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Amanda Seyfried, actriz: "Podría dedicarme a la política, si quisiera. Pero prefiero intentar ser una buena persona"

La protagonista de Mamma Mia! y Mank interpreta a la líder de una secta del siglo XVIII en El testamento de Ann Lee

Amanda Seyfried.
Amanda Seyfried.Taylor Jewell
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"Tengo seguidores; podría dedicarme a la política si quisiera. Pero prefiero intentar ser una buena persona, no es tan difícil". Así es como Amanda Seyfried resume su receta -fácil solo en apariencia- para estar en el mundo. Zúrich la recibió en su festival de cine como a una heroína, y ella correspondió con una generosa interpretación de sí misma llena de ironía y encanto. La protagonista de Mamma Mia! y Mank, la chica que marcó a toda una generación con Chicas malas, bromeó con el público antes de repasar los momentos clave de su larga carrera. «Ayer comí queso todo el día», dijo, hinchando el orgullo de los suizos, «¡y sorprendentemente, no le dio ningún problema a mi cuerpo!». Luego coló una serie de anécdotas sobre el camino que ha recorrido hasta ahora, con cierta predilección por la palabra «suerte».

En realidad, más que suerte hubo una determinación obsesiva desde que vio Romeo+Julieta con su padre, a los 10 años. Desde entonces, Amanda ha superado los tiempos de los trastornos obsesivo-compulsivos, la ansiedad y el pánico y ha encontrando un equilibrio entre la familia y el trabajo, entre la pasión por la música y el oficio de actriz. Madre de dos hijos junto a su marido, Thomas Sadoski, en el Festival de Cine de Zúrich también habló sobre dos películas: El testamento de Ann Lee (estreno en España el 13 de marzo), donde interpreta a la fundadora del movimiento religioso de los Shakers, y La asistenta, que pasó por las salas de cine el pasado mes de enero.

Ann Lee vivió a finales del siglo XVIII y fue una líder espiritual y una gran actriz, a su manera.
Era una mujer increíblemente apasionada, y también, profundamente marcada por el trauma. Encontró a Dios tras perder a cuatro hijos. Dos nacieron muertos y los otros dos murieron antes de ser adultos. Esa experiencia la destrozó, la hizo caer de rodillas. Se unió a una comunidad religiosa y más tarde creó su propia secta, el movimiento Shaker. La llevó de Manchester, en Inglaterra, al norte del estado de Nueva York, y desde allí se expandieron. Hoy viven cerca de donde vivo con mi familia. Esa coincidencia me sorprendió mucho.
Propuso una sociedad utópica e igualitarista.
Los Shakers construían muebles y cestas, fueron quienes inventaron las escobas como las conocemos hoy. La única moral restrictiva que impuso Ann Lee era sexual y eso se explica por el trauma de haber haberlos perdido a sus hijos. Veía la castidad como el único camino hacia la santidad, hacia Dios. Obviamente, fue una elección extrema, pero sus seguidores la aceptaron. Sus hijos podían entrar en la comunidad, pero no podían tener más. Los niños eran bienvenidos pero los embarazos, no, Nadie podía acostarse con nadie.
Para saber más

La directora Mona Fastvold quería hacer un musical.
Pero no teníamos tanto dinero. Nos quedó el sentido del ritmo. La forma de caminar, moverse y bailar, las canciones... Tuve que aprenderlo todo a la manera de la década de 1870.
O sea, que nació para ese papel.
Porque canto y porque ya había trabajado con Mona en algunos proyectos para televisión. Ella me adora y yo la adoro, y por eso pudimos hacer la película.
La música es de Daniel Bloomberg, ganador de un Oscar por The Brutalist.
Su apartamento estaba muy cerca del mío cuando rodábamos en Budapest. Me dijo un día: «¿Puedes dedicarme unas horas?». Y yo le dije: «Puedo dedicarte 45 minutos, porque luego me pongo con la cena de los niños». Toda mi familia estaba por allí, incluso mi perro. Así que tomaba una copa de vino y ensayaba las canciones en el salón de su piso. Me gusta esa forma de trabajar: mirar algo, escuchar, grabar, volver al mismo asunto tras un par de noches.
Amanda Seyfried.
Amanda Seyfried.Taylor Jewell

