CULTURA
La Penúltima

Razones para amar la Navidad

Hoy parece obligatorio odiar estas fechas: el consumismo, las obligaciones, tener que disfrutar a toda costa... Pero todavía hay motivos para amar la Navidad

Un fotograma de 'Love Actually'-
Un fotograma de 'Love Actually'-UNIVERSAL
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Se ha puesto el vestido bueno, aunque ahora lo tapa el mandil. El pelo, de peluquería. Está guapa la abuela. Sale de la cocina con un pequeño trofeo humeante. Una cigala. "Prueba, José María, prueba". Espera el veredicto del yerno. La comida está a punto de empezar.

Navidad es el recuerdo de una abuela alimentándonos.

El turrón de Suchard, las manos y la boca manchadas de chocolate, la carne asada de las comidas importantes.

Hoy está de moda detestar esta época. Cierto, hay motivos. Por el consumismo y las aglomeraciones, por los compromisos obligados que no nos apetecen, por esa sensación forzada de que uno debe ser feliz a toda costa en unas fechas "entrañables". Pero siento que sí hay algo genuino, muchas veces anclado a nuestra infancia, que hace posible amar este momento.

Navidad son los ritos que se repiten.

La merienda en la churrería de siempre, el azúcar esparcido sobre las mesas de metal. Los nervios en la noche de Reyes, qué difícil dormirse, qué ansia por que sea ya mañana. Las anécdotas familiares que recitamos cada año. ¿Te acuerdas? Papá se desternillaba con "la empanadilla" de Martes y Trece, el tío siempre comía las uvas impasible.

Navidad son las películas que vemos.

Una tarde del 25 en el cine, una de aventuras. También los clásicos a los que volvemos. Conocemos los diálogos, sabemos qué va a pasar. Pero buscamos la calidez de lo vivido. Cómo no ver una vez más Qué bello es vivir, Solo en casa, Love Actually.

Es imposible odiar la Navidad si alguna vez has gozado alguna de estas cosas. En El entusiasmo (Teatro María Guerrero), el hermano del protagonista -que ha perdido la ilusión por la vida- le insta a dejar de mirarse a sí mismo y observar a su alrededor. De igual modo, tal vez debamos dejar de mirar lo que legítimamente odiamos de estas fechas y comenzar a pensar en lo que alguna vez nos hizo disfrutarlas. Tal vez debamos dejar atrás lo obligatorio y habitar nuestras propias tradiciones. Y así, quizá descubras que en el fondo tú también puedes amar la Navidad.

Hace ya 25 años que la abuela enfermó, perdió aquel pelo que arreglaba con primor, se fue. Pero hoy, como siempre en estas fechas, en la mesa nos acordaremos de ella saliendo de la cocina con una cigala. "Prueba, José María, prueba". Y volveremos a reír. Porque los recuerdos de la Navidad pasada te hacen feliz.