CINE
Entrevista Chimpún

Assumpta Serna: "Fui todo lo salvaje que pude. Sustancias, sexo... En esta vida lo he probado todo al menos una vez"

Fue la primera española en saltar a Hollywood, pero no aceptó su juego: "Nunca quise lograr el éxito a cambio de sexo, aunque pude hacerlo. Me he acostado siempre con quien yo he querido"

Assumpta Serna
Javier Barbancho
Actualizado

"Mira, esta chica es española", decía mi abuela, en aquellos idealizados veranos ochenteros, cada vez que Assumpta Serna (Barcelona, 1957) salía en ‘Falcon Crest’. Era un suceso porque fue la primera en irse a hacer las Américas y lograrlo. Se marchó como estrella tras protagonizar ‘Matador’ de Almodóvar, pero el regreso a casa, a final de siglo, no fue tan amable y los papeles no fluyeron igual. Se reinventó como escritora y profesora, pero nunca ha dejado de actuar. Estrena ahora ‘La coleccionista’, una película de misterio para una de las actrices con más misterio a su alrededor de nuestro país.

¿Te gusta dar miedo?
Desde dentro no eres consciente de lo que va a sentir el público. El proceso es siempre el mismo para el actor, es un trabajo. Eliges unas acciones, estudias los obstáculos que hay para lograr el resultado que quieres y ya está. Nunca puedes estar con pudor en las escenas de sexo o llorar porque te contagie el personaje en un drama. La comedia es un poquito distinta. Acabo de rodar una en Los Ángeles y hago una criada muy graciosa. Estoy contenta porque nunca me dan ni criadas ni similares.
Tienes pinta de aristócrata, no lo puedes remediar.
Ya lo sé, pero no soy tan aristócrata, eh. Supongo que siempre he tenido clase. Es lo que más o menos ha salido de mis padres, de mi educación y de unos valores que me ha puesto la vida. Y mi altura también ha influido porque ahora medir 1,70 es más normal, pero antes era una cosa rara. La elegancia me ha servido en muchos personajes, como ‘Falcon Crest’ o ‘Matador’, y ha sido algo buscado también, he trabajado para ello. Siempre he procurado estar a la moda e ir elegante para reforzar esa idea que la gente tenía de mí. Hay que cuidar la imagen de marca.
Existe un aura de misterio en torno a ti. ¿Dónde está? ¿Qué hace? ¿Qué pasó con la estrella que se fue a Hollywood?
Yo también lo siento y está bien que me lo digas porque lo he pensado bastantes veces. En Los Ángeles trabajé mucho, pero solamente hice una película de 40 millones de dólares, ‘Jóvenes y brujas’, y otra que tuvo gran repercusión como fue ‘Orquídeas salvajes’ y cuando volví no hizo mucho ruido y la gente tampoco lo asumió. Iba a eventos o a fiestas y siempre me encontraba a alguien que me preguntaba: "¿Pero tú no estás en Los Ángeles?". Creo que la gente ahí se perdió un poco, no sabía muy bien dónde andaba yo y no contaban conmigo para ofrecerme papeles en España. Me generó un poco de desconcierto. Quería tener trabajo, pero no sabía muy bien cómo. Además, claro, la imagen de la chica sexy que yo había tenido en mi primera etapa ya no se usaba o ya no me veían. Así que se juntó todo y desaparecí un poco, de ahí el misterio.
¿Te frustró?
Bueno, no es lo que yo esperaba, pero me creó la necesidad de hacer otra serie de cosas además de actuar: empecé a escribir, dar clases, estudiar, investigar, producir… Ese proceso me hizo una persona más redonda y mejor, pero sí es cierto que despisté un poco a la industria.
Fuiste una pionera, porque te marchaste a Estados Unidos varios años antes que Antonio Banderas.