¿Fue fácil aprender la coreografía?
¡Odio bailar! Pero tuve que aprender por qué los Shakers bailaban, se sacudían... Se ponían frenéticos y rezaban con todo su cuerpo, como si fuese algo que les viniera del estómago. Eran movimientos diría que primitivos, gritos, sacudidas, sonidos sin articular... Nunca había hecho una película así. Actuar fue como entrar en ese movimiento religioso, porque tenía la sensación de vivir una experiencia espiritual.
Cuando aún estaba en el instituto se mudó a Nueva York para empezar a actuar. ¿Cómo lo ve ahora?
Pienso en mi hija y me digo a mí misma que nunca la dejaría irse de casa a los 16. Pero demostré que sentía pasión por actuar... Estaba claro que la interpretación era lo que me movía.
¿Sus padres la acompañaron?
Mi madre se esforzó mucho. Me llevaba a Nueva York en un autobús que tardaba una hora y 40 minutos. Pasé mucho tiempo en ese autobús, desde los 11 años hasta los 16. Empecé a cantar a los 10 años con un profesor particular. Cuando tenía 16 estaba entregada a la interpretación. Entonces, empecé a trabajar y mis primeros papeles hicieron que la fascinación que sentía por todo ese mundo fuese aún más intensa.
¿Estuvieron bien encaminados sus primeros pasos?
Entré en una serie de televisión y fue una experiencia maravillosa. Me sentí segura. Tuve a mi primer novio y tuve un buen papel con bastante texto. Tuve mucha suerte.
Después llegó Chicas malas. ¿Con qué tecla dio?
Contó dinámicas entre chicas adolescentes que nunca cambiarán. Recuerdo cómo era yo en el instituto: fingía ser un poco tonta, porque no quería dramas ni que la gente hablara de mí a mis espaldas. Rosalind Wiseman, que escribió el libro, y Tina Fey, que escribió el guion, entendieron que la gente necesitaba a personajes como el mío para para reconocerse a sí misma, para sentirse menos sola.

"Podría dedicarme a la política, si quisiera. Pero prefiero intentar ser una buena persona"

