MUNDIAL 2026
El desván de Alfredo

El día que Simeone convirtió la vida de Beckham en un infierno: "Le cayeron con todo"

La expulsión del inglés por la picardía del argentino en el Mundial de Francia'98 devino en una odisea personal para el futbolista entonces del Manchester United, que fue repudiado por todo un país

Momento en el que Beckham, junto a Simeone, ve la roja en el Argentina-Inglaterra del Mundial de 1998..
Momento en el que Beckham, junto a Simeone, ve la roja en el Argentina-Inglaterra del Mundial de 1998..GETTY
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-Todo buen equipo debe tener dos argentinos y ningún inglés.

Eso me dijo Santiago Bernabéu, terminante, cuando le pregunté por qué no había fichado ningún británico. Precisamente él, que construyó la universalidad del Madrid con jugadores traídos de tantos países enjundiosos en fútbol. Los ingleses eran, me dijo, demasiado ingenuos, fáciles de engañar. Al revés que los argentinos. Aquello me saltó a la memoria cuando David Beckham picó como un párvulo el anzuelo de Diego Simeone en el Inglaterra-Argentina de Francia-1998.

Era la tercera vez que esos dos países se enfrentaban en la Copa del Mundo. La primera fue Chile-1962, tiempos de Jimmy Greaves y José Sanfilippo, sin roces apreciables y con victoria británica (3-1). Pero en Inglaterra-1966 se produjo una de las escenas más polémicas en la historia del fútbol: la expulsión del capitán argentino, Antonio Rattín, por sus reiteradas protestas al árbitro alemán Rudolf Kreitlein. Se resistió a salir, se sentó en la alfombra roja que llevaba al palco de Wembley, luego rodeó el campo con paso lento, desafiante, y retorció la 'Union Jack' del banderín de córner. Los dos países se intercambiaron epítetos después: "Animals!" desde Inglaterra a Argentina, "¡Piratas!" en el recorrido inverso. A España-1982 acudieron ambas con la Guerra de las Malvinas aún sin concluir, aunque a punto de ello, pero no les tocó enfrentarse. En México-1986 llegó el célebre partido de los dos goles de Diego Maradona, uno con "la mano de Dios" y el otro volcando un camión de ingleses. Venganza futbolística de la derrota militar.

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Francia-1998 les enfrentó de nuevo, esta vez en octavos de final. Fue, claro, el partido más esperado de los mismos. Las dos selecciones habían sido campeonas del mundo y el enfrentamiento reavivaba conflictos aún recientes. Glenn Hoddle, seleccionador inglés, una de las víctimas de aquel desparramo de Maradona doce años antes, declaró: "Por culpa del gol con la mano de Maradona estuve tres días sin dormir". Del lado argentino no hay declaraciones altisonantes. Al mando está Daniel Passarella, el capitán campeón de Argentina-1978, que lleva al grupo con una disciplina severa y monacal. Hacen los entrenamientos rodeados de lonas para que nadie vea sus ensayos y no permite salidas ni visitas en la concentración. Sus jugadores sienten claustrofobia y rabian cuando ven en la tele a los brasileños riendo en la montaña rusa de Disneyland París, pero Passarella es inflexible ante sus quejas.

La cita es el 30 de junio en Saint-Étienne y hasta allí se desplazan 20.000 ingleses, la mitad sin entrada. Los pandilleros locales no les reciben bien, así que la víspera hay agresiones, detenciones, escaparates rotos, bares cerrados, coches incendiados... El día del partido la seguridad asciende a 1.500 hombres, que establecen estrictos controles para que los hinchas de los dos contendientes entren por recorridos separados. La capacidad del remodelado estadio Geoffroy-Guichard es de 42.000 espectadores. El número de ingleses y argentinos (con mayoría de emigrantes en Europa y menos bronquistas) es equivalente, 10.000, mientras otros tantos británicos se quedan fuera, sin entrada.

El partido comienza trepidante. A los 16 minutos está 2-1 para los ingleses, tras adelantarse Argentina con un penalti transformado por Gabriel Batistuta, empatar Alan Shearer por el mismo medio (este fue penaltito) y adelantar Michael Owen a los suyos, en gran jugada. Al borde del descanso empata de nuevo Javier Zanetti, en una acción de pizarra que "la veníamos practicando tres años y nunca había salido". El juego es bueno, cada uno en su estilo. El Burrito Ariel Ortega despliega un festival de caños.

Nada más comenzar la segunda parte, Simeone topa por detrás con fuerza desproporcionada en la divisoria de los dos campos a Beckham, que cae. Falta. Cuando Simeone se retira, caminando hacia atrás, el inglés levanta el talón derecho, golpeándole en la corva, lo que aquel aprovecha para hacerse el muerto. El árbitro danés, Kim Milton Nielsen, muestra la roja a Beckham, una decisión rigurosa, quién sabe si para compensar el cuarto y mitad de penalti que pitó a favor de Inglaterra, error que bien pudo alguien haberle señalado en el descanso. Beckham se va, lloroso, abucheado por todo el estadio. No jugó el primer día, entró como suplente en el segundo, esta vez fue titular, estaba jugando bien, y de repente se ve expulsado. El resto del partido y la prórroga discurren sin más goles, y en la tanda de penaltis David Seaman sólo para uno y el argentino Carlos Roa, dos. Argentina sigue, Inglaterra se va fuera. La tele enfoca a Mick Jagger, en el palco, echándose las manos a la cabeza.

Los dos protagonistas, en un derbi madrileño.
Los dos protagonistas, en un derbi madrileño.EFE

No era la primera expulsión en 130 años de un internacional inglés, contra lo que a veces se ha escrito, ni siquiera la primera en un Mundial. Antes les pasó a Martin Peters Mullery (1968), Alan Ball (1974), Trevor Cherry (1977) y Ray Wilkins (en México-1986). Pero esta se tomó a la tremenda por el rival y las circunstancias, que incluyeron la eliminación. Beckham se sintió decepcionado por la mirada de sus compañeros, de los que no recibió ninguna palabra de ánimo. "Sólo la mañana siguiente tuve un consuelo, cuando Alex Ferguson me llamó y me dijo: chico, no te preocupes, descansa tres semanas y cuando regreses a Manchester te sentirás bien entre tus compañeros".

Pero no fue tan fácil. El día siguiente, nada más aterrizar en Heathrow, choca con la dura realidad. El partido lo han visto 25 millones de ingleses, superando incluso el seguimiento del funeral de Diana de Gales, récord previo. Se le considera una deshonra nacional y estallan todas las antipatías incubadas hacia su figura: su aire de niño mimado, sus devaneos capilares, sus pujos de modelo, su novia Victoria Beckham, la 'pija' de las Spice Girls, su ostentoso Porsche, su cara mansión, su condición de ser, con 23 años, el futbolista mejor pagado de Inglaterra. En el aeropuerto se deshace en excusas: "Es el peor momento de mi carrera (...). Me siento culpable por lo que he hecho (...). He pedido perdón a mis compañeros y a los directivos de la FA (...). Quiero que los hinchas sepan que lo siento mucho (...). Sólo espero tener en el futuro la oportunidad de contribuir a éxitos de la selección en la Eurocopa del 2000 y el Mundial de 2002." Glenn Hoddle le ayuda poco: "Beckham ha sido un estúpido, pero he visto su reacción en la moviola y la expulsión me ha parecido excesiva".

Los titulares del día son sangrantes, en especial el 'Daily Mirror': "Diez leones heroicos y un niño estúpido". 'World Soccer': "Un hombre arruina la Copa del Mundo". 'Daily Mail': "Un momento de locura costó las esperanzas de ganar la Copa", mientras dentro calificaba la acción como un "petulante acto de represalia". 'Daily Star' tituló: "Beck Off" y dentro pedía: "Abrid la Torre de Londres y meted allí a Beckham por alta traición". 'The Sun' se hizo con sus cartillas escolares y entresacó observaciones críticas de sus profesores para concluir: "Beckham siempre fue un necio". Las radios abren todo el día sus micrófonos a los oyentes, que sin excepción exigen que se le expulse de la selección para los restos.

Cuando interviene 'la pija' Victoria para defenderle es todavía peor, así que al día siguiente deciden tomar el Concorde a Nueva York, para quitarse de en medio: "Volé allí para estar tranquilo y en la llegada me esperaba en el aeropuerto un equipo de televisión que me acosó por los pasillos. Luego fuimos seguidos por reporteros toda la estancia allí". Channel 4 le incluyó en su lista de los cien ingleses más odiados con el número 91, lo que casi fue un alivio para él.

El primer partido tras el verano fue la visita al West Ham, que distribuyó 30.000 tarjetas rojas entre sus seguidores para recibirle. Aún escocía en el equipo londinense la marcha al United de su ídolo, Paul Ince, que de hecho sufrió una agresión al salir del campo tras su primer partido allí con los mancunianos, así que se sumaron dos efectos. La irritación subió tanto de tono que Bobby Moore, capitán campeón en Inglaterra-1966 y leyenda del West Ham, pidió antes del partido que dejaran a Beckham en paz, pero ni por esas. Hubo que protegerle con seis guardaespaldas dirigidos por Ned Kelly, célebre acompañante durante mucho tiempo de Eric Cantona. Un gorila experto en espantar pandilleros cuyo prestigio agrandaba la coincidencia en nombre con el del más célebre forajido australiano del siglo XIX. La madre y Victoria tuvieron la mala ocurrencia de acudir al partido para darle ánimos y el gentío las echó cuando fueron identificadas.

Argentino e inglés se saludan tras un Inter de Milán-Manchester United.
Argentino e inglés se saludan tras un Inter de Milán-Manchester United.AFP

Al menos, el sábado siguiente recibió el aplauso de los suyos en Old Trafford cuando se acercó a la esquina a sacar un córner. Fue un gran consuelo. Pero en la calle no todo el mundo era del United; los del City le atormentaban. No podía salir a pasear, ni siquiera bajarse del coche a echar gasolina sin que le insultaran. Cada semáforo rojo era un suplicio. En Londres, la casa de sus padres estuvo acosada durante meses. Colocaban fotos suyas pintarrajeadas (hasta 28 contaron un día) y con comentarios ofensivos. Cada partido lejos de Old Trafford fue un concurso de insultos, desde la estación hasta el estadio, ida y vuelta, y dentro de él. Al menos el fútbol le compensó: aquel año el United ganó la Premier, la FA Cup y la Champions, esta en Barcelona, con los dos célebres goles en el descuento ante el Bayern, en lo que Jorge Valdano definió como "el minuto del siglo".

Cuando Inglaterra perdió 3-2 contra Portugal en la Eurocopa-2000, se retiró haciendo una peineta al sector que le abucheaba, señal de que el conflicto seguía latente. No fue perdonado hasta su gol de golpe franco a Grecia que clasificó a Inglaterra para Japón y Corea-2002, mandando a Alemania a la repesca. En aquel Mundial tuvo su pequeña revancha, al marcar el penalti que permitió a Inglaterra batir a Argentina, en la que aún jugaba Simeone. Ya se habían enfrentado en los cuartos de final precisamente de la Champions 1998-99, uno en el Manchester, el otro en el Inter. Se dieron un abrazo, intercambiaron camisetas y Beckham declaró: "No puedo culpar a Simeone por mi estúpida reacción. Él hizo su trabajo y lo que ocurrió fue mi responsabilidad". Volverían a jugar uno contra otro una vez más en el derbi madrileño. Entre ellos nunca lo hablaron, aunque sí comentaron el asunto por separado. Simeone resaltó la admiración que le produjo la fuerza de carácter de su antagonista: "Le cayeron con todo y él supo rehacerse." Con los años, el propio Beckham supo sacar una conclusión positiva: "Después de aquello tuve que crecer muy rápido y afrontar muchas cosas que estaban pasando en mi carrera. Esa expulsión cambió todo para mí. El recuerdo es doloroso, pero no hubiera sido el jugador que fui ni la persona que soy sin aquello".

El deseo de los que no querían verle más en la selección no se cumplió: se retiró de ella con 115 partidos como tercer jugador con más presencias en la misma, tras jugar otras dos veces la Copa del Mundo, Japón y Corea-2002 y Alemania-2006. A Sudáfrica-2010 no acudió por rotura del tendón de Aquiles.