La verdad es que soy pionera en muchas cosas y no sé si eso es bueno. Al final, los segundos y los terceros son los que llevan el gato al agua mientras que para el pionero siempre es picar piedra y abrir camino a los siguientes. Bueno, es mi función en la vida y ya lo he aceptado. A los 40 sí que tuve una crisis de identidad y me paré un poquito durante año y medio para pensar quién era, qué pasaba, qué quería hacer los siguientes 40 años. Ahora estoy satisfecha con todo lo que hago, pero si dejé de actuar o hice menos películas no fue porque no tuviera tiempo, porque lo he tenido y siempre he dado señales de que yo quiero actuar porque me encanta, pero también me han interesado otras cosas. Ese poder de reinvención es importante, como Banderas cuando vuelve y hace teatro. Esta profesión hay que saber vivirla en contextos distintos.
Ibas para abogada y, de golpe, te conviertes en icono en esa España que se moderniza. Antes de irte, trabajas con Almodóvar, Saura, Camus, Bigas Luna…¿Cómo fue ese proceso?
Bueno, la verdad es que yo nunca quise ser abogada. Estudiar Derecho fue un trato que hice con mi padre para que me dejara compaginarlo con la interpretación y lo aguanté tres años. En España me fue todo muy rápido, del underground en Barcelona a triunfar en plena Movida en Madrid, pero en el fondo me parecía todo bastante amateur y tenía el interés de ver más allá, por eso me fui. No era el hecho de ser famosa de Hollywood, sino de conocer una verdadera industria porque veía que aquí las cosas estaban muy retrasadas. Es normal, hacía muy poco que había muerto Franco y aún nos quedaba mucho por recuperar. En el año 88 me fui al laboratorio que tienen en Sundance y estuve allí durante tres meses para conocer la industria por dentro y entender a la gente. Salió ‘Falcon Crest’ y muchas otras cosas después. Agradezco esa etapa, pero sí es verdad que el regreso es difícil cuando estás tanto tiempo fuera. Ya no me vendían como la guapa, no había oportunidades e igual yo tampoco las busqué.
¿Influyó la edad? Te fuiste con 30, volviste con 40.
Claro que influyó. Todo esto del MeToo sucedió hace relativamente poco y hasta entonces la gente la gente no ha sido consciente del machismo y del edadismo en el cine, de lo que significaba que las mujeres no tengamos después de los 40 la misma imagen que cuando empezamos, de lo difícil que era que nos considerarán por nuestro trabajo y nuestro bagaje. Ha costado toda una generación y un trabajo enorme que el cine español empezara a valorar el trabajo de las mujeres más allá de su físico y su edad. Este logro es muy reciente y ha necesitado mucho esfuerzo. Se ha favorecido muchísimo a las directoras que hacen su primera película y que mujeres con una carrera aún corta puedan estar dentro de la Academia de Cine para poder oír su voz. Aunque no está todo logrado, si lo comparas con lo que vivimos nosotras es otro mundo y me da mucha satisfacción que eso sea así porque he luchado mucho por ello. Yo empecé en una época dura, en pleno destape.
¿Te incomodaban los desnudos?
No. Nunca me han incomodado, igual que las escenas de sexo. Lo que sí pasó es que esa imagen sexual tan fuerte me persiguió. Llegas a América y te presentas con una película como ‘Matador’, con tantos desnudos y tanto sexo, y eso era muy fuerte para ellos en aquellos años 80. Luego ya se fue normalizando, pero entonces les impresionaba un poco. Ellos estaban en plena época mainstream y pensaban un poco que éramos unos pervertidos [risas]. Así que una mujer que afrontaba el sexo con tanta naturalidad como yo les descolocaba. No solamente a los americanos, también a los franceses.
Assumpta Serna
Javier Barbancho

