Superhéroe
8 de julio, Madrid. No he salