ELECCIONES CATALUÑA 2024
Cabo suelto

¿Y si es el final de Puigdemont?

Carles Puigdemont, durante su comparecencia desde Argelès-sur-Mer (Francia).
Carles Puigdemont, durante su comparecencia desde Argelès-sur-Mer (Francia).David BorratEFE
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A esta hora, con lo de Cataluña escrutado, chorrea un interrogante: ¿y si es el final de Puigdemont? Qué gracia, qué gloria, qué pasmo. Porque si estas elecciones merecen la pena es por eso, por confirmar que al mayor trilero del reino le queda un mínimo de coherencia (si no hay repetición de elecciones) y sale de Junts, incluso de la política. Está claro que una mayoría de catalanes acaban de expresar un síntoma: están hasta el coño del Procés. La promesa a cumplir de Puigdemont merece aplausos. No es poca cosa imaginar el presente sin el butronero dentro. En contraste con este deseo, la dificultad de confiar exige cautela. El fracaso de Puigdemont no es nuevo, tiene algo de lenta operación de diseño esperada. ¿Y si Sánchez acertó?

El Parlament a la vista -falta el voto por correo- es un impagable terreno de experimentación. Si hay Gobierno tripartito (o similar) no hay Puigdemont. Esto debería pesar, porque lo que nunca falla es el cansancio de la gente. La jugada de alto riesgo es volver a las urnas. Fisgoneando en los arrabales del subconsciente independentista asoma una derrota de sus sueños arcádicos. Aquel trance de 10 segundos proclamado por Puigdemont podría acabar en el mes en curso, una década después. En este tiempo, el de Junts ha ido adquiriendo un contorno virtual (menos para los jueces; ellos sólo confían en lo táctil). Si Puigdemont fuese un algoritmo (nada se puede descartar) empujaría directamente a una película formidable: Amanece que no es poco.

En la mejor estela de Pujol y Artur Mas, el inquilino de Waterloo ha enseñado a mi generación algo impagable: no todo es un problema de transferencias bancarias, como parecía, también de impunidades, que son más caras y fiables que el dinero. Y éstas sólo se logran demostrando una fuerza sobrenatural para incordiar. Ahora le sugiere a ERC someterse a su proyecto. Es tan capaz de cualquier cosa que recuerda a aquella sentencia magnífica de la escritora estadounidense Helene Hanff para expresar su desagrado por la ficción cuando ésta alcanza cotas innecesarias: «¿Por qué habrían de interesarme cosas que no les han pasado a personajes que nunca han existido?». Es perfecto para resumir a Puigdemont, más pícaro que otra cosa. También le ajusta un verso del poeta alicantino Juan Gil-Albert: «Un alto muro a veces me separa / del mundo entero».

Su meta no es Cataluña, eso ya pasó. El propósito es el beneficio de la amnistía a la vista, porque su proyecto consiste en escapar sin consecuencias de su mismo laberinto atormentado. Esto lo confirmaremos pronto. Para entonces habrá enredado a todo dios en el empeño de volver a su pueblo. Es el fin último de su causa primera. Así de cutre. Aunque antes del repliegue a la fuerza por el hundimiento del independentismo pretende llevarse a unos cuantos socios por delante. Quizá Pedro Sánchez -habrá que estudiar la jugada- esté en el top 3 de sus maleficios.