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Morata, cuando el ruido interior es peor que el ruido del estadio: silencio, llanto y personas de soporte en el fútbol y los negocios

El jugador escoge el Día Mundial de la Salud Mental para confesar los problemas sufridos durante una carrera marcada por las inseguridades, la tutela del padre y cambios de equipo hasta el éxito de la Euro

Morata, cuando el ruido interior es peor que el ruido del estadio: silencio, llanto y personas de soporte en el fútbol y los negocios
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Tres días antes de que España se enfrente a Alemania, durante la Eurocopa, la cúpula del Atlético celebra la puesta de la primera piedra de la Ciudad Deportiva. Uno de sus miembros recibe una llamada: Morata se queda. No es un gag. Las miradas se suceden, no sin incredulidad. Hay razones. Los mismos interlocutores habían escuchado del propio jugador, semanas atrás, su deseo de dejar el fútbol español, hastiado por críticas y pitos insoportables para el delantero. Habrá más cambios. Después de asegurarse con esa llamada la continuidad, se anuncia su marcha al Milan. Morata se va. Tampoco es un gag. La sorpresa es relativa y la comprensión aconseja silencio, el mismo que han tenido en el Atlético durante un tiempo difícil para el futbolista, tratado por episodios depresivos que sólo unos pocos, entre ellos Diego Simeone y Miguel Ángel Gil, conocían. Los motivos de algunas ausencias en el terreno de juego no siempre habrían sido físicos, pero la respuesta oficial se repetía: «Unas molestias». Morata, pues, se va, huye del ruido del estadio, mientras Álvaro intenta huir de su ruido interior: «Tienes una persona dentro de ti contra la que tienes que luchar».

Para saber más

La confesión del jugador, al abrirse en canal frente a Alberto Herrera, en la Cope, es un paso fundamental en busca del equilibrio que no ha encontrado en su vida. Las indecisiones de los últimos meses son una muestra de lo que ha sido su carrera, marcada por las inseguridades y los cambios constantes de equipo en busca de una paz imposible, porque la huida del estadio era la huida de sí mismo. Morata habló del pánico, de la vergüenza, de los miedos, de todos los problemas que conocen las personas afectadas por los males de la mente. El estrés es un acelerador y nada es tan estresante como la alta competición. Lo contó el pasado 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental, hecho que no parece casual y explica de qué forma ha hecho Morata causa de su problema.

Morata, en el partido de España en Córdoba.
Morata, en el partido de España en Córdoba.Julio MunozEFE

PERSONAS DE SOPORTE

Un acto de liberación, terapéutico, que puede ayudar a Morata, de 31 años y padre de cuatro hijos, en el tramo final de su carrera. Pero también un acto de valentía para un futbolista al que personas que lo han tratado a lo largo de su carrera observaban como alguien generoso, pero algo inmaduro, que necesitaba la seguridad de otros a su lado, soportes, fueran familiares, asesores, compañeros o pareja. La figura de su padre, Alfonso Morata, bien relacionado con periodistas por su pasado en el departamento comercial de la Cadena Ser, ha sido omnipresente, tan «fundamental» en su desarrollo profesional, para algunos, como «excesiva», en opinión de otros, como si el jugador no hubiera acabado de romper el cordón umbilical emocional. Preocupado por todo lo que se hacía y decía, llegó incluso a planificar para su hijo entrenamientos con sprinters jamaicanos que le ayudaran a mejorar su velocidad.

El papá del futbolista se repite en muchos otros casos, Iniesta, Neymar, Messi... Sucedía en el pasado con la mamá de la corista. Entonces, sin tantos medios de comunicación ni redes sociales, el rol era casi exclusivamente de custodia, virginal y económica. En el mediático fútbol actual, en cambio, hablar por el futbolista puede generar confusión y hasta desconfianza en los medios, clubes y vestuarios.

lA ALARMA DEL LLANTO

Los padres suelen estar presentes en los negocios, a veces catastróficos, como le ha sucedido a más de uno de los campeones del mundo en 2010. A Morata le han ido mejor, mucho mejor, pero en la actualidad el padre ya no tiene el peso ni la implicación societaria del pasado. La adquisición del paquete mayoritario de Manolo Bakes, que fabrica los sabrosos 'Manolitos', es una de sus inversiones, pero hay más. Algunos proyectos los ha llevado a cabo junto a su ex mujer, Alice Campello. Persona de carácter, la italiana habría intentado fortalecer emocionalmente al jugador. «Por favor, que no quiero llorar, que luego Alice me regaña», desveló Morata, mientras era coreado, en la celebración de la Eurocopa. Una de las imágenes del torneo fue su llanto en el banquillo durante los últimos minutos del partido contra Alemania, mientras era consolado por Remiro. No era la primera vez que compañeros de Morata lo presenciaban, extrañados y alarmados.

Luis de la Fuente se unió a ese grupo de personas en las que encontraría apoyo, como de uno u otro modo lo había encontrado en distintos momentos en su padre, su madre, Susana Martín; su agente, Juanma López, o su pareja. También en compañeros como Nacho, otro tipo de convicciones firmes. La posibilidad de irse a jugar Arabia tenía sentido no sólo por el dinero, sino por hacerlo junto al ex madridista y en el equipo de Míchel, alguien que lo siguió en su etapa de formación y siempre creyó en su despegue. Lo mismo ha sucedido en los negocios, al encontrarse con empresarios o ejecutivos con los que tiene, además, sintonía generacional, como Pablo Nuño, personaje central en la 'operación Manolitos'. En ese círculo se mueve también Víctor López, hermano del ex tenista Feliciano López.

la descomposición de la campeona

El hecho de que De la Fuente asumiera ese rol protector iba a ser fundamental para Morata, que había sufrido, en carne y hueso, la dura transición entre la España campeona y la actual. La Eurocopa 2016, el torneo del adiós de Vicente del Bosque y las malas caras de Casillas, fue su primera gran experiencia. Sus tres goles no sirvieron de nada, con España eliminada en octavos. Se ahorró el esperpento de Rusia, en 2018, al no ser convocado, pero el Mundial siguiente, en Qatar, acabó de forma similar, pese a sus cuatro tantos. Sólo en la Euro aplazada por el Covid, en 2021, estuvo a un paso de la final. A la siguiente, levantó el título.

Morata, con el Milan, su nuevo club.
Morata, con el Milan, su nuevo club.ISABELLA BONOTTOAFP

El Morata capitán no es el modelo Hierro, Puyol o Raúl, de personalidades pétreas. Es alguien que busca consensos, más allá de alguna pequeña riña con Rodri, y cuida los detalles con los que están en la última línea, jugadores, ayudantes del técnico o utilleros, algo valorado en un grupo de antidivos. Ya no lo son. Los títulos despiertan los egos, así que veremos en adelante. Veremos también qué efecto produce en Morata este viaje catárquico a Milán. En Italia siempre dijo sentirse reconocido y querido. Incluso parecía expresarse con más seguridad en sus declaraciones en italiano que en las que realizaba en los medios españoles, marcado por su voz atiplada. Turín o Londres, con regresos a Madrid, fuera al Bernabéu o al Metropolitano, no le permitieron encontrar el equilibrio. Ahora es distinto, porque su confesión fue como un exorcismo, fue como sacar a esa persona que dice llevar dentro, mirarla de frente y acallar el ruido que produce, peor que el ruido del estadio.