. ¿Por qué su personaje, Karen, funcionó?
Porque la conocía bien. Karen fingía ser tonta y, en realidad, era un poco ingenua. Era divertida en esa tensión.
¿Su hija ha visto Chicas malas?
Tiene ocho años. Cuando llegue a secundaria la verá, y estoy segura de que le encantará.
Poco después, coprotagonizó Mamma Mia! junto a tres gigantes del cine: Meryl Streep, Pierce Brosnan y Colin Firth.
Mi vida cambió radicalmente. Conocí a mis mejores amigos gracias a esa película. Pude cantar. Todo lo que había aprendido durante años cobró sentido. Y pasamos todo ese tiempo maravilloso en una isla griega... Pero me llevó mucho tiempo conseguir ese papel.
¿Por qué tardó tanto en entrar en el reparto?
Hubo una primera audición con lecturas del guion. Después, me llamaron para hacerme una prueba de verdad ante 12 personas en una sala. Tenía que actuar como si mi vida no dependiera de ese momento. Eso es increíblemente incómodo, pero es otra parte del trabajo del actor: fingir que todo es gracioso. Luego, durante días, esperas. Escribes a tu agente la frase de siempre: «¿Hay alguna novedad?».
¿Cómo lleva lo de las expectativas?
Siempre daba por hecho el rechazo, que nada saldría de nada... Era una forma un poco sombría de manejar las expectativas. Sin embargo, en esa época de Mamma Mia! me sentía muy viva. No tenía miedo de no lograr lo que esperaba.
Ya conocía a Tom Hanks, uno de los productores de Mamma Mia!.
Ya tenía un buen contacto en él, ¿verdad? Estaba trabajando en una serie llamada Big Love, que también fue producida por Playtone. Y Tom Hanks me conocía bien de esa época, sabía de lo que era capaz. Esa fue mi oportunidad, mi puerta de entrada. Y me ayudó mucho.
¿Ya no tiene que luchar por un papel hoy?
Alguna vez.
La tercera Mamma mia! ¿existirá?
No depende de mí, pero sé que hay gente trabajando en ello. Todo depende del dinero. Es una película cara de producir.
¿Cuándo conoció a Meryl Streep?
Fui a una prueba de vestuario y ella estaba allí. Fue tan acogedora, tan maternal... Y esta actitud me permitió romper el hielo de inmediato. Creo que ella notó que estaba aterrorizada. En el rodaje tuve momentos de felicidad pura. Estaba Meryl Streep, que interpretaba a mi madre, y estaba Dominic Cooper, con quien estuve en pareja durante muchos años.
¿Fue el rodaje de la secuela igual de bueno?
Fue una prueba de fortaleza. Llegué al set y ya conocía a la gente. Y la gente me conocía a mí. Pero entonces era madre, tenía marido, una nueva perspectiva de la vida... Creo que mi bebé tenía cuatro meses cuando viajamos al rodaje en Croacia y yo todavía necesitaba mucho apoyo. Mis padres y mi marido vinieron conmigo, todos estuvieron allí para ayudarme. Seguía dando el pecho...
¿Qué otros recuerdos le quedaron?
Recuerdo que me perdía en la isla y, a menudo, me quemaba con el sol. El hijo de Pierce Brosnan dejaba animales muertos en la puerta de mi casa. La habitación de Colin estaba al lado de la mía, tengo tantas fotos de nosotros charlando en balcones contiguos, mirando el mar...
Entre los dos musicales llegó Los Miserables. Cantaron en directo, ¿verdad?
Fue una idea brillante, casi revolucionaria. No sabían cómo grabar las voces junto al sonido, así que decidieron que usáramos un micrófono pequeño insertado en el exterior del traje, pintado para que no se viera. Cantar te hace sentir vivo, te ayuda a pasar por cualquier proceso emocional.
Sé que estudió ópera durante dos años y que durante cinco años tuvo una profesora de solfeo. Sin embargo, ha dicho que no se sentía con fuerzas para actuar y cantar como en un teatro musical...
Me encantó Los Miserables, pero me costó mucho. Me costó el acento en las partes cantadas, porque tenía que sonar como la reina de Inglaterra. Ahora ya no sabría cómo hacerlo. Como mucho puedo imitar la pronunciación de Manchester.
¿Qué tipo de cantante es?
Soy soprano de coloratura, pero en realidad soy imprecisa en mi categoría. Siempre me ha costado cantar en directo. Me ha faltado la resistencia, el control de la respiración, la fuerza del diafragma para estar realmente orgullosa de lo que cantaba. Soy consciente de ello, pero Los Miserables es preciosa y me gustó mi interpretación.
También estuvo en Mank, con David Fincher.
Me divertí, pero Fincher es extremadamente meticuloso. Y yo estaba cansada de la voz interior que me acompañaba desde Los Miserables: «Eres un desastre, eres un desastre, eres un desastre...». Bueno, lo superé, de verdad. Quería hacer feliz a David, ser la Marion Davies que él había imaginado. Pude explorar y profundizar más en este personaje más que en cualquier otro que he hecho, porque hacíamos 30, 40, 50 tomas, Netflix tenía el presupuesto.
¿Qué le diría a un actor joven al respecto?
Que nunca se sentirá completamente seguro. Y si le pasa, probablemente haya algo mal.
¿Cómo se llega a ser buen actor?
Con suficiente pasión y trabajo llega un punto en el que eres bueno. Creo.
¿Le gusta observar a la gente?
Soy actriz, eso es lo que hago. Absorbo a las personas, las observo, las imito. No puedo evitarlo: quiero estar ahí donde están, capturarlas, reflejarlas. Cuando alguien me fascina, no puedo evitar imitarlo, por alguna razón. Es divertido, un ejercicio que me gusta hacer.
Es madre de dos niños. ¿Este oficio ayuda o dificulta la vida en familia?
Cuando no estoy trabajando, siempre estoy en casa. Pero la fase de preproducción de cualquier proyecto me estresa mucho, porque siempre hay algo en lo que tengo que llegar a ser realmente buena. Por ejemplo, los acentos. Necesito al menos tres meses para cada papel, para imaginar, leer, escuchar, adentrarme en su mundo.
¿Tiene tiempo para hacer otras cosas?
Tengo hobbies y tengo animales que cuidar, mi tiempo está muy demandado. Ahora que mis hijos son mayores, mis días son un poco diferentes. Tengo más tiempo porque están en el colegio. Así que voy a la ciudad para trabajar en los proyectos que aparecen.
¿Qué personaje espera?
Me encantaría interpretar a una cantante famosa en un biopic, pero no a Joni Mitchell. Ya lo están haciendo con otra actriz y sería una responsabilidad demasiado grande. Yo elegiría a alguien como Eva Cassidy, me encantaría. Su historia es conmovedora, murió muy joven, de cáncer, y tenía una música y una voz maravillosas. Me encantaría interpretarla. Porque quiero seguir cantando, cantar ha sido lo mejor de mi carrera.
¿La responsabilidad de ser una figura pública le pesa o le divierte?
Tengo seguidores, podría dedicarme a la política si quisiera. Pero no creo que sea una buena idea. Mucha gente me escucha, muchos jóvenes, así que tengo que ser una buena persona. No es tan difícil para mí.
¿El siguiente proyecto?
Lo empezaremos a rodar en primavera y será una comedia para la televisión. No puedo esperar. Es tan bueno hacer reír a la gente... Siento que ahora lo necesito mucho.
Hay otra película suya este año, La asistenta. Es la protagonista y también una de las productoras.
Es una película perturbadora y divertida. El guion de Rebecca Sonnenshine está basado en el bestseller de 2022 de Freida McFadden y la película ha sido dirigida por Paul Fei. Puedo decir que es un thriller psicológico ambientado en la alta sociedad y que el papel puso a prueba mis habilidades cómicas.
¿Cuál es su papel?
Soy Nina, una mujer muy rica con una mansión lujosa donde vivo con mi marido Andrew Winchester (Brandon Sklenar). Buscamos a una criada y nos suceden cosas sorprendentes. Mi personaje es una mujer que fuerza todo para que las cosas sucedan, digamos que es un personaje dentro de otro personaje. Algunos diálogos son absurdos, por eso también funcionan. Y, básicamente, nadie es lo que parece.
¿Leyó el bestseller antes de rodar la película?
No lo había leído. Es una de esas obra que parecen hablar sobre nuevos comienzos... Pero pronto se convierte en un sutil juego de seducción, escándalo y poder. En la que nadie está realmente a salvo.