- GP de Italia Clasificación y tiempos
- Crónica Crónica Verstappen vuela, McLaren se lía y Alonso rompe la suspensión en Monza
- Mundial 2025 La lucha entre Piastri y Norris
La emoción duró hasta que Max Verstappen puso todo en su sitio después del arranque más agresivo y con más acción de la temporada. Luego, todo fue tranquilidad para el holandés en una carrera más propia de sus años de dominio con Red Bull que de 2025. Me sorprendió Lando Norris y su pulso inicial con Max, cuando hubo más codicia que en muchas otras salidas esta temporada. Quizá eran ya demasiados pulsos perdidos, quizá demasiadas acusaciones veladas en el paddock juzgando su blandura en los momentos importantes. No sirvió de mucho porque su liderato al frente de la carrera fue fugaz. Sólo lo disfrutó durante un suspiro, cuando Max le cedió la primera posición para evitar una sanción de los comisarios (se había saltado la primera curva en la salida), luego Max le volvió a pasar y Verstappen se fue.
No quiso McLaren perseguir a Mad Max en la pista, sino que optó por una estrategia diferente y cruzar los dedos para que sonase la flauta. Pero la flauta no sonó. En Monza, este fin de semana, no eran imbatibles. Tampoco pusieron un especial empeño, porque podían permitirse el lujo de perder una carrera una vez que los dos campeonatos están ya encarrilados. El GP de Italia se había convertido en una especie de procesión en las primeras posiciones hasta que la escudería de Woking volvió a recordarnos al equipo con errores del año pasado. Llamaron a Oscar Piastri a boxes antes que a Norris, asegurándole al británico que no había ningún peligro, que no perdería la posición con su compañero.
Pero hacer estrategias de equipo invertidas -detener al que va detrás antes que al que está por delante- puede generar situaciones indeseadas. La parada de Piastri fue perfecta, pero la de Norris no. Fue tan lenta que cuando salió del pit lane tenía, en efecto, a su compañero por delante. El lío en el muro fue descomunal, porque debían decidir si le decían a Piastri que le dejase pasar o no. Si no lo hacían, Lando saldría, por culpa de un error del equipo, con tres puntos más de desventaja en el campeonato. Si lo hacían, tenían que decirle a Oscar que le dejase pasar y darle un razonamiento más o menos lógico para hacerlo.
Piastri escuchó el mensaje por radio de su ingeniero Tom Stallard, no compartió el razonamiento (un fallo en un pit-stop forma parte de la posibilidad de ganar o perder carreras), pero dijo que lo haría por el equipo. Esto forma parte de ese buenismo que impera hoy en día entre los dos pilotos que luchan por el Mundial 2025. ¿Se imagina alguien que hubiera pasado en 2007 si hubiese ocurrido esto con Lewis Hamilton y Fernando Alonso en aquella batalla encarnizada? ¿Qué hubiese ocurrido si les dicen algo igual a Ayrton Senna o Alain Prost durante la apasionante resolución de 1989? Quizá la Fórmula 1 se ha domesticado, pero yo prefería las carreras donde nadie cedía un milímetro y la rivalidad estaba muy por delante de la cordialidad y el buen rollo.
Del resto del GP de Italia me quedo con la impotencia de Ferrari, la línea de aprendizaje de Gabriel Bortoleto que promete convertirse en un piloto grande, la invisibilidad de Mercedes, la poca relevancia de Andrea Kimi Antonelli y la marabunta de VIPS que hace que un gran premio se parezca cada vez más a una atracción turística desbordada.
¿Los españoles? Me niego a decir nada hasta que en algún momento alguno de los dos tenga un golpe de suerte. Fernando Alonso hizo magia el sábado y parte del domingo. Colocó el coche en lugares imposibles, pero su suspensión se rompió en carrera. Fallo de fiabilidad. Carlos Sainz progresaba convenientemente hasta que un toque con Oliver Bearman le hizo trompear. El británico de Haas fue penalizado, pero la carrera del madrileño estaba ya destrozada. Un nuevo golpe bajo. Otra vez a seguir remando contra el viento.
