Los vecinos cuentan que Evgenia Mijailovna Bezfamilnaya era cascarrabias, solitaria y reservada. Apenas salía de casa, salvo para acudir a la sinagoga en Kiev. Sobrevivió al Holocausto en los años 40, pero este mes de enero la mató la "desnazificación" de Vladimir Putin, que ha convertido barrios enteros en un paisaje helado en el que luchan por llegar al fin del invierno miles de ucranianos sin luz ni calefacción. La policía la encontró congelada en su casa después de que explotasen las tuberías a causa del frío. Tenía 88 años. Murió en una cárcel de hielo.
Los vecinos y los voluntarios que le traían comida suplicaron a los agentes que echasen la puerta abajo temiendo lo peor, pero en la gélida Kiev no existe ahora el olor a cadáver y hubo que negociar una entrada por el balcón. "Evgenia Mijailovna vivía en ese edificio desde que se inauguró en 1978, nos conocimos como vecinas cuando llegué a Kiev huyendo de Donetsk tras la Revolución Naranja [revuelta contra el amaño de elecciones del candidato respaldado por el Kremlin] en 2004, era una anciana pequeña y delgada", explica a CrónicaYulia Hrymchak, activista que dirige su propia fundación. Con frecuencia le llevaba comida a Evgenia. Hasta que un día dejó de contestar al timbre.
Este invierno el ejército ruso está atacando de forma repetida el sistema energético con misiles y drones. Más de un millón de personas estaban el 20 de enero sin electricidad en la capital. La estrategia rusa de dejar sin luz y calefacción a los ucranianos se está cebando sobre todo con los mayores. Algunos no pueden salir a la calle porque están débiles y el ascensor no funciona. No pueden cargar los móviles en los puntos instalados en la calle y quedan incomunicados. La diálisis y otros procedimientos médicos se ven perturbados. Hay más de mil ingresados por hipotermia en todo el país en un mes y a las personas con salud débil el frío les da el último empujón.
El día que explotaron las cañerías, cundió la preocupación por el sistema de suministro de agua y calefacción "teniendo en cuenta que en la calle había -25 grados". Nadie sabía lo que estaba pasando. Los fontaneros cortaron el agua.
Por la noche hubo bombardeos, "nadie dormía y nos escribíamos en el chat de vecinos del edificio, todos comprendieron que se trataba del apartamento de Evgenia, que lo más probable era que hubiera una rotura". Para entonces, ya se habían inundado varios pisos.
SIN FAMILIA NI APELLIDO
Yulia sabía que Evguenia Mijailovna era de origen judío: "Ella contaba que no recordaba a sus padres. Creció en un orfanato. Y allí le pusieron el apellido 'Bezfamilia', que significa precisamente "sin apellido". Aunque Rusia sostiene que hay un régimen nazi en Ucrania, Evgenia vivía su fe con normalidad. En su barrio de Podil los vecinos recuerdan que "hablaba bien yiddish y se comunicaba con mucha gente en la sinagoga".
Dentro de su apartamento en el cuarto piso, en su cama, rodeada de hielo supurando por las paredes, la policía halló el cadáver congelado. "Simplemente se la llevaron, según el protocolo", recuerda Yulia: "Yo ya no lo vi, porque no tenía la fuerza física ni psicológica para soportar todo eso, habíamos pasado mucho frío en la calle mientras esperábamos a la policía, a -18 grados, mientras los bombardeos continuaban y, a ratos, nos refugiábamos del frío en el portal".
Los medios ucranianos conocieron el caso coincidiendo con la conmemoración del Día del Holocausto. "El hecho de que la muerte de la yaya Zhenya [diminutivo de Evgenia] se conociera el día en que Putin estaba 'honrando' la memoria de los civiles que murieron de la misma muerte fría durante el asedio de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial no es una coincidencia", apunta Oleksander Sherba, diplomático ucraniano y autor de 'Ukraine vs. Darkness: Undiplomatic Thoughts'.
"Oficialmente, como causa de la muerte está indicada una insuficiencia cardíaca, pero nosotros y usted entendemos perfectamente que a una edad así y con diferentes enfermedades, con las terribles condiciones de vida en las que fue encontrada debido a los constantes ataques rusos a la infraestructura civil de Kiev... la abuela aguantó hasta el final", ha dicho el gran rabino de Ucrania, Moshe Azman, en una nota a la comunidad judía.
ESCAPAR DE HITLER, MORIR POR PUTIN
A diferencia que sus padres, Evgenia sobrevivió a la persecución de los nazis. En Babi Yar, un barranco a las afueras de Kiev, las fuerzas de ocupación nazis y sus colaboradores locales llevaron a cabo en 1941 una masacre planificada de civiles, sobre todo judíos. Tras convocarlos con engaños y obligarlos a reunirse con sus documentos y pertenencias, los hicieron caminar bajo custodia hasta el lugar, los desnudaron, les arrebataron lo poco que llevaban y los asesinaron a tiros en el borde del barranco en tandas sucesivas, haciendo caer los cuerpos sobre los ya amontonados. Evgenia tenía 3 años en esos días crueles.
La ceremonia de despedida se celebró el domingo en el cementerio judío de Barajty. En el barrio de Podil honran su memoria mirando hacia adelante. "Llevo dos semanas con un peso en el alma por su fallecimiento: una vida solitaria, una muerte solitaria", lamenta Yulia, "mis vecinos y yo luchamos cada día por nuestra vida, a veces nos escondemos de los bombardeos y otras calentamos agua para poder lavarnos de alguna manera, andamos por casa con abrigos... Las noches sin dormir y el cansancio increíble nos dejan sin fuerzas".
"¿Por qué el año de negociaciones de Trump con Putin se convirtió en el año más mortífero para los civiles en Ucrania desde 2022?", se pregunta Oleksandra Matvichuk, investigadora ucraniana y premio Nobel de la Paz, residente también en el barrio de Podil: "Porque la dimensión humana de esta guerra no les importa a los negociadores estadounidenses. Así que Putin decidió que podía hacer lo que quisiera", escribe Matvichuk.
"Dicen que morir congelado no duele. Simplemente te quedas dormido. Esperemos que así haya muerto Zhenya. Y ojalá sus asesinos rusos ardan en el infierno", añade Oleksander Sherba. Todos en Kiev temen ahora por sus mayores. "Mi padre, de 79 años, me dijo esta semana: 'No te preocupes por nosotros, un poco de frío incluso es saludable'. No van a quebrar a Ucrania", proclama.
Desde Kiev, Yulia insiste en que está dispuesta a hacer lo que sea para resistir: "Los voluntarios son toda una red de personas. Todos se conocen de una forma u otra, y con nuestros vecinos, que son personas mayores, nos mantenemos en contacto por teléfono". "Todo se basa en las relaciones humanas y la amistad... Para muchos, esta ayuda es el único medio de supervivencia, porque la pensión es muy pequeña y apenas alcanza para la comida y los servicios públicos".
Tienen mecenas que sufragan la comida para las personas que viven en la calle: "Durante los últimos 10 años, los sábados se reparten almuerzos calientes en Podil, hay fundaciones que se dedican a ello", añade Yulia: "Nos apoyamos unos a otros como podemos. A veces nos sentimos desanimados. Pero al día siguiente sale el sol, nos reconforta el alma y seguimos adelante con nuestra vida. Lo importante es elegir siempre la vida. Mientras no te maten..."

