El cambio de ciclo está en el aire. Por mucho que a corto plazo pinten bastos, los expertos ya empiezan a percibir la apertura de oportunidades de inversión decentes. Incluso en la renta fija. Tras tantos años de sequía en ese apartado, parece que ya toca un poco de optimismo. Especialmente en el caso de la deuda soberana con que los Gobiernos de todo el mundo hacen frente a sus necesidades financieras. Los bonos del Tesoro o soberanos a través de los que se canalizan lo han pasado mal últimamente y no están aún para tirar cohetes, pero se aproximan a un momento muy interesante.
Marco Giordano, especialista de inversión de Wellington Management, recuerda divulgativamente que, en general, "los mercados de deuda soberana se encuentran entre los más amplios y líquidos del mundo, y suelen ser una inversión de bajo riesgo que los inversores realizan para reducir la volatilidad de su cartera y preservar su capital en circunstancias económicas turbulentas, cuando las clases de activos de mayor riesgo, como la renta variable, tienden a obtener resultados significativamente inferiores".
En principio, sin embargo, la teoría dice que los rendimientos de los bonos aumentan sobre todo cuando las economías van bien, la inflación aumenta y los bancos centrales empiezan a subir los tipos de interés. Pero el contexto actual es peculiar: "Si bien la economía mundial se está desacelerando, en gran parte debido a la política monetaria de la Reserva Federal de EEUU, la inflación se mantiene en máximos de hace varias décadas. Esto se ha visto impulsado por factores como la reducción de la globalización, que ha dividido el mundo en esferas regionales de influencia, el impacto de la subida de los precios de la energía, y un nuevo conjunto de objetivos políticos que requieren más política fiscal. Además, la política de los bancos centrales está revirtiendo años de relajación cuantitativa".
Pero al depender el rendimiento de los bonos de los demás instrumentos financieros, también pueden tener su punto en los periodos de desaceleración económica o incluso de recesión porque, "suelen obtener mejores resultados que las acciones, ya que los inversores se preocupan por la protección del capital", como decía Giordano, que pone el ejemplo de lo que sucedió en 2008. Y, en cualquier caso, la inflación les sienta bien a los bonos, como ilustra "el periodo entre 2016 y 2018 en EEUU: mientras el crecimiento económico continuaba, la rentabilidad de la deuda estadounidense pasó del 1,4% al 3,2%, ya que la Fed subió los tipos más de un 2%".
Pramod Atluri, gestor de renta fija en Capital Group, insiste en lo especial de nuestra época: "La renta fija y la renta variable no suelen caer en a la vez en un mismo año, y 2022 ha sido la única excepción en 45 años: no pasaba desde 1977". Coincide en achacarlo a la agresiva subida de tipos para combatir la inflación y en que, "una vez que la Fed baje el ritmo, los bonos de calidad deberían volver a ofrecer estabilidad relativa y un mayor nivel de rentas".
Oliver Eichmann, director de rates de renta fija en EMEA de DWS, pone un ejemplo práctico, con cifras muy concretas, del bono alemán. "Una cesta de bunds a 10-30 años ha perdido el 40% de su valor desde su nivel máximo, alcanzado en marzo de 2020". Dato depresivo para quienes compraron en su momento, pero "buena noticia" para "los potenciales compradores" actuales: "Quien invierta ahora en una cesta de bonos gubernamentales europeos recibirá un rendimiento del 3%, que representa un colchón bastante decente. En cuanto al riesgo de tipos de interés y, por lo tanto, el riesgo de pérdida de valor, nuestro escenario principal prevé que los bonos soberanos a más largo plazo ya rozan sus máximos del ciclo. Si aumentasen un punto porcentual, registraríamos pérdidas de algo más del 3%. Pero, si después se mantuviesen estables en 2024, esta pérdida se vería compensada".
Además, quienes prefieran contar con un colchón de tipos de interés mucho más alto, para lo que, obviamente, también tendrán que asumir mucho más riesgo, "pueden invertir en high yield [bonos con un alto riesgo de impago porque los países que lo emiten tienen mala calificación crediticia] europeo, cuyo índice general rinde ahora mismo un 8,5%". Pero ojo, "el número de emisores que tendrían que caer en impago para que el índice sufra pérdidas es asombrosamente alto". Y, sobre todo, tal y como están las cosas, el inversor "deberían plantearse cuánto perderán si mantienen el efectivo".
En su informe de inversión para este año, Credit Suisse también sostiene que "la probable normalización de la inflación en 2023 debería hacer más atractivos los activos de renta fija", y considera que los bonos soberanos de larga duración de EEUU "deberían ofrecer interesantes oportunidades", aunque advierte: "Los riesgos para esta clase de activos son una nueva volatilidad de las tasas debido a una inflación superior a la esperada".
Jim Cielinski, responsable global de renta fija de Janus Henderson, matiza que EEUU y Europa parecen ofrecer mejores oportunidades que el Reino Unido, "que podría sufrir una indigestión por la elevada oferta". También observa que los indicios de un repunte de los tipos en EEUU "podrían favorecer la deuda de los mercados emergentes", cuyos exportadores se beneficiarían también de un repunte de la economía china. Y recuerda que "algunos países emergentes, como Brasil, endurecieron su política monetaria antes de tiempo y ya han logrado moderar la inflación".
Dado que los rendimientos en EEUU han subido tanto en los últimos 12 meses, en Wellington creen que los bonos del Tesoro de este país son interesantes: "Ofrecen rendimientos atractivos, pero también protección en caso de ralentización del crecimiento o recesión, ya que su valor podría aumentar a corto plazo". A medio y largo plazo, dicen, los bonos de alta calidad se han vuelto "muy atractivos. Por primera vez en una década, los inversores europeos pueden ganar alrededor de un 2% anual invirtiendo en bonos globales de alta calidad, si se incluye también el crédito corporativo. Ampliar el espectro de países a los mercados emergentes también puede aumentar la rentabilidad, pero es probable que la volatilidad sea mayor".
Por su parte, Álvaro Antón Luna, Country Head Iberia de abrdn, sitúa entre los perdedores de 2022 a los bonos vinculados a la inflación, que han experimentado una caída del 10%. Para sorpresa de muchos, "se hundieron cuando la Fed subió los tipos agresivamente para salvar su credibilidad". Eso sí, "en caso de recesión, su rendimiento debería ser fuerte, aunque fuera acompañado de una caída de la inflación, ya que las plusvalías de un repunte de los tipos de interés dominarían la caída de los ingresos por inflación".
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