Alrededor del 15% de los embarazos reconocidos terminan en aborto espontáneo y se estima que casi la mitad de las concepciones se pierden en etapas tempranas, sin que las personas se den cuenta. Ahora, un equipo de investigadores de Estados Unidos y Dinamarca ha analizado datos de más de 139.000 embriones procedentes de fertilización in vitro (FIV) de cerca de 23.000 parejas y ha encontrado diversas variantes genéticas asociadas con un mayor riesgo de aborto.
Muchas de ellas están asociadas con la meiosis, un proceso de división celular clave en las células sexuales. La investigación trata de dar respuesta a por qué ocurren errores meióticos y aneuploidías, que serían responsables del 50-60% de las pérdidas gestacionales. Entre las conclusiones que apunta el trabajo están los factores genéticos maternos que van más allá de la edad.
El equipo dirigido por Sara A. Carioscia y Arjun Biddanda, de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Copenhague (respectivamente), ha realizado un análisis retrospectivo masivo de datos de Pruebas Genéticas Preimplantacionales (PGT) de embriones obtenidos por fertilización in vitro (FIV). Los hallazgos, que se publican en Nature, proporcionan una comprensión más completa de los factores genéticos que subyacen al riesgo de aneuploidía (principal causa de pérdida del embarazo), aunque se necesita más investigación para evaluar las posibles aplicaciones de este conocimiento.
"Este trabajo proporciona la evidencia más clara hasta la fecha de las vías moleculares a través de las cuales surge el riesgo variable de errorescromosómicos en los seres humanos", afirma el autor principal, Rajiv McCoy, biólogo computacional de la Universidad Johns Hopkins especializado en la genética de la reproducción humana, en un comunicado. "Estos conocimientos profundizan nuestra comprensión de las primeras etapas del desarrollo humano y abren la puerta a futuros avances en la genética reproductiva y la atención a la fertilidad".
Los autores, sin embargo, reconocen que los nuevos datos no permitirán estimar con precisión el riesgo individual, porque los factores más importantes siguen siendo la edad y elementos ambientales, según McCoy. Esto se debe a que las variantes genéticas comunes individuales tienden a tener un impacto menor en el riesgo de aneuploidía, en comparación con la edad materna y los factores ambientales. No obstante, estos genes son objetivos prometedores para el desarrollo futuro de fármacos.
Judith Reina, consejera genética de IVI RMA Global, apunta que "solemos pensar que los problemas de fertilidad dependen casi exclusivamente de la edad materna, pero este trabajo sugiere que la genética también tiene mucho que decir; está muy unida al campo reproductivo y en particular a la reproducción humana asistida".
¿Por qué los pequeños cambios genéticos son importantes?
Las anomalías cromosómicas derivadas de la aneuploidía suelen ser el resultado de una segregación errónea de los cromosomas durante la meiosis femenina. Investigaciones previas ya sugerían que los errores en el intercambio de ADN durante la formación de gametos —un proceso denominado recombinación o entrecruzamiento (crossover)— podrían conferir riesgo de aneuploidía. Sin embargo, no se habían identificado hasta ahora variantes genéticas comunes en humanos asociadas simultáneamente a la recombinación y a la aneuploidía de origen meiótico.
Sobre este proceso, Reina explica "todas las personas heredamos variantes comunes en genes que controlan cómo se reparten los cromosomas durante la formación de óvulos (meiosis). Las variantes genéticas pueden incrementar el riesgo de aneuploidías pero también disminuirlo (si justo esa mujer tiene una variante protectora)".
Los análisis de los embriólogos descubrieron que el número de cruces era menor en los embriones aneuploides que en los embriones típicos, lo que subraya el papel de estos eventos en la segregación cromosómica adecuada.
Además, identificaron una variante del SMC1B (un gen que codifica una proteína que ayuda a mantener unidos los cromosomas durante la meiosis) que estaba asociada tanto con una reducción del recuento de cruces como con un aumento de la aneuploidía meiótica materna. Análisis posteriores también implicaron variantes de varios otros genes involucrados en el proceso de recombinación, a saber, C14orf39, CCNB1IP1 y RNF212.
"Este hallazgo es especialmente convincente", sostiene McCoy, "porque los genes que surgieron de nuestro estudio en humanos son exactamente los mismos que los biólogos experimentales han detallado durante décadas como fundamentales para la recombinación y la cohesión cromosómica en organismos modelo como ratones y gusanos".
Por eso la embrióloga del IVI RMA, expone que estos hallazgos abren la puerta a que, independientemente de la edad, "tenemos variantes que pueden proteger o pueden hacer más propensas, a las mujeres, a generar embriones aneuploides. Con el paso del tiempo, estas diferencias pueden hacer que algunas mujeres tengan mayor riesgo de errores cromosómicos (aneuploidías) que otras, incluso a la misma edad".
Para Cristina Trilla Solà, directora de la Unidad de Cribado Prenatal y médica adjunta en el servicio de Obstetricia del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona) se trata de "unos resultados coherentes que permitirían establecer un vínculo entre la genética avanzada y la embriología humana más allá de los conceptos clásicos de aneuploidía y edad materna". En declaraciones a SMC España, esta embrióloga pide cautela ante el avance, porque "hay que evitar conclusiones como que se ha descubierto 'un gen que predispone al aborto', que 'el aborto es hereditario' o que se podría prevenir el aborto con un test genético".
Reina remacha con la idea de que "la edad importa, pero no actúa sola". Porque desde su punto de vista, "este estudio invita a pensar en la fertilidad como un continuo biológico más que como un umbral fijo asociado a la edad", lo que "abre la puerta a enfoques más personalizados en el mundo de la reproducción asistida, donde el riesgo reproductivo podría evaluarse más allá del simple criterio cronológico".



