"Buenos días. Soy el periodista italiano y autor de noticias falsas Tommasso Debenedetti". Cuando el nombre del maestro de las fake news llega a una redacción, todos tiemblan. Sobre todo, si acaban de anunciar la muerte de algún destacado autor literario.
La Agencia EFE ha sido el último estamento en sufrir su forma de proceder. Mató al escritor Fernando Aramburu tras dar por bueno el tuit de una cuenta falsa de X (antiguo Twitter) que se hacía pasar por Tusquets Editores y que gestionaba Debenedetti (Roma, 1969). "Cuando anuncié esta noticia a través de una cuenta falsa de Tusquets, estaba casi seguro que no tendría éxito alguno. Aramburu mismo había tuiteado pocas horas ante de que salira mi falsa noticia a través de su cuenta de X, que es gestionada por su editorial. Era imposible creer que el escritor vasco hubiera tuiteado y poco después hubiera muerto. Además, mi cuenta falsa se llamaba Editorial Tusquets, y no Tusquets Editores como la cuenta oficial y real. Por todo esto, y por muchas otras razones, el error de EFE me sorprendió mucho. Pienso que es algo realmente increíble", relata.
Debenedetti se comunica por correo electrónico. Desde hace años, solicita que sus fotos recientes se publiquen únicamente en la edición impresa, nunca en la web, y acepta con paciencia que se contraste su identidad por varias vías. Manda una foto de su pasaporte y envía un mensaje privado por una de sus cuentas asesinas de X. Él, que ya otorgó a este suplemento su primera entrevista real en 15 años, hace lo propio. Tomada las medidas oportunas, se explaya.
"Puedo decir que el error de EFE sólo tiene un único y importante precedente: fue en agosto de 2018, cuando Associated Press (AP) anunció, mediante su corresponsal en Grecia, la falsa muerte del director de cine Costa Gavras. Todo surgió a partir de una falsa cuenta de Twitter del entonces ministro griego de Cultura que yo mismo había creado el día antes. Siguiendo el teletipo de AP, casi todos los medios de comunicación de Europa y América (y todos los medios griegos) cayeron en la trampa. También The New York Times. La noticia se desmintió cuando el propio Costa Gavras habló en la televisión publica griega para decir que estaba vivo", recuerda.
Cuando se dirige a los medios patrios, Tommaso añade una ese a su apellido. "De esta forma me llamaron los periodistas en España cuando cree, en enero de 2012, las primeras cuentas falsas de Twitter que suplantaban a cinco ministros del Gobierno de Rajoy. Es como una forma españolizada de mi nombre que me gusta mucho", detalla.
Por mucho que lo piense, el periodista italiano —que en su época de freelance llegó a colar 80 entrevistas falsas— no concibe la razón por la cual una agencia como EFE publicó la falsa muerte de Aramburu. "La única causa puede ser la voluntad de ser los primeros en dar una noticia, pero sabemos que eso es algo muy peligroso: es la primera causa de la difusión de noticias falsas", reflexiona. "Si crees lo que te dice una cuenta falsa sin la más mínima verificación, nos enfrentamos a algo muy triste y peligroso para la credibilidad del periodismo".
El mundo literario es su lugar predilecto para matar. Hijo del escritor, poeta, periodista y crítico literario Antonio Debenedetti y nieto del intelectual, escritor y crítico Giacomo, considera que "es un lugar donde es mas fácil crear noticias falsas porque los escritores viven casi siempre apartados y no tienen oficinas de prensa como los políticos". Por eso ha podido anunciar la muerte de decenas de escritores y ser "siempre" creído por los medios: Vargas Llosa, Isabel Allende, García Márquez, Javier Marías, Margareth Atwood, Javier Cercas, Alice Munro, Don DeLillo, Cormac McCarthy, Haruki Murakami o Annie Ernaux fueron sus víctimas antes que Aramburu.
Pero no todo son hechos luctuosos. También anunció "con horas de anticipo" que Svetlana Alexievich había ganado el Nobel en 2015. "Y lo mismo he hecho con Jon Fosse en 2023 y en 2024 con Han Kang. También he anunciado en 2015 la falsa boda de Vargas Llosa con Isabel Preysler que fue publicada por error por [otra vez] The New York Times". Esquivó la querella por poco, pero acabó confirmando lo que el propio escritor peruano denunciaba en su libro La civilización del espectáculo: «Vivimos en un tiempo de fraudes, en el que el delito, si es divertido y entretiene al gran número, se perdona».
Sus actos han sido criticados por autores como Paul Auster y J. M. Coetzee en su correspondencia, recogida en la obra Aquí y ahora, pero Debenedetti se defiende: "La literatura es el lugar donde realidad y creación fantástica, verdad y mentira, van siempre juntas. Por eso, mentir sobre un escritor tiene algo de paradójico. Es como una continuación de su trabajo. Un juego probablemente cruel, pero un juego literario".
CRÍTICO CON EL PERIODISMO
Su motivación para demostrar las debilidades del periodismo actual no sólo se mantiene, sino que ha crecido. En parte, porque observa como la situación no ha mejorado desde la época en la que le pagaban apenas 20 euros por pieza, sino que ha empeorado. "Ya no sólo es cosa de los jóvenes periodistas. A cualquiera que no sea una estrella de la prensa apenas le pagan por hacer un trabajo enorme. Esto era tan cierto hace 15 año como lo es hoy", denuncia.
Con todo, no cree que en España los protocolos para verificar una noticia sean menores que en otros países. "En Francia Le Figaro publicó la falsa noticia de la muerte de Svetlana Alexievich por una cuenta mía. En Reino Unido The Independent dio por muerta a Elena Ferrante. En América Latina, un jefe de Estado como el presidente de Colombia, Gustavo Petro, dio por muerta a la escritora Laura Restrepo el mes pasado, dándolo por cierto por un tuit mío. Y lo mismo sucedió en Austria, en 2022, cuando el Parlamento dedicó un minuto de silencio por un ex canciller tras anunciar yo su fallecimiento", presume.
Lo que sí nota es que el ansia de "ser veloz, ser el primero en publicar una noticia" es lo que provoca que los profesionales se traguen sus bulos. "Parece que no importa que la noticia sea contrastada, sino el publicarla antes: crear el gran titular, la breaking news. Ese parece ser hoy el primer objetivo en el mundo de la información, donde la noticia es un espectáculo y, la muerte, la noticia mas espectacular, la que más impacta a la audiencia, la que se debe publicar antes que la competencia. Y así es cómo se propagan las fake news y triunfan las falsas muertes. No interesa la cultura. Los escritores sólo interesan si son parte del espectáculo: si ganan el Nobel o si mueren".
Su lucha porque no se considere a las redes sociales "como fuente de noticias" es "la misma que hace una década", pero tampoco cree que haya logrado causar el temor necesario con sus prácticas. "Los medios siguen utilizándolas como si fueran una agencia de prensa y consideran que los tuits son como teletipos. Lo surrealista es que ahora las agencias de prensa verdaderas también utilizan X como otra agencia", critica.
Tampoco es optimista de cara a un futuro en el que la inteligencia artificial acecha en el horizonte. "Es una herramienta interesante y muy peligrosa a la vez. Un lugar donde las noticias falsas y reales son totalmente confundidas y es difícil, cuando no imposible, aclarar dónde está la realidad y donde la mentira". Por eso, lo tiene claro: "Trabajaré para crear algo que pueda demostrar la total falta de credibilidad que tiene la inteligencia artificial".