¿También?
Sí. Me entrevisté con el jefe de la Gaumont y lo primero que hizo fue comentarme mis desnudos. Pensé: "Dios mío, esta es la sensación que los demás tienen de mí, es lo único que ven". Esta imagen cuesta quitártela y complica tu carrera cuando ya tienes unos años y ya buscas otros papeles. Quieras o no, ha quedado una impronta en el ADN de la gente que te ha visto y lo noto incluso ahora, gente de mi edad o un poquito más joven que me dice lo sexy que era. En su cabeza, me siguen viendo desnuda. La gente tiene esa imagen y es complicado porque la edad va pasando, tú vas evolucionando y hace ya mucho que hago otras cosas como mujer madura e inteligente, pero es verdad que el cine no sabe muy bien dónde ponerme. Creo que influye también que no tengo hijos, pues mis 67 años no son los mismos que los de una mujer que ha estado en una familia normal, yo he sido otra cosa totalmente. Mi marido (el actor Scott Cleverdon) y yo hemos hecho una vida que no tiene nada que ver con la convencional, haciendo siempre lo que nos apetecía hacer, y eso es algo que el cine quizás no me hubiera permitido.
Hablabas antes del MeToo y conociste a Harvey Weinstein.
Sí, cuando estaba en su apogeo. Me invitaron a una fiesta, me lo presentaron y estaba allí, como en un trono, rodeado de chicas jóvenes. Vi de inmediato de qué iba aquello y me fui rápidamente. He estado en medio de todas estas situaciones y he tenido que elegir qué camino tomar, si ir con tus principios o con tu carrera. No sólo en ese caso, he estado en muchas situaciones en las que sabía que si me acostaba con alguien, podía obtener algo, pero nunca lo he hecho. Porque si entras en ese intercambio estás pecando de lo mismo que el que quiere abusar de ti, ese tipo de relaciones funciona a dos bandas. Siempre que sea algo consciente y no una violación, claro.
¿Sufriste esa experiencia?
Una violación a los ocho años y otro intento a los 12. En ambos casos me defendí, me resistí y me dieron una fortaleza de espíritu enorme para el resto de mi vida. Así que no toleraba esos intercambios del cine. Sufrí experiencias desagradables de acoso y de intentos de abuso, como cualquier mujer en la industria en aquella época, pero supe reaccionar. No quería ir por la vida pensando que he logrado algo a cambio de sexo y he hecho todo lo posible para que quedara claro que aquí quien decide soy yo. Me he acostado siempre con quien yo he querido, no al revés.
¿Cuánto hemos mejorado como sociedad con este tema?
Creo que el problema es que no hemos dado un patrón de actuación a los jóvenes y veo a las chicas y a los chicos de ahora muy despistados. Sobre todo, a los chicos. Cuando tú estás continuamente diciendo que el hombre es malo, el hombre se siente malo y reacciona sin saber qué hacer. Piensa: "¿Cómo me aproximo a una mujer que me gusta?". Y como no tiene claro qué puede hacer cara a cara, si puede o no aproximarse tocándola, decide que por internet se soluciona todo mejor o que, ante la falta de una relación normal con mujeres, disfruta de una cosa más retorcida que no es amor. Buscan otras soluciones precisamente porque no existe ese patrón claro que teníamos antes: si a mí me gusta este, voy y se lo digo.
Pero eso pueden seguir haciéndolo.
Sí, pero les han dicho que son malos y que te pueden meter en la cárcel. Yo, siendo mujer, siempre me he comportado en esto como un hombre porque he escogido a las personas con las que quería estar y entiendo que si me hubieran quitado esa posibilidad en mi época, de explosión hormonal me hubiera provocado un gran despiste. Y eso es lo que yo veo en los chicos jóvenes que vienen a mi escuela. En las chicas jóvenes veo que tampoco saben muy bien qué tipo de hombre tienen que buscar para que sea realmente un buen compañero. Luego ha habido todo ese apogeo de las diversas identidades sexuales que, a la larga, también ha sido un problema porque han tenido que decidir cosas que antes no se decidían sino que, simplemente, eran un hecho. Eso provoca un poco de confusión de a ver quién soy yo. Entonces, respecto a la pregunta que me hacías, hay cosas que sí han mejorado y otras cosas que han empeorado porque se ha hecho una revolución sin saber dar a los jóvenes propuestas claras de cómo vivir y comportarse tras esos cambios. Entre eso y que les tocó de pleno la pandemia, son muy timoratos y es una pena.
Tú fuiste joven en una época y un ambiente muy diferente.
Opuesto. Recuerdo cuando a finales de los 80, con el sida, la gente tenía miedo a acostarse con otros porque igual podías morir. Tenías que tener mucha entereza para decir: "Yo voy a tener las relaciones sexuales que quiera igual". Yo lo hice porque el miedo es algo impuesto por la sociedad y no me gusta. No voy a decir que entonces había más libertad, pero sí había menos miedo. Hace poco presenté un pase en la Academia de ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’. Es una película impensable de hacer ahora y que sería imposible que tuviera el éxito que tuvo, pero no porque no te permitieran hacerla, sino porque nadie se atrevería y el público se ofendería al verla. Hemos ido un poquito atrás en esa apertura de miras. Los que vivimos esa época teníamos la sensación de que tú eras el que tenía que hacer la revolución después de Franco. Remangarse y decir: "Esto lo hago yo y lo quiero así". Y todo eso a la vez que vivíamos a tope.
¿Fuiste muy salvaje?
Todo lo que pude y quise. La gente no dormía, por las mañanas se trabajaba y por las noches se iba de juerga hasta que el cuerpo aguantase. Y aguantábamos. Disfruté muchísimo todo y todo es todo. En esta vida he tomado de todo y lo he probado todo, sean sustancias, sexo… Nunca he dicho no a algo, lo he probado todo al menos una vez y luego ya he decidido lo que me gustaba con conocimiento de causa. He vivido a fondo siempre y creo que eso es lo que me ha dado una riqueza de maneras de pensar. La curiosidad, el entender que nada es intrínsecamente bueno o malo, es lo que me ha definido. Esa sensación de apertura mental es algo que me falta en la juventud de ahora.
¿Estás conforme con tu vida o cambiarías algo?
Mira, una vida tienes que vivirla y tienes que vivirla a fondo. Pienso vivirla así hasta que me muera porque nunca he tenido miedo y no voy a empezar ahora. Hay cosas que haría distinto, seguro, pero elegir sabiendo el desenlace es trampa. Hay que vivir la edad que uno tiene y no arrepentirse de nada.