 43)

GRUPOS DE AYUDA Y ASOCIACIONES DE APOYO A SUPERVIVIENTES

Papageno ofrece un espacio 'on line' de apoyo psicológico concreto para personas en riesgo (633 169 129)..

Es lo que Ana Moreno, la psicóloga miembro de Papageno, denomina "autoamabilidad" y "autocomprensión". Cuenta que "los supervivientes suelen dar muchas vueltas a tres preguntas que no tienen respuesta: ¿por qué lo hizo? ¿Por qué no lo impedí? ¿Cómo me ha podido hacer algo así?". Porque "podemos cabrearnos con nuestro ser querido porque nos abandona y estamos en una situación difícil de transitar, con una confusión brutal y en medio de un mar de emociones desagradables". Moreno también menciona los Grupos de Ayuda Mutua (GAM) como lugares seguros donde los supervivientes pueden hablar en un "ambiente confidencial y sin miedo a ser juzgados". "Escuchan otras estrategias para afrontar fechas señaladas o para gestionar sus emociones", señala. En Papageno, una asociación de profesionales involucrados en la prevención de suicidio a nivel nacional, tienen en marcha cinco Grupos de Ayuda Mutua de supervivientes en Andalucía, uno en Vigo, y dentro de sus proyectos está extender la red a Santander, Campo de Gibraltar y Valladolid.

Juanjo, el hombre que antes relataba cómo ha aprendido a racionalizar la culpa por la muerte de su hijo, acude mensualmente también a este tipo de reuniones. También ha creado la asociación de prevención del suicidio Sendas. Dice que "un psicólogo o terapeuta puede ayudar mucho pero, en los grupos el sentimiento de culpa está muy presente. Te das cuenta de que ese dolor tan intenso que sientes también lo tienen los demás". Y Ana Moreno dice que, en ocasiones, "los supervivientes se quedan enganchados a lo último que ocurrió, pensando erróneamente que ésa fue la causa del suicidio". "Una ruptura sentimental, un diagnóstico, problemas económicos o, lo que es peor, una discusión. En la mayoría de los casos, puede haber sido la gota que colma el vaso, pero el vaso ya estaba hasta arriba", remarca.

Los profesionales de la psicología establecen diferencias entre lo que se suele llamar culpa justificada, que tiene una base real, y culpa injustificada. "Quien ha cometido un delito, es deseable que sienta esa culpa, que tome conciencia de que ha hecho daño a alguien. Pero en el duelo por suicidio los supervivientes experimentan el segundo tipo de culpa, la que no tiene una justificación logica. Se trata de una especie de adaptación a la nueva situación y, en algunos casos, es una forma de mantener el vínculo con la persona fallecida, como si fuera el lazo que les sigue uniendo, ahora que no puede darle un abrazo ni agarrarle las manos".

Este reportaje forma parte del proyecto 'Once vidas' impulsado por EL MUNDO para la prevención del suicidio, y del que forman parte Rafael Álvarez, Yaiza Perera, Rebeca Yanke y Santiago Saiz.