En la cafetería Las Postas te sirven el café recién molido, 100% natural y servido en taza con la espuma justa. Una café para cafeteros que marida a la perfección con un mollete con jamón o aguacate. Pero no tienen mayonesa.
Mejor dicho, no tenían mayonesa.
En este bar de Los Palacios, un pueblo sevillano al pie de la autopista de Cádiz, hace un mes que no falta esta salsa. Tan importante es que, literalmente, lo ha ayudado a resurgir después del peor desastre desde que abrió sus puertas un par de generaciones atrás.
La relación, ya indisoluble, entre la cafetería Las Postas y la mayonesa arrancó el 20 de agosto. Y lo hizo trágicamente. A punto estuvo de provocar una desgracia.
Eran las 19.15 horas y no había mucha gente en el establecimiento, apenas ocupadas un puñado de sus 25 meses en el interior y otras tantas en la terraza. Entre ellos, un hombre rozando los 50 años de edad, que había pedido un montadito de carne mechá y una botella de agua. A la camarera que le atendió le había preguntado si tenía o mayonesa o ketchup, pero la chica le respondió que allí no tenían cocina, que solo servían a esas horas bocadillos que traían de fuera y que no había ni ketchup ni mayonesa.
Las cámaras de seguridad de Las Postas grabaron al hombre levantarse de su mesa en la terraza, en la mano la botella de agua que había pedido poco antes, y dirigirse a una gasolinera cercana. Tres o cuatro minutos después, las cámaras vuelven a grabar a este cliente, que entra desde la terraza y se dirige a la barra. No se escucha el sonido, pero interpela a otro camarero sobre la mayonesa. "¿Seguro que no tiene mayonesa?", le repregunta. El empleado le repite que no y vacía la botella sobre el mostrador, prende una llama con un mechero y lo que se ve, a continuación, es una gran bola de fuego.
"Pudo ser una desgracia, afortunadamente solo hubo daños", recuerda el dueño de Las Postas, José Antonio Caballero, a quien el susto mayúsculo se lo dieron cuando estaba de camino a la cafetería.
Un mes después, a José Antonio, dueño del grupo de restauración La Liebre, no se le ha quitado del todo aquel susto, aunque ahora se ríe y asegura que en sus establecimientos no falta la mayonesa. De hecho, la lleva hasta en sus bolsillos. "La gente empezó a preguntarme por la mayonesa y decidí echarme unos cuantos sobres en la chaqueta", dice, entre carcajadas. "Ya no me va a faltar", apostilla.
A la mayonesa le debe la gran ola de solidaridad que su caso ha despertado no solo entre los vecinos de Los Palacios -"se volcaron desde el primer día"-, sino más allá, mucho más allá. En redes sociales se viralizó el suceso y una multinacional de la alimentación, la propietaria de la mayonesa Hellmann's, se ofreció a costear por completo la reparación de los daños causados por el fuego del cliente pirómano.
Cuenta Caballero, agradecido, que hace unos días Hellmann's publicó en sus redes un post con el ofrecimiento y que se pusieron en contacto con ellos y aceptaron. La marca de salsas pagará los alrededor de 20.000 euros que va costar cambiar la barra de madera y mármol, la sustitución de los muebles que también ardieron y pintar toda la zona. A cambio, Las Postas se vinculará a Hellman's, participará en acciones conjuntas de márketing y, por supuesto, servirá mayonesa. Toda la que sea necesaria.
"Ahora mismo estamos en temporada alta de desayunos", explica el dueño de la cafetería, y para la reforma tendrán que cerrar algunos días. Por eso, han decidido posponer las obras un par de meses y, luego, reabrir con una novedad en su carta, un montadito nuevo que llevará, sí o sí, mayonesa.
Hoy se ríe, pero José Antonio, su familia y los empleados de Las Postas recuerdan con pavor aquel 20 de agosto. "Había niños, no pasó nada, pero podría haber pasado".
De aquel cliente algo más que insatisfecho no sabe gran cosa ni ha querido saber más. Al parecer, era vecino de Priego de Córdoba y se encontraba en Los Palacios de paso. Se alojaba en un hostal cercano a la cafetería y hasta allí se fue cuando le prendió fuego. Un grupo de jóvenes se fue detrás de él tras el incendio y le retuvo hasta que llegó la Guardia Civil y se lo llevó detenido. Se había quemado en una mano, la que sostenía la botella con la gasolina, y sólo acertó a decir: "No tengo nada en contra de la cafetería, solo quiero entrar en la cárcel".
El juez de guardia, después de pasar dos días en los calabozos del cuartel, cumplió su deseo y le envió a la cárcel de forma provisional y sin fianza.
José Antonio lleva dedicándose a la hostelería prácticamente toda la vida y no es una exageración. Fue su abuelo el que montó el primer negocio, la taberna La Liebre, que sigue hoy abierta, y su padre tomó las riendas a continuación. "Me he criado detrás de una barra", dice, y conoce tan bien el negocio que aquella taberna se ha convertido en un grupo empresarial que incluye, además, un servicio de cátering y varios locales en playas andaluzas. "Me gustaba y se me da bien", señala.
En tantos años detrás de la barra, sin embargo, "nunca había visto algo así", dice refiriéndose al incendio de Las Postas. Aunque el dueño de la cafetería incendiada asegura que prefiere quedarse con "lo positivo" de todo esto, con el respaldo de sus clientes y de la multinacional que les va a echar una mano.
"Lo positivo" también incluye, subraya, la donación que su grupo hostelero ha realizado a la ONG Aurora, una asociación local que ayuda a los discapacitados psíquicos "que necesita nuestra ayuda" y que se va a llevar el dinero -una parte al menos- de lo que el grupo de la familia Caballero se habría tenido que gastar en reformar su bar quemado si Hellman's no hubiese acudido al rescate.
Eso sí, el rescate de la multinacional es, de paso, una operación maestra de márketing que le ha valido aplausos y likes en las redes sociales. Un win-win, un todos ganan a celebrar... con mayonesa.

