John Gilligan, uno de los capos mafiosos de Irlanda más reconocidos a nivel internacional por su frenética actividad delictiva, salió de prisión el pasado viernes 29 de agosto tras permanecer preso casi nueve meses en un centro penitenciario español.
A principios de la semana pasada, un juzgado de Orihuela (Alicante) fijó una fianza de 10.000 euros para Gilligan, quien se encargó de abonarla con celeridad para poder volver a la calle, todavía en condición de investigado. El letrado Aitor Esteban Gallastegui ejerce la defensa del delincuente. Para conseguir la puesta en libertad de su cliente argumentó, entre otros motivos, que no existe riesgo de fuga de España o la avanzada edad de Gilligan.
En diciembre de 2024, la Policía Nacional detuvo al citado mafioso y desmanteló su laboratorio clandestino de fabricación de cocaína rosa (tusi) que tenía en un amplio chalet, donde podía fabricar entre 300 y 600 kilos de estupefaciente. Gilligan residía en el propio inmueble donde se cocinaba la droga.
Un total de ocho personas fueron arrestadas en aquella operación policial que se saldó con la incautación de más de 16 kilogramos de tusi, dos kilos y medio de cocaína, 540 litros de precursores, 93,5 kilogramos de sustancias de corte para la elaboración de drogas sintéticas y un bidón de 75 litros de metilamina. La droga incautada podría haber alcanzado un valor en el mercado ilícito que oscilaba entre los cuatro y los ocho millones de euros.
Los otros siete arrestados formaban parte de un clan familiar macedonio y estaban bajo las directrices de Gilligan. En otro domicilio también contaban con un segundo laboratorio clandestino para elaborar drogas sintéticas.
Gilligan cayó el 18 de diciembre de 2024. Eran las cuatro de la madrugada. Dormía solo, en calzoncillos y sin camiseta en su chalet de La Florida, una urbanización de Orihuela. No estaba con él Sharon, su última pareja conocida. Era la enésima detención de un histórico gánster británico con casi más muertos en la retina que años. Tras su detención, Gilligan pasó a disposición judicial e ingresó en prisión. Se le acusó de la comisión de un delito de pertenencia a organización criminal, tráfico de drogas y tenencia ilícita de armas, ya que en su casa de Orihuela se le encontró un arma de fuego oculta. La escondía entre unos ladrillos de vidrio pavés que se encontraban en la entrada de la casa desde el porche.
Gilligan había montado en su propia casa un laboratorio de tusi, una droga conocida como la cocaína rosa, por su color y porque se esnifa. Gilligan antaño tocó otra mercancía, pero ahora había dado el salto a la modernidad, las drogas sintéticas. Además de tusi,estaba enviando ketamina y metanfetaminas a Reino Unido, aunque tampoco le hacía ascos a la marihuana. También se piensa que mucha de esa droga se acabó moviendo en el mundo de la noche de la Comunidad Valenciana y de la Región de Murcia.
Pero los agentes de la Unidad de Droga y Crimen Organizado (UDYCO) de Murcia encontraron en su vivienda otros objetos casi tan valiosos como la droga incautada. Eran libretas y folios sueltos con anotaciones manuscritas del propio Gilligan.
En ellas, el gánster había ido anotando nombres de clientes -algunos, en clave- (Jaime, 777, EBBS, Villa, John, Taxi Mark), cobros realizados, cantidades de droga entregada, e incluso acuerdos con otros narcos que, a priori, se habrían cerrado trasladando ese documento de mano en mano.
«Hi, Bud. Have a new deal for you (Hola Bud. Tengo un nuevo trato para ti)», se leía en una de esas libretas incautadas por los agentes de UDYCO. Junto a una oferta a buen precio de ketamina y tusi, aparecía otra frase de Gilligan, quien parecía apurado: «Necesito dinero para pagar mis facturas tan pronto como sea posible. No lo dejes pasar, amigo».
El tusi es un término que se ha popularizado en España en los últimos cinco años para describir una mezcla peligrosa de sustancias psicoactivas. Su nombre proviene de una deformación del 2C-B, una droga sintetizada en 1974 por Alexander Shulgin, perteneciente a la familia de las fenetilaminas. En su forma pura, ofrece al consumidor efectos alucinógenos y estimulantes, tales como otros psicodélicos, como el LSD.
La mano oscura de Gilligan siempre estuvo detrás de la muerte de Veronica Guerin Turley (1959-1996), aunque nunca se le pudo atribuir su homicidio a este mafioso. Guerin fue una periodista de investigación irlandesa especializada en el crimen organizado. Fue asesinada por un encargo que se cree que fue ordenado por un cártel de la droga con sede en el sur de la ciudad de Dublín.
En 1994 comenzó a escribir artículos sobre el submundo criminal irlandés para el Sunday Independent. Dos años más tarde, después de publicar varios reportajes sobre John Gilligan y su banda, Guerin fue emboscada mientras esperaba en un semáforo en rojo en la autovía de Naas, cerca de Newlands Cross, en las afueras de Dublín. Ella no sabía que la estaban siguiendo. Recibió seis disparos de uno de los dos hombres que la perseguían a bordo de una motocicleta.

