CRÓNICA
Historia de la agresión más abyecta del fútbol español

Los ultras salvajes del Valencia (ya detenidos) que pasaron por encima de Adrián, Mario y Antonio, los chicos con discapacidad del Villarreal: dos placas de titanio, un ojo reventado, bufandas ensangrentadas...

Tres amigos salen de ver un partido de fútbol. Son una pequeña hermandad afable y bondadosa que, sin razón, es atacada salvajemente por ultras del Valencia, detenidos este fin de semana. Todas las víctimas tienen algún tipo de discapacidad. Necesitarán, tras recuperarse de las lesiones físicas, tratamiento psicológico

Los tres amigos recibiendo el aliento de Gerard Moreno, estrella del 'Submarino amarillo'.
Los tres amigos recibiendo el aliento de Gerard Moreno, estrella del 'Submarino amarillo'.CRÓNICA / VILLARREAL CF
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«Hoy estamos aquí para lanzar un mensaje de unidad a favor de un fútbol libre de odio», soltó una jugadora de la cantera del Villarreal antes del partido con el Valencia. Era el 17 de febrero, poco antes de las 21 horas. En la tribuna, Adrián, Mario y Antonio, tres jóvenes encantadores. Un grupo inseparable que han ido alcanzando la independencia paso a paso. Con distintos tipos de discapacidad, habían ido a aplaudir al equipo, bufandas al cuello. El mensaje conciliador se aplaudió con efusividad en el estadio de La Cerámica... «Solo con la fuerza de todos podemos dejar atrás el odio. El fútbol que queremos luchémoslo hoy», soltaba la pequeña Vega Soriano, con voz temblorosa, junto a decenas de niños con la camiseta «LaLiga vs Odio». Pero, paradójicamente, tras acabar el partido ocurriría un barbarismo, la agresión más abyecta del fútbol español. Cinco encapuchados atacaron a los tres amigos. Sin compasión. Los salvajes eran ultras del Valencia, y dos de ellos, de 20 años y residentes en Mislata, fueron detenidos este sábado por la Policía Nacional.

Cuando sucedió la agresión eran poco más de las 11 de noche. Los tres salían solos camino a la casa de Adrián, quien además es jugador del equipo de la Escuela de Personas con Discapacidad Intelectual (EDI) del Submarino Amarillo. Se había calificado el partido como uno de «alto voltaje», por la rivalidad existente y por la notoria diferencia entre uno y otro equipo, el local en puestos europeos, el otro peleando por no descender. Dentro del estadio, apenas hay incidentes. La afición villarrealense es reconocida por ser sumamente pacífica. La madre de Adrián, quien es líder de una peña que se encarga de recibir a los que vienen a competir de fuera, recuerda que estos mismos chicos estuvieron ese día con aficionados del Valencia. Abrazados. Ella se contiene para no llorar mientras cuenta ese episodio. «Nunca han tenido problemas con nadie. Son chicos encantadores». Con entre 18 y 21 años de edad, los atacados son eternos adolescentes. Ha sido como pegarle a chicos de 12 años que no se van a defender. Así de cruel.

Ocurrió con la rapidez de un ciclón. Primero les insultaron. «Tras finalizar el encuentro, ellos salen por la zona sur, donde tenían las entradas. Cruzan la calle Fábrica y pasan por la plaza de La Panderola». También se le conoce, ironías del destino, como de La Paz. «Cuando pasan delante, les empezaron a insultar porque llevaban bufandas del Villarreal», asegura la madre tras escuchar distintos testimonios.

«Aldeanos, subnormales, perros, hijos de puta, hijos de puta», les espetaron varias veces. «Los críos cruzaron. No dijeron nada, ni los miraron, ellos pasaron con la cabeza gacha y cuando cruzaron enfrente iban comentando —entre Mario y Adrián— lo que les habían estado diciendo», recalca la mamá. Después, por precaución, los amigos se alejaron.

Comenzó el ataque. Cuatro contra tres primero, cinco después. A Mario le atacaron entre dos y tres. Le fracturaron la mandíbula en dos partes. Adrián recibió un puñetazo que le desmayó. La violencia contra ellos hizo pensar lo peor cuando les encontraron. A su lado, Antonio. Con trastorno autista, se quedó estático ante lo ocurrido. «Como no has hablado, tú te vas a salvar», le espetaron. La sangre saltaba, se desparramaba por las bufandas, por el suelo... Después, los cobardes escaparon. En su furia, uno de ellos se descubrió. Uno de los testigos describe a uno de los energúmenos como «alto, fornido, calvo y con barba».

Las ambulancias llegaron sobre las 11:30 de la noche, según el CICU (Centro de Información y Coordinación de Urgencias de la Generalitat Valenciana), y tuvieron que llevárselos a urgencias. Llamaron a las madres de las víctimas.

—Les han dado una paliza...

—Cómo les van a pegar si no son capaces de hacerle daño a nadie.

Esa era la reflexión de una de ellas. «Es un delito de odio», apunta Susana, madre de Adrián. «Es simplemente por odio porque no hay nada que les motive a hacerlo. Los críos no les han dicho nada», recalca. «¡Nada!». Ella ha ido reconstruyendo lo que pasó antes. «Son gentes que llevaban toda la tarde bebiendo ahí. Parece ser que no llegaron ni a entrar al estadio. Por todas las cervezas que tenían encima de la mesa resultaba imposible». Sólo esperaban víctimas para descargar su furia. «Creo que tenían ganas de bronca y actuaron así. La violencia fue brutal, como si un tren de mercancías les pasara por encima».

Las bufandas de los chicos agredidos sin piedad, las gafas aplastadas «para humillar»...EL MUNDO (Vídeo) / CRÓNICA / VILLARREALCF (Fotos)

Uno de los perjudicados fue su Adrián, un ser inocente. «Es una persona dependiente, con un 60% de grado de discapacidad. Tiene TDH y tiene varios trastornos asociados porque tiene un gen que funciona al revés. Y eso le causa una discapacidad intelectual». Lo acontecido, en su caso, pudo ser aún peor. «Tiene epilepsia». Este trastorno cerebral ocasiona convulsiones repetidas. Ante la paliza recibida, la actividad eléctrica de sus neuronas podría haberse descontrolado del todo. «Son crisis parciales las que él sufre. Hace un tiempo las tiene controladas a causa de la medicación. Sufrió un desmayo, pero creemos que fue de los nervios, el estrés y los golpes que recibió. Entiendo que es una suerte que no haya sucedido algo peor». Eso sí, estuvo a punto de perder un ojo.

—¿Cómo está su visión?

—Continúa teniendo todavía molestias y no acaba de ver bien. Ve algo borroso, pero al parecer todo es normal. Nos dijeron que, en unos días, cuando baje el hematoma y la inflamación interna, volverá a ver bien, que no había nada de lo que preocuparse. Es un pronóstico que igual hay que tomar con cuidado. También nos han dicho que si vemos que no mejora del todo sí que habrá que ir a oftalmología y revisarlo. Pero por ahora las noticias son positivas.

Ya ha recibido el alta. Mario aún continúa en el hospital.

La tomografía computarizada (TAC) explica la gravedad de sus lesiones. Tiene partida la mandíbula en dos partes. Lo confirma la madre de Mario, Verónica, quien lo cuida sin descanso. Recalca que se alejaron del grupo de salvajes. «No hagamos caso», es lo que se dijeron para evitar cualquier enfrentamiento.

Verónica no olvida la llamada a posteriori. «Me llamó un amigo y no mi hijo». Eso hizo que se acelerara aún más. «Llegué allí, no me esperaba ver el espectáculo que vi».

—¿En qué estado encontró a Mario?

—Aquello era un baño de sangre y yo creía que le habían reventado todos los dientes. Lo tenían sentado en una silla con una gasa en la boca...

El diagnóstico: aparte de la doble fractura, tiene una pieza dental que se ha desplazado totalmente. Por la intensidad y la forma del golpe no se descarta el uso de un puño americano. «No me extrañaría». Otra mala noticia. «Hay un hueco y el cirujano maxilofacial ya me ha dicho que ese diente lo va a perder». Desde la madrugada del domingo 18 hasta el cierre de edición seguía en el hospital. Soporta un dolor intenso y un miedo terrible. «Está totalmente desfigurado. Así como está no es su cara. Esperamos que todo le quede bien cuando se desinflame».

Recibió la visita de Gerard Moreno, el goleador del Villarreal e internacional por España. Le acompañaron Adrián y Antonio, que recibieron camisetas firmadas por todo el equipo. Les dio aliento y el apoyo de «toda la plantilla». La agresión sufrida por este grupo de amigos sólo ha recibido muestras de solidaridad. Raúl Albiol ha sentenciado que «hay que castigar de verdad a los que quieren hacer daño». Juan Foyth: «No debería pasar. Se mancha el fútbol... Que no se vuelva a repetir». El club amarillo ha puesto todos los medios para detener a los responsables. «Cooperamos con la Policía Nacional para identificar a los agresores».

El Valencia, en pleno caos institucional y deportivo, ha lanzado también un mensaje: «El fútbol no admite la violencia en cualquiera de sus formas. El Valencia CF se pone a la disposición de las autoridades, así como del Villarreal CF y comunica que en el caso de que el agresor o agresores fueran identificados como abonados de nuestro Club, se les aplicará la sanción más severa: la prohibición de la entrada al estadio». LaLiga ha anunciado que se personará como acusación particular en las diligencias penales que se deriven de las agresiones violentas que sufrieron tres aficionados

Los primeros señalados, su barra brava conocida como los Ultra Yomus 1983, también se ha pronunciado: «Condenamos públicamente la agresión». Para inmediatamente intentar evitar ser señalados. «Desmentimos que ninguno de nosotros tenga nada que ver con lo ocurrido». El presidente de la LaLiga, Javier Tebas, es rotundo: «Lo único que podemos hacer es ser muy contundentes y a los autores que les caiga lo peor encima... Hasta que sean condenados, vamos a estar detrás de esa situación». Dos radicales fueron finalmente detenidos el sábado, tras una operación de la Policía Nacional.

Los familiares de las víctimas tienen una voz común: «No tienen perdón y esperemos que, cuando los atrapen, les caiga todo el peso de la ley».

Ahora sólo queda rezar por la salud de los agredidos.

El jueves 20 ha sido la operación. Intercambiamos mensaje con Verónica. Por la tarde pasó por quirófano. «Es mi único hijo», dice con congoja. Un día después tiene buenas noticias. «La cirugía ha salido muy bien. Tiene aún dolor, pero es normal». Le han puesto una placa de titanio en la parte de delante de la mandíbula y otra detrás, en las dos zonas en que se la fracturaron.

Las lesiones físicas van sanando. Ahora queda lo más complejo a opinión de ambas madres: superar «el terror» que no se les olvida. La mamá de Mario lo dice sin matices: «Están traumatizados». Adrián, quien es jugador además, tiene tanto miedo que dice hoy que no quiere volver a un estadio. ¿Y el otro amigo? «Antonio está en bucle. Le han dado dos ataques de ansiedad. Este niño no ha sufrido lesiones, pero ha sufrido algo que es quizá peor». Está conmocionado, en estado de shock. «Todos van a necesitar ayuda psicológica. Estamos ya en ello porque hay que tratarlo desde ahora antes de que vaya a más».

—Es muy doloroso lo que describe...

—Ayer vi muy perdido a Adrián. Lo sentí muy mal y no lo he visto así nunca. Mi hijo tiene 18 años. Hace tres años perdió a sus abuelos con cinco meses de diferencia y ni entonces lo había pasado tan mal. Estuvo llorando todo el día. Mi hijo es bastante arisco en el tema de abrazos, pero ahora los necesita constantemente. Y yo cuando lo veía abrazarme así, me duele el alma.

Las gafas aplastadas de Mario son un símbolo del despropósito. Verónica, su madre, las conserva así de destrozadas como prueba de la sinrazón, de cómo quisieron humillarles, «las pisotearon».

Mario no tenía bufanda y quería ir, naturalmente, como Adrián. Susana, la mamá de su amigo, se la prestó con el compromiso de protegerla y de no perderla. «Mira qué buenos son que, después de lo que pasó, Mario lloraba porque no la había cuidado. Cuando me trajeron la bufanda llena de sangre, me quería morir».