Arnaldo Otegi permaneció en silencio durante cuatro días después de que Santos Cerdán señalase a su amigo Antxon Alonso como la persona que le había puesto en contacto con EH Bildu y con el PNV para que la moción de censura de Pedro Sánchez contra Mariano Rajoy saliese adelante. Durante esos cuatro días, el dirigente de EH Bildu marcaba distancias con Alonso, un personaje de vuelo gallináceo que, presuntamente, ha ido sembrando de licitaciones dudosas el territorio y cuyas referencias en la hemeroteca hasta hace una semana eran una denuncia, hace un año, por la concesión del desdoblamiento del túnel de Belate y su presunta relación con un implicado en un caso de prostitución.
El nombre de Antxon Alonso salió vinculado hace diez años con el de una figura sórdida, la de Arsenio Pérez Viéitez, socio de Alonso e investigado en la operación Pompeya como el cabecilla de una red que blanqueaba dinero utilizando 16 prostíbulos y en la que 30 personas fueron acusadas de delitos fiscales por valor de 2.000 millones.
Pero, repentinamente, Otegi, que había negado en privado conocer a Antxon a pesar de ser los dos de Elgoibar —y de quintas no muy alejadas en un pueblo de 11.000 habitantes—, se revolvió y lo reconoció como la persona que le había llevado a Santos Cerdán. Sólo dos encuentros hubo, explicó. Uno de contacto a través de un familiar común y otro en el que Antxon, alias Guiputxi,se transformó en chófer de Cerdán para que se reunieran.
En realidad, hubo una tercera reunión en un bar que Otegi no ha contado, según las fuentes consultadas por Crónica. Y probablemente alguna llamada telefónica que contribuyó a su cambio de opinión. Pero lo importante es que, con su comparecencia ante los medios, pudo abonar la tesis del régimen corrupto del 78 que tanto le gusta y le justifica. Y pudo poner al PNV a los pies de los caballos.
De hecho, también en privado mandó el recado a los nacionalistas de que, si tuvieran la tentación de esparcir insinuaciones sobre Bildu y su relación con Alonso, podrían salir escaldados. Otegi no lo dijo, pero el nombre que puede crear problemas al PNV es el de Iñaki Alzaga, socio al 4% de una de las empresas de Antxon que, de la mano de Acciona, consiguió obras públicas en Navarra. «No es cercano al PNV, es el PNV», señalaban a EL MUNDO esta semana fuentes consultadas sobre el presunto enlace de la trama con los nacionalistas.
Ese 4% que puede parecer escaso, no lo es. Porque simboliza las gestiones políticas y económicas de una trama que se mantenía fuera del radar de partidos e instituciones, pero ahora presume de haber tenido un impacto directo en política del más alto nivel. Y con un modus operandi muy concreto, de bar como oficina o en sustitución del Parlamento y familiar de por medio. Aunque los aludidos no lo admiten. Durante estos días, dirigentes nacionalistas del PNV han explicado a Crónica que recuerdan cómo tomaron la decisión libérrima de apoyar la moción de censura contra Rajoy: reunidos en sus oficinas de Vitoria, con el lehendakari presente, tras horas de deliberación y por unanimidad. Pero lo que quizás desconocen es el verdadero origen de esa reunión.
ANTXON, UN 'FANTASMA' BIEN CONOCIDO
A Antxon Alonso no se le conoce en reuniones rimbombantes en consejos de administración ni en actos donde la clase empresarial y política se deja ver. De hecho, no hay publicadas más que tres fotos de él, incluida la del DNI. Pero, tras pasar inadvertido durante años, ahora, si se pregunta a políticos y empresarios en lugares de poder, muchos saben de él.
Se sabe que estudió magisterio en Eskoriaza, que está casado, que tiene un hermano cuya vida, a diferencia de él, es un libro abierto, y que su madre regentó una tienda de ultramarinos; que le gusta el monte y que nunca ejerció como maestro porque se dedicó a la compraventa de pabellones y terrenos. Su nombre consta en unas 20 sociedades mercantiles, de éxito nulo, hasta que halló la veta socialista.
Conoció a Santos Cerdán en 2006, cuando éste era concejal en la oposición y él se acercó a Milagro para intentar que le aceptasen una promoción de viviendas. No consiguió la promoción, pero de la localidad se llevó a un amigo con el que compartiría con el tiempo piso en Madrid, juergas —«se pasaba los días de fiesta en fiesta gastándose la pasta con Cerdán», dijo Koldo— y, antes, una empresa, Servinabar, en investigación ahora por ser clave en la trama corrupta de adjudicaciones irregulares de obras. En 2015, fundó junto a Koldo Noran Coop, a la que la Guardia Civil adjudica dinero procedente de fondos públicos, y así hasta idear un presunto método de enriquecimiento que consiste en ser la parte más débil de una Unión Temporal de Empresas (UTE) en la que un gigante como Acciona pone los medios y él los contactos políticos para conseguir licitaciones con medios fraudulentos.
Se ha escrito en este suplemento que fue Santos Cerdán quien convenció a Pedro Sánchez de que debía pactar con EH Bildu para que Navarra no siguiera gobernada por la derecha. Sánchez mostró su preocupación, recién llegado al liderazgo socialista, por que pudieran perder las generales, pero su hombre de confianza le convenció de que, si no los votantes, la militancia sí que iba a soportar esa decisión y que eso, numéricamente, le bastaba.
Según reconoció Cerdán en el Supremo, lo había hablado con Antxon en sus conversaciones. La apuesta les salió bien a cambio de cesiones sin precedentes a Bildu. Así que, aunque no tuvieron más que tres contactos instrumentales, según Otegi, éste y Antxon empezaron a mecerle la cuna al presidente. Ambos disponen de información comprometedora y Alonso declara este lunes en el Supremo.
En estos momentos, es legítimo plantearse la duda sobre si cuando buscaron a Otegi recién salido de prisión, saltándose todas las líneas rojas, Cerdán y Antxon anhelaban sólo un cambio de estrategia política o ya habían ideado el modo de hacerse, presuntamente, con «el botín».

