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La forma en la que se afronta la adversidad establece la condición competitiva. Es difícil, pues, saber qué se puede esperar de un equipo hasta que no va por detrás en el marcador. España no lo había estado en toda la primera fase, por lo que se trataba de una prueba por la de que debía pasar. Georgia no es uno de los adversarios que la llevan al extremo, pero en esas situaciones, importa el trance, no el rival. Le sucedió también a Inglaterra frente a Eslovaquia. La selección reaccionó mucho antes que los pross, gracias al disparo de Rodri, pero es evidente que la presión lastra la velocidad y contamina la precisión con las que España puede ser diferencial frente a cualquiera. Ante Georgia era suficiente con una versión menos brillante. Ante lo que viene, no.
España saltó a ser España sin preguntarse qué quería ser Georgia. Cuando lo hizo ya iba por detrás en el marcador, porque el encuentro respondía al plan de partido de Sagnol: paraba Mamardashvili y corrían Kvaratskhelia y Mikautadze. Todo lo demás no importaba.
En la búsqueda de la reacción, España no encontró su juego, sino a sus mejores futbolistas, en concreto a Rodri, Lamine Yamal y Nico Williams. El primero tiene ese gol patentado. Le dio una Champions al City, la primera a Guardiola lejos del Camp Nou, y nadie sabe si ahora vale una clasificación para los cuartos de la Eurocopa. Yamal ofreció un centro a Fabián que fue como si le lanzara una caja de bombones. Ninguno, sin embargo, con la exuberancia de Nico Williams, en la carrera, en la finta sobre el defensor y en el gol. Tampoco Dani Olmo.
El duelo que viene, el viernes, ante una Alemania arrolladora, junto a su público y con el VAR bien calibrado, va a necesitar de una España que sea capaz de repetir colectivamente algunas de las cosas que hizo ante Italia. Pero más aún de una España en la que aparezcan ese grupo de futbolistas descarados que lideran Nico Williams, Yamal o Cucurella, el correcaminos que llega a todas partes. A Lamine se le resiste el gol en el torneo, pese a tener mucho más que el delantero del Athletic. A los 16 años, tiene muchas Eurocopas por delante, claro, pero el fútbol es presente. El futuro nadie lo conoce. Que se lo digan a Ansu Fati.
El único que sabe cuál es el suyo es Toni Kroos, que va a dirigir a una Alemania que lo tiene todo frente a España, a la que tanto conoce. Tiene mando y tiene fuego, un fuego al que la defensa elegida por De la Fuente todavía no se ha enfrentado. Ante ese fuego, mejor desatarse que intentar contenerlo, mejor el riesgo que el miedo. Que España sea Nico, sexo y rock and roll.

