CRÓNICA
Polémica
La crisis de la vivienda

La familia 'okupa' con las mejores vista de la bahía de Palma a la que el Obispado quiere desahuciar

Una mujer con hijos se instala sin permiso en el monumento de la Virgen de Na Burguesa. Desde allí se contempla media isla. Se niega a irse pese a la oferta del Obispado por realojarla: "No soy una villana, estaba abandonado y he creado mi hogar"

Monumento de Na Burguesa, propiedad del Obispado de Mallorca.
Monumento de Na Burguesa, propiedad del Obispado de Mallorca.Germán LAMA
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El edificio 'okupado' está en las faldas de la sierra de Na Burguesa, una atalaya natural con espectaculares vistas a la bahía de Palma. Desde allí se divisa la ciudad en toda su extensión. En los días despejados, la vista se enseñorea de media isla, abarcando hasta las montañas del norte. Es sin duda una de las mejores panorámicas de la ciudad.

Para llegar hasta allí, un camino asfaltado de dos kilómetros serpentea hasta la explanada que sirve de aparcamiento, abriéndose paso entre grandes y lujosas mansiones que en el mercado valen hasta cifras de seis ceros.

En el barrio vivía antiguamente Sara Montiel, en un gran chalé que después acabó comprando el magnate inmobiliario Mathias Kühn, pareja de Norma Duval. Algunas de esas mansiones hasta tienen ascensor para coches.

Cuando se acaban las villas, el firme de la calzada empeora y grandes socavones afean la última parte del trayecto, utilizado sobre todo por excursionistas.

El inmueble 'okupado' forma parte del conjunto monumental de Na Burguesa, presidido por una escultura de la Virgen de la Paz de 22 metros de altura. Como una sacra estatua de la libertad o un cristo del corcovado de piedra caliza, la Virgen se erige en efigie protectora de la ciudad que se despliega a sus pies.

Propiedad del Obispado

Los terrenos pertenecen al Obispado desde principios del siglo XX y hasta hace unos años en la edificación anexa a la estatua abría al público un restaurante con terraza, muy popular en la década pasada, vivero de citas románticas. El local pasó de moda, el restaurante cerró, fue cayendo en el olvido y quedó clausurado. Hoy de aquel local con vistas sólo quedan los letreros con el viejo nombre en letras de molde: Miranda.

En ese antiguo local vive ahora sin permiso de la Iglesia una familia: una mujer con sus dos hijos pequeños y, eventualmente, su ex pareja, un hombre de origen colombiano de 38 años de edad que llegó a España hace ocho.

Son los moradores que desde el otoño pasado habitan el inmueble sin permiso del propietario y a los que ahora el Obispado de Mallorca trata de desahuciar alegando que, además de no contar con autorización y haberlo 'okupado', residen sin las condiciones necesarias de seguridad, cerca de una instalación de antenas.

La Iglesia ha iniciado acciones judiciales para desalojar el inmueble, echar a los okupas y recuperar su uso y sostiene que ha dado a la familia alternativas para vivir dignamente en otros lugares, pero que las han rechazado.

Habla la familia

Allí, bajo la imagen protectora de la virgen, que sostiene una paloma como símbolo de paz ecuménica, la familia atiende a EL MUNDO para dar su versión, respondiendo ante la amenaza de desahucio sin mostrar el más mínimo ánimo de marcharse. Al menos por el momento.

A regañadientes, acceden finalmente a hablar, aunque piden que su imagen y sus nombres de pila no sean difundidos: "No somos pordioseros ni delincuentes, no buscamos fama y no queremos que nuestra imagen quede siempre vinculada a esto", se defienden. No quieren tampoco mostrar la casa que, dicen, han convertido "con esfuerzo" en un "hogar" confortable para sus pequeños. "Respeten la privacidad", llegan a decir.

La mujer y el hombre hablan uno detrás del otro.

"Cuando llegamos aquí esto estaba hecho un desastre, había gente entrando a montar fiestas, a hacer botellón y cosas malas, y un grupo de personas estaba deshuesando -destrozando, desvalijando- el edificio", relata el hombre, que cuenta que trabaja puntualmente como barbero y jardinero y que es además "productor musical".

Dice que en el lugar se inspira para sus producciones de "salsa" y ritmos populares y que compone y graba voces "con la ayuda de un ordenador". "Nosotros hemos convertido este lugar en un hogar para nuestra familia, esto no es un lugar de perdición, es un hogar para mis hijos", prosigue la mujer, que se muestra indignada por la reclamación judicial del Obispado para recuperar el uso del edificio y hacer valer su derecho a la propiedad. "Lo único que han hecho es lavar su imagen y hacerme quedar a mí como una villana, dejándome como una 'okupa' y cosas así...no somos unos villanos", replica.

"No me siento una 'okupa', soy solo una persona que está en una situación vulnerable, que ha pasado una mala situación y que ha creado un hogar allí donde no vivía nadie", agrega mientras dice que es consciente de que esta propiedad no es suya, "sólo quiero tener un espacio hasta que pueda salir de aquí, hasta que se me abra una ventana en la vida y pueda mejorar, porque sé que Dios aprieta pero no ahoga".

Las espléndidas vistas desde la casa 'okupada'.
Las espléndidas vistas desde la casa 'okupada'.Germán Lama

El hombre apostilla que cuando llegaron había otras personas entrando y saliendo del inmueble, vandalizándolo, y que una mujer les cobró "unos 700 euros" para poder quedarse allí. Según dice, algunas de sus amistades les ayudaron a pagar.

La mujer admite que el Obispado le ofreció irse a otro lugar pagando un alquiler "simbólico" pero dice que no era una vivienda sino una habitación. "¿Cómo voy a vivir con mis hijos en una habitación?", se pregunta retóricamente. "La situación de la vivienda en Mallorca es imposible, hay gente viviendo en chabolas junto a la autopista porque no se puede pagar una casa y yo no me quiero ir debajo de un puente con mis hijos".

El Obispado explicó esta semana que había ofrecido ayuda para reubicar a la familia en otra vivienda, pero que la habían rechazado e incidió en que el edificio es privado y se encuentra cerca de los tendidos eléctricos, que la situación no es segura para que se emplee como residencia.

El asunto ha causado tanto revuelo en la isla que el viernes se llegó a pronunciar el portavoz del Govern balear, Antoni Costa (PP), quien escuetamente respondió ante la pregunta de cuál es la posición del Ejecutivo.

Costa se alineó con el Obispado, defendiendo la postura de la Iglesia en torno a su propiedad privada y avalando que acuda a los tribunales para hacer valer su posición. "Si no se cumple la legalidad y no se pueden garantizar unas condiciones dignas de acogida de menores, se tiene que acudir a la vía judicial".