CULTURA
La Penúltima

Melody y los columnistas cipotudos

Si el único fracaso es acabar en penúltima posición de un festival que aplaude a genocidas, bienvenidas sean entonces las divas que fracasan.

Melody, durante su actuación en Eurovisión
Melody, durante su actuación en EurovisiónE. M.
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Cuenta Rebecca Solnit en su ensayo Los hombres me explican cosas la anécdota de que un desconocido se acercó a ella en una cena para explicarle un libro que acababa de leer. Resultó que el libro lo había escrito ella. Resultó que el hombre decidió pasar por alto ese pequeño detalle, para seguir explicándole lo que había escrito ella. La anécdota acaba con que el hombre ni siquiera se había leído el libro, solo una reseña en el New York Times.

A partir de esa anécdota, Solnit acuñó el término mansplaining. Un término que todas, por desgracia, conocemos muy bien. Ese momento en el que un hombre nos explica algo, con total condescendencia y paternalismo, aunque sepa mucho menos que nosotras sobre el tema y aunque nosotras hayamos escrito el libro del que está hablando. La imagen gráfica del mansplaining podría ser la del meme ese de un tipo acercándose al oído de una chica en una discoteca para darle la chapa. Pues bien, Melody lleva una semana siendo esa chica, con un montón de tíos que le intentan explicar a ella, coautora de la canción, por qué Esa diva no funcionó y por qué su actuación, según ellos, no estuvo a la altura.

Para saber más

Al igual que el hombre de la anécdota de Solnit, los columnistas cipotudos, que a lo sumo habrán cantado desafinando en el karaoke de una fiesta de empresa, creen saber más de música y de canto vocal que una artista con 25 años en los escenarios. Es lo que tiene el superpoder de un macho opinador, que de repente es experto en todo. Incluso en cómo se siente alguien antes de dar declaraciones. No hay un solo columnista, tertuliano o presentador de televisión que no nos haya explicado estos días cómo se sentía Melody. Y eso que ella no había abierto la boca hasta ayer.

Los columnistas cipotudos pueden ver a sus héroes enrabietados, recordemos a Alcaraz rompiendo su raqueta en Cincinnati o a miles de futbolistas peleándose en el campo, pero no soportan ver a una mujer cabreada. Y menos a una mujer cabreada con razón. Reconocerás a un columnista cipotudo, porque desde el sofá de su casa, después de meses y meses dejándote la piel sobre un escenario, todavía tendrá los santos co***** de decirte: «Menos dramas, por favor».

Si, según ellos, esto es el fracaso, yo ya no sé lo que es el fracaso. Melody tiene programada una gira en 30 ciudades y es probable que Esa diva se convierta en la canción del verano, como ya lo fue Zorra de Nebulossa o el Ay, mamá de Rigoberta Bandini. Y, si el único fracaso es acabar en penúltima posición de un festival que aplaude a genocidas, bienvenidas sean entonces las divas que fracasen.