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La noticia más esperada, la que tenía al mundo del toro en vilo y al nuevo empresario de la plaza de Maestranza sin vivir, se ha conocido horas después de que se filtrase parte del cartel del Domingo de Resurrección. José María Garzón había cerrado a Roca Rey y David de Miranda según ABC -su apoderado Enrique Ponce salía ayer de las oficinas de la Maestranza, contaba Aplausos- , pero faltaba conocer la baza principal, la carta escondida en la manga: Morante de la Puebla reaparecerá en Resurrección. Apenas seis meses después de cortarse/quitarse la coleta el 12 de octubre de Las Ventas regresa a los ruedos.
La decisión de volver el próximo 5 de abril en Sevilla, casi sin haberse ido, porque no le han dejado, no ha podido, no ha querido o simplemente lo necesita desde un enfoque clínico, vendrá arropada de otras tardes en el abono maestrante con una especial que obsesiona al maestro: resucitar la tradicional fecha del Corpus Christi.
Morante, que ayer se probaba de nuevo en la finca portuguesa de Álvaro Núñez, se había reunido con Garzón a principios de diciembre en Marinha Grande (Portugal) y después de la festividad de Reyes en La Puebla del Río. Fue entonces cuando el empresario colgaba en su perfil de guasap una foto con el maestro en la que decía: "Soñando".
Y de tanto soñar -y días y días de atasco para confeccionar los carteles que presentará el 9 de febrero en Cartuja Center- resulta que va a tener a Morante de la Puebla en su debut como empresario de Sevilla en Resurección, el Corpus, dos tardes más en feria -una puede que otra vez con David de Miranda- y "un hueco libre en San Miguel, por si el Maestro decidiera torear", matizaba la nota de prensa oficial de José María Garzón. Cinco en total. Pero la duda ahora estará en saber si el genio de la Puebla, depues de una temporada antológica como la del año pasado, hará campaña. De momento la margarita de su regreso queda deshojada y será en Sevilla por Resurrección.
Son cuatro las veces que Morante de la Puebla se ha despedido en toda su carrera, y en ninguna ha estado un año sin torear.
La primera fue en 2004, cuando tuvo que marcharse a Miami para tratarse, señales primigenias de la enfermedad psiquiátrica: trastorno disociativo, una depresión profunda. Cortó de golpe en la temporada de 2007 tras matar seis toros en solitario en la Corrida de la Beneficencia de Madrid, cuando aún lo apoderaba Rafael de Paula. Entregó los honorarios íntegros a una orden religiosa y anunció un nuevo adiós por "pérdida de la ilusión", otro modo de bautizar la tristeza.
Regresó en la temporada de 2008. La tercera vez que se despidió ocurrió en el verano de 2017 después de un mano a mano con un Juli arrollador en El Puerto de Santa María. Morante se manifestó aburrido del sistema taurino, contra los veterinarios y presidentes que imponen un toro muy grande, dijo, un animal que va contra el espectáculo y en especial contra el "toreo de arte". Volvió en mayo de 2018 en la plaza de Jerez de la Frontera.
No hace falta ser muy perspicaz para observar que, a pesar de todas las interrupciones, no ha habido en la carrera de Morante de la Puebla ni una sola temporada en la que no haya toreado desde su alternativa en 1997. Siempre reaparecía al año siguiente de decir adiós. Sin el toreo, no hay nada. Todo apuntaba, a pesar del arrebato de cortarse/quitarse la coleta, a que volvería a suceder: "No es una retirada, es un descanso" declaró en el New York Times como ampliación de la frase que pronunció como profético matiz en la habitación 219 del hotel Wellington la misma noche de su adiós: "Me la he quitado [la coleta], no me la he cortado".

