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La atomización le costó cara al independentismo este domingo. Aunque sus votos nunca habrían sido suficientes para sumar una mayoría absoluta que permitiera investir a Carles Puigdemont, la ineficacia del sufragio secesionista en algunas circunscripciones puso en bandeja que Salvador Illa pueda aspirar a gobernar apoyado en el tripartito con ERC y los Comunes. La clave, durante todo el recuento, estuvo en el ajustadísimo escrutinio de Barcelona. Allí, subrayó este lunes el propio Puigdemont, hubo votos huérfanos que "habrían cambiado el resultado electoral". En concreto, los 67.405 de Aliança Catalana, el partido independentista antiinmigración de Sílvia Orriols, que entra en el Parlament con dos escaños (uno por Lérida, otro por Gerona), pero deja su irrupción a medias y no tendrá influencia en el Parlament.
Orriols se quedó a 3.053 papeletas barcelonesas de tener mucha. Con ese extra, habría llegado al 3% en la circunscripción y sumado automáticamente dos escaños que saltarían de bloque: habría perdido uno el PSC (de 28 a 27) y otro el PP (de 11 a 10). Primera conclusión: el tripartito ya no tendría mayoría absoluta y Salvador Illa no podría ser presidente si no fuera con la participación activa del PP, que nunca se ha mostrado dispuesto a esa operación.
Lo cierto es que el sistema electoral heló las expectativas de Aliança Catalana este domingo. De sus 118.302 votos, el 66,3% de ellos (67.405 en Barcelona y 11.074 en Tarragona, donde tampoco entra pese a superar el 3,5%) no tendrán traslado al próximo Parlament. En Gerona el partido fue la cuarta fuerza, con un 9% del voto, y en Lérida la 5ª, con un 7,8%.
LA BATALLA DEL VOTO URBANO
Además de en Ripoll, donde ganó con un 33,1% de las papeletas, el partido de Sílvia Orriols sólo se impuso en otros tres pequeños municipios de la zona. Y Ripoll no es tan grande: sólo fue la décima localidad que más votos (1.559) le aportó a su partido.
Como para todos los partidos, su batalla era la urbana y de allí salió muy derrotada. En la ciudad de Barcelona pasó por muy poco del 2% de los votos. Además, el avance del recuento en Gerona capital hizo que el PSC le robara a última hora un escaño que también resultó siendo decisivo para el resultado final.
En el voto de castigo independentista, Aliança Catalana tuvo un impacto moderado. Y en la competición por el voto de la inseguridad en zonas obreras tampoco pudo competir con Vox, que se movió entre el 9% y el 11% en Badalona, Terrassa, L'Hospitalet de Llobregat, Mataró o Santa Coloma de Gramenet. Buena parte de la resistencia de Vox pese al gran crecimiento del Partido Popular se explica por su resultado en estos municipios medianos.
El partido de Sílvia Orriols, contra el que habían firmado un cordón sanitario en la recta final de la campaña el resto de opciones independentistas, no tendrá un peso decisivo en la legislatura si el Govern se deriva del actual Parlament. Y si el escenario es el de la repetición electoral, pesa sobre Aliança Catalana la duda de qué efecto movilizador o desmovilizador tendrá haberse quedado en el 2,88% en la circunscripción clave, con casi 70.000 votantes huérfanos que pueden querer dejar de serlo en unos nuevos comicios.
Desde el mismo domingo, Carles Puigdemont ya intentó poner sus ojos en estas 'fugas' que también han penalizado a Junts. Otra escisión como Alhora, de la ex consejera y ex diputada de Junts Clara Ponsatí, también malgastó más de 10.000 votos en la circunscripción de Barcelona. Tan pocos que ni siquiera aunque Junts los hubiera sumado todos se habría alterado el reparto de escaños en la circunscripción.

