La novela La edad del vicio (Alfaguara), de Deepti Kapoor, se ha convertido en un best seller global. El The New York Times lo compara nada menos que con El Padrino. Otros medios, con Los Soprano o Succession. Todos le añaden a la etiqueta comparativa el adjetivo "indio". Porque (y aquí el toque exótico definitivo para el éxito) la trama discurre por los diferentes escenarios de la India actual, con estampas muy distintas de las que dibujan los tópicos.
Una escena memorable marca el tono. En un pueblo pintoresco aparece "un grupo de juerguistas, indios que viven como los extranjeros", pero que "no se parecen en nada a ellos", indios "jóvenes, ricos y glamurosos, sin miedo a mostrar lo que son, sin miedo a los barrios bajos, bien recibidos en todas partes, encantados de haberse conocido. Viajeros poco preocupados por la autenticidad". Los hippies están escandalizados. "Una española, esquelética y con la piel muy curtida por el sol, de cuarenta y tantos," les espeta: "Tendréis dinero, pero habéis perdido vuestra cultura". El grupo "estalla en carcajadas", pero el semblante de uno de sus miembros se oscurece: "No somos ni animales del zoo expuestos para su deleite ni los nativos sonrientes que necesita para completar su iluminación espiritual (...) Si hablara nuestro idioma, lo sabría".
Un nuevo orgullo se eleva por el Levante de nuestra vieja Europa. Aunque las cifras son difíciles de contrastar, la ONU asegura que la India acaba de superar estos días a China como país más poblado del mundo, con alrededor de 1.425 millones de habitantes. Todo un símbolo. Su embajador en España, Dinesh Kumar Patnaik, afina la estadística para proyectarlas: "Todos los países envejecen y nosotros nos acercamos a los 700 millones de menores de 30 años. En un futuro cercano, el consumo, el crecimiento, la mano de obra... Todo vendrá de la India". Esa mentalidad prospectiva le da una vuelta de tuerca a la comparación con China: "Nuestro PIB está en 3,5 billones de dólares, como el de China en 2008, y ellos están ahora en 17 billones. Eso significa que hemos cruzado un umbral que, en un camino normal de crecimiento, nos debería llevar a entre 10 y 15 billones en los próximos 10 años. Un salto enorme. Estamos a punto de convertirnos en el tercer mayor país del mundo, aunque nos llevará más tiempo superar a Estados Unidos y China". Ambicioso...
APUESTA DE APPLE
Amol Gogate, gestor de fondos de renta variable emergente en Carmignac, coincide en que "es probable que la India siga siendo la gran economía de más rápido crecimiento del mundo en los próximos años. Es ya una importante fuente de talento tecnológico y habrá aún más demanda de ese talento a medida que se generalice la inteligencia artificial y el aprendizaje automático". Además, "a diferencia de otros países, como China", añade Patnaik, "somos autosuficientes, nuestro único problema es la energía: importamos el 70-80%. Pero ya superamos a Alemania en producción de energía renovable".
La gran cuestión es si el resto del mundo se cree ese brillante futuro. Apple ha elegido estos días para abrir su primera tienda en el país, mediática visita de Tim Cook a Bombay incluida. The Economist tituló "Por qué está apostando Apple por la India" un reportaje que abundaba en las posibilidades de los nuevos consumidores indios. "Antes todo el mundo iba a China por los bajos costes, pero después del Covid, la guerra de Ucrania y demás, prefieren un país de menor riesgo, democrático, con seguridad jurídica, política y económica", sostiene Patnaik.
Para continuar en su línea de crecimiento, India debe ponerse al día. "Necesitamos carreteras, aeropuertos, puertos marítimos, autopistas, líneas eléctricas... Y las empresas españolas son muy potentes en infraestructuras", sugiere Patnaik, que incluye también oportunidades en salud y educación. En total, calcula que en los próximos 10 años el país necesitará una inversión de "al menos 15 billones de dólares". Gogate cree que la India ya "ha progresado significativamente en la construcción de infraestructuras", lo que puede suponer un "auge de la fabricación. La India no será un sustituto de la fabricación china, pero ya está ganando cuota en sectores como la electrónica, la industria farmacéutica y los productos químicos especializados".
