Tras el trágico fallecimiento de dos pacientes con cáncer debido a un error durante su tratamiento, la Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) explica con detalle cómo es y cómo debe ser el proceso de elaboración, control y administración de los medicamentos que salen de estos servicios.
Garbiñe Lizeaga, coordinadora del Grupo Español para el Desarrollo de la Farmacia Oncológica (GEDEFO) de esta sociedad científica, contesta a las preguntas básicas.
¿Cómo se realiza la dispensación de tratamientos oncológicos desde un servicio de farmacia hospitalaria?
En el tratamiento del cáncer utilizamos muchos productos de diferentes orígenes. Lo que la mayor parte de la gente considera quimioterapia es un concepto quizás atrasado; se trata de sustancias de origen químico altamente peligrosas. Pero ahora, cerca de la mitad de los pacientes utilizan también sustancias de origen biológico que pueden tener otro tipo de desafíos en su administración.
¿Cuáles son las vías de administración?
Son múltiples: vía oral, vía endovenosa, subcutánea o intramuscular; en realidad, por cualquier vía que requiera el protocolo.
¿Cuáles son las consideraciones básicas de los tratamientos contra el cáncer?
Los medicamentos para tratar el cáncer se consideran de alto riesgo porque muchas veces utilizamos dosis límite buscando destruir las células malignas, pero estas generan una toxicidad en el cuerpo que tenemos que ser capaces de controlar. Por eso, las dosificaciones se personalizan para cada paciente calculándolas a través de datos clave: talla, peso, superficie corporal y aclaramiento de creatinina (que mide la función renal), entre otros parámetros.
¿Cómo son los circuitos hospitalarios implicados en la dispensación oncológica?
El tratamiento del cáncer sigue circuitos de prescripción, elaboración y administración específicos dentro de los hospitales, con puntos de seguridad más desarrollados y concretos que la mayoría de las medicaciones. En la mayor parte de los centros, el circuito de seguridad empieza con la gestión y adquisición del medicamento y su introducción en los sistemas informáticos.
Existen fichas parametrizadas en softwares especializados. En España, aproximadamente el 97% de los hospitales que trabajan con medicación oncológica tienen informatizado gran parte, si no todo, el proceso. Una vez escogido el tratamiento, en el servicio de farmacia existe siempre algún tipo de automatización, aunque sea para el cálculo de dosis y la generación de etiquetas. Todos los procesos se calculan individualmente y se generan etiquetas identificativas de las mezclas con el nombre del paciente al que van destinados.
¿Cómo son los controles que realiza la farmacia del hospital durante el proceso?
Generalmente, el proceso ya incluye la prescripción. Los oncólogos y hematólogos no pueden recetar libremente, sino que prescriben protocolos acordados y calculados con herramientas de seguridad dentro de los softwares, que limitan los rangos de dosificación buscando la seguridad del paciente.
Aun así, siempre debe haber un farmacéutico para realizar el doble chequeo (double check). El software es un primer punto de control, pero debe existir una validación por parte del farmacéutico para garantizar la idoneidad de la prescripción. Ese mismo reconocimiento se mantiene durante el cálculo de las dosis para elaborar las mezclas. Este sistema de doble verificación, ya sea semiautomático o manual, es el que utilizamos para verificar los cálculos necesarios para montar las dosis.
Tras la verificación de datos, ¿cómo se elabora la fórmula prescrita?
Con las hojas de trabajo, las etiquetas y el material, se procede a la parte productiva. Aquí se repite el doble chequeo en cada uno de los puntos. A estas alturas, la mayoría de los centros tienen incorporado algún tipo de control, bien sea mediante códigos de identificación de material (pre y post-elaboración), control gravimétrico (por peso) e incluso elaboración automática con robots. Esto garantiza que el producto final que sale del servicio de Farmacia contenga una etiqueta identificativa y un control de calidad que asegure que lo que contiene es exactamente lo que se ha prescrito.
¿Cómo es la administración de la dosis elaborada?
Aquí la administración también puede estar automatizada o no. En todo caso, tiene que haber un evolutivo y unas órdenes médicas que la enfermera, antes de administrar, debe contrastar y ejecutar. Una quimioterapia no es solo el fármaco principal; a menudo requiere una premedicación anterior: infusión de volumen, medicamentos antieméticos y corticoides que influyen tanto en la eficacia como en la seguridad del resultado.
¿Qué tipo de cuidados y vigilancia especial hay que tener en cuenta en este paso?
En todos los hospitales de día hay protocolos para manejar lo que llamamos reacciones infusionales. Estas consisten en medidas como parar la medicación, avisar al médico y evaluar si es idóneo emplear de nuevo dicho fármaco.
El manejo especial abarca desde la necesidad de antieméticos para prevenir náuseas, hasta el uso de corticoides o ciertos inhibidores de interleucina para controlar reacciones previsibles. Los efectos adversos van asociados muchísimas veces a otros fármacos, y eso está incluido dentro de los protocolos. Incluso existen programas de desensibilización junto a los servicios de Alergología para pacientes donde el fármaco es la mejor opción terapéutica pero han presentado reacciones alérgicas. Cualquier incidencia se recoge en la historia clínica.
¿Cómo se registran los efectos adversos y las alertas?
Debe haber un sistema para ello que figure siempre en la historia clínica. Hay que diferenciar entre efectos secundarios (los esperados, como las náuseas y reacciones pseudoalérgicas si no se premdica a un paciente al que se le administra carboplatino o paclitaxel) y los efectos adversos inesperados. Estos últimos ocurren cuando un paciente sufre, por ejemplo, un edema de glotis. Todo se refleja en su historial médico para que sea controlado en las siguientes prescripciones y administraciones.

