Ahora que las canciones son el patrón oro para medir el éxito de un músico y que vivimos en el imperio de la escucha rápida y fraccionada, los discos conceptuales han vuelto a hacerse fuertes. ¿Cómo es eso posible? Y lo que es más importante, ¿es una buena noticia? ¿O significa que tendremos que pasar de nuevo por toda la parafernalia seudo trascendente y flipada que definió finales de los años 60 y todos los años 70, cuando aquellos discos gigantes como óperas de chichinabo trotaron desbocados hasta el agotamiento?
Y no cualquier lanzamiento, sino algunos de los más importantes, influyentes y escuchados del planeta en 2022.
En España está el Motomami de Rosalía, por supuesto. Puede que usted lo ame o puede que usted lo odie; puede incluso que le produzca ambos sentimientos combinados. En cualquiera de los casos es seguro que ha escuchado algunas de sus canciones y que tiene una opinión sobre el conjunto (sobre el concepto), que es precisamente uno de los triunfos del disco. Un disco celosamente conceptual, repleto de guiños internos y enhebrado todo él con una estética de sonido muy concreta y referencias líricas y musicales que se mantienen de principio a fin, pese a ser, también, una original colección de singles (Rosalía, recuerde, decidió alejarse de la ambición conceptual que definió la grandeza de El mal quereren 2018 para apostar por la canción como su formato de referencia, con megaéxitos de tres minutos en 2019, 2020, 2021...).
Libertad, originalidad, poder, feminidad o autenticidad son algunos de los conceptos que recorren el disco tiktokero de Rosalía, que ya casi en septiembre sigue siendo el que acumula mejores críticas entre la prensa anglosajona.
Flashback rápido: el disco más importante del año pasado en España fue El madrileño de C. Tangana, otro álbum conceptual. Aquella gran verbena castiza se escuchó y mucho por separado, pero por encima de todas las canciones destacaba la solidez de un conjunto firme como un paso de Semana Santa.
Pero el pimpante regreso del álbum conceptual no es un fenómeno español, de hecho es un fenómeno internacional que han sabido ver, listos como son, Rosalía y C. Tangana.
A principios de año fue The Weeknd el que lanzó esa obra maestra del electrofunk ochentero llamada Dawn FM porque es como la emisora de radio que escucharías mientras escapas del purgatorio y amanece en tu vida. Sus canciones se pueden escuchar de manera independiente y superan las millonadas de reproducciones en internet a las que está acostumbrado el cantante y productor canadiense, pero además están conectadas formando un ciclo sonoro que evoca la salida metafórica de la oscuridad, un leitmotiv que también está conectado con el sentimiento liberador del fin de la pandemia.
No es una idea muy alejada del Renaissance de Beyoncé, también un disco inmenso, tremendo de verdad, impulsado por un sinfín de ritmos alucinantes que suenan como pelotas de squash en una cámara acorazada y que aglutina referencias del dance-pop de los años 70, 80 y 90: un largo viaje hedonista que celebra el baile, la cultura negra y la alegría de vivir en un álbum tan macizo como los cuádriceps de la propia artista. Es una obra maestra, su gran obra maestra, y alcanza precisamente esa categoría porque el conjunto es mucho más que la suma de las partes.
No menos magistral y aún más ambiciosamente conceptual es el máximo candidato a mejor disco de hip hop de 2022: Mr. Morale & the Big Steppers, de Kendrick Lamar. El rapero premiado en 2017 con el Pulitzer de música, un reconocimiento reservado hasta entonces a la música clásica y el jazz, concibe los discos como películas, con una historia y una temática comunes. En este caso, las 18 canciones del volumen funcionan como una visita al psicólogo, con confesiones, recuerdos, sueños y reflexiones.
Este regreso del disco conceptual no es ninguna paradoja, aunque pueda parecerlo. Es cierto que la industria musical ha dejado de medir el éxito en álbumes y ahora lo hace en canciones: es como si hubiera dejado de calcular en kilos y ahora lo hiciera en gramos (mmm, una comparación desafortunada: mejor olvídela; sigamos). Hacer ahora el esfuerzo de crear un álbum a la antigua puede ser sin embargo una buena estrategia para intentar asegurar un mayor compromiso de los seguidores, incluso para recuperar a antiguos seguidores ofreciendo un producto "especial" con el que establecer una conexión más profunda. Además, puede impulsar el número de reproducciones de las canciones menos potentes del conjunto.
En un mercado tan saturado y fracturado como es el de la música pop actual, la perdurabilidad de los lanzamientos es equivalente a la de una mosca, cuya esperanza de vida está entre 15 y 30 días, aunque durante ese tiempo puede llegar a poner hasta mil huevos. Del mismo modo, las canciones de éxito viven muy poco, aunque pueden ser muy productivas -y algunas también resultan tan molestas como las moscas-. Un disco conceptual puede alargar la relevancia de sus canciones mucho más tiempo y desafiar la fugacidad que define el consumo en internet con una apariencia de significado trascendental.
En la década pasada las playlists sustituyeron al álbum (y a la radio) como experiencia de escucha musical predominante, de una manera más marcada entre el público joven, el público mayoritario de la música pop. Por eso los discos de Rosalía, The Weeknd o Beyoncé se escuchan, también, como una playlist totalmente nueva de esos artistas. Son lo suficientemente variados en temáticas, influencias, sonido y tono para que escucharlos enteros sea "entretenido".
El mejor ejemplo de un nuevo álbum concebido como una playlist, y realmente el paradigma de todo este fenómeno, es Un verano sin ti de Bad Bunny. J Balvin ya lo intentó en 2020 con el decepcionante Colores, mientras el puertorriqueño, su sustituto en la cúspide del estrellato latino, ha puesto en línea todos los algoritmos como si hubiera descodificado Matrix. Su quinto disco contiene 81 minutazos consagrados al disfrute del verano desde un amplísimo repertorio de estilos caribeños de ayer y de hoy.
Ya sabemos que Benito será el artista más escuchado del mundo en Spotify por tercer año consecutivo, pero el éxito arrollador y global de su nueva música se basa en el poder del conjunto: eso explica, mercadotecnia aparte, que sus 23 canciones, las 23, hayan estado entre las más escuchadas del mundo en las plataformas digitales. El rey de la escucha en internet no se había vuelto loco cuando lanzó un álbum conceptual.
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