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Una mañana, Tristán! (Madrid, 2004) despertó con un reloj puesto en su muñeca. Pensó que la sonoridad del sintagma Tristán, ahora con reloj tenía cierta gracia. Y, sin darle muchas más vueltas, lo comentó con los dos amigos con los que estaba haciendo música en ese momento. Todos rieron y él decidió estamparlo como título de un disco, su primero, que ni siquiera había empezado aún a componer.
La historia tiene algo de anecdótico, pero también es una declaración de intenciones del integrante más joven del clan madrileño Rusia IDK -que engloba a Rusowsky, Ralphie Choo, Drummie y Mori-. No hay en él ninguna intención de trascender y su primer álbum es la misma imagen de ello. «No me tomo muy en serio ni a mí ni a mi propio proyecto. Nunca he tenido una gran ambición y quizás es una cosa de pudor lo que me lleva a no tomarme tan en serio. No tenía sentido que presentara un álbum muy solemne, quería que fuera fácil de escuchar», explica el cantante mientras mastica un cruasán y apura un café.
Tristán! -el nombre artístico de Tristán Rodríguez- tenía, de hecho, preparada una playlist de referencia la semana antes de meterse al estudio. Acabó descartándola y montando una nueva junto a Roy Borland y Teo Planell, sus productores y también colegas, que fijó el disco. Ya no habría tanto de la experimentación de sus primeros singles -aunque hay sonidos jazz distorsionados, arreglos electrónicos de todo tipo, exploraciones psicodélicas...- sino una estructura pop más clásica. «Hay experimentación en algún sonido, pero mayoritariamente es pop. Nos hemos centrado en hacer un álbum que nos gustase a nosotros, sin pensar en una potencial audiencia o en que pudiese ser disfrutable para un público más mainstream», detalla.
Y el apunte al mainstream es importante en este caso. Porque dos de sus compañeros de generación, Ralphie Choo y Rusowsky -que ha hecho su primer Movistar Arena este año-, ya han comenzado a asaltarlo. Su pop electrónico es ahora tendencia y revoluciona el entorno musical español pese a que sus inicios se circunscriben al puro underground y a la producción independiente de Rusia IDK, la discográfica que da nombre al grupo. «Yo, honestamente, no me veo ahí. Llenar un Movistar como hizo Russ no va conmigo, no me llama. Siempre me ha interesado la escena underground, mientras pueda vivir de ello ahí seguiré. Me siento más cómodo, creo que ese salto lleva a cosas que invaden tu proyecto o a una presión a la que tampoco quiero enfrentarme. No quiero dar el salto al mainstream. Si, de forma completamente aleatoria y casual, me llega, me parecerá bien, pero no es nada que busque conseguir».
Ahora mismo, las tendencias musicales parece que ya le han situado en ese lugar. «No lo digo por nada, ¿eh? Que luego estaba en el Movistar de Russ y pensaba que qué bien que esta música que hace cuatro años parecía imposible que pudiese resonar tanto esté ahí. Creo que nos hemos convertido en el nuevo mainstream un poco por azar, tampoco se ha buscado. Ni Ralphie, ni Rusowski lo hicieron, ellos siguen haciendo la música que les apetece. Creo que nuestra música se distancia de la que hacen Lola Índigo, Aitana u otros estandartes del mainstream», apuntilla Tristán!.
Para entender esa escalada hay que profundizar en los lazos culturales que los integrantes de Rusia IDK han ido tejiendo desde sus inicios, vinculados a eso que se dio en llamar bedroom pop -«esa fue una etiqueta reduccionista, un manto para colocar un montón de música muy distinta que la gente no entendía», apunta-, con unos integrantes produciendo las canciones, los EP y los álbumes de otros. Sus proyectos están plagados de colaboraciones cruzadas, además. Este disco de Tristán! incluye una con Russowsky y otra con Mori. «Para mí este grupo tuvo muchísima importancia al principio. Y, bueno, ahora también la tiene. Compartimos referencias, nos enseñamos canciones y hemos creado algo estimulante que se va moviendo y que nos vamos contaminando los unos a los otros. El lazo de la amistad influye mucho en nuestra música».
Todos ellos comparten, aunque con matices, un estilo común, un enfoque irónico y una mirada a la industria musical. «La autoproducción nos ha dado libertad y ha abierto un montón de puertas a poder hacer un montón de música. Firmar con las discográficas es una decisión un poco individual, depende del momento y también del factor económico. Las majors son una forma de poder vivir de la música y yo no estoy en contra de ellas. Pero a mí me gusta que mi música no esté firmada por ninguna multinacional, que dependa de un sello más independiente. Me gusta pensar que si ha tenido éxito ha sido de una forma más orgánica, no por firmar con una multinacional», expone Tristán!, que durante casi una hora va desgranando algunos matices de su álbum pese a que lo de trascender no fuera con él.
«Me sigue resultando difícil mirarlo con perspectiva, pero estoy contento de haberme liberado, de que ya sea de todo el mundo», asegura el madrileño, y descarta una de las etiquetas que y se le ha puesto: nostálgico. «Creo que esa es una palabra que nos viene más dada de fuera, no pensamos en esos términos. Quizás sea nostálgico, pero no era la intención. Este álbum está hecho entre amigos y tiene mucho sentido del humor, hay mucha ironía para hacer que todo sea un disfrute».
Recuerden, lo del reloj.