ESPERA
Antonio Fournier, presidente del Consejo Asesor de LLYC y de la empresa india Brahm en España, matiza que la India lleva tiempo siendo la gran oportunidad. "A título personal he invertido allí través de instrumentos de Goldman Sachs con ganancias del ciento y pico por ciento". En España, sin embargo, "solo han sabido aprovecharse cuatro o cinco empresas", como Indra, "que debe su nombre a la diosa que cuida de los cielos". A los caladeros ya mencionados, Fournier añade "uno de los grandes mercados de defensa, fundamentalmente trabajado por Francia".
Gogate apunta como "principal obstáculo que la burocracia pueda moverse con suficiente rapidez para apoyar las aspiraciones de sus empresas. Sigue siendo mucho más rápido montar una fábrica en Vietnam que en casi cualquier lugar de la India". Aunque a veces traemos las trabas de casa. Fournier se queja de la escasa implantación de los bancos españoles, "salvo la Caixa", lo que "hace extraordinariamente difícil las relaciones empresariales" en ambas direcciones. Pone el ejemplo de la compra de Brahm: "No encontramos financiación aquí porque los bancos españoles no reconocían los depósitos y garantías de los indios, así que al final se hizo a pulmón". Se trata, resume, de una cuestión (subsanable) de "desconocimiento mutuo". No somos conscientes, por ejemplo, de que en India "hay una enorme clase media y, sobre todo, una gigantesca clase acomodada, en proporción".
PAÍS DEMOCRÁTICO
La desigualdad sigue siendo un obstáculo notable. Gogate recuerda que "lo más importante del éxito económico de India es que se asienta sobre sólidos cimientos democráticos", y que "a veces se discute si los procesos democráticos pueden avanzar lo bastante rápido como para sacar de la pobreza a millones de personas". Sobre la incidencia del sistema de castas, Fournier matiza que se trata de "una cuestión religiosa, no solo cultural", con lo que está llevando tiempo crear una mentalidad diferente, aunque "llevan años avanzando en ese sentido".
Otro aspecto complejo, el salto a una economía más formal que permita recaudar los impuestos necesarios para mejorar infraestructuras y servicios, tiene un formidable aliado en la digitalización: "Cualquier persona con un teléfono móvil puede tener una cuenta bancaria online", dice Fournier. Y si de algo puede presumir la India es de músculo en tecnología de la información.
De hecho, Gogate insiste en que "el sector financiero indio tiene uno de los sistemas de pagos electrónicos más avanzados del mundo y, sin embargo, los costes para los consumidores son insignificantes. Esto ha sido posible gracias a la combinación de una regulación prudente por parte del Banco de la Reserva de la India, el impulso activo del Gobierno federal y la rápida creación de infraestructuras de banda ancha móvil a través de la participación privada".
El crecimiento de la India se ha ralentizado en los últimos meses tras el repunte posterior a la crisis. Gogate cree que, "aunque la economía nacional india estará relativamente mejor protegida que muchas economías dependientes de la exportación, seguirá viéndose afectada". Lo cual puede abrir una interesante ventana: "Los valores que cotizan en bolsa suelen ser caros" y "cualquier retroceso en la valoración puede ser una gran oportunidad para la adquisición".
Más preocupante, porque además no dependen de la propia India, se antojan los nubarrones geopolíticos. Patnaik cree que lo único que puede "ralentizar, que no interrumpir, nuestro crecimiento es una perturbación global, como que China entre en Taiwán, por ejemplo, y comience una guerra. Pero eso sería un problema para todo el mundo".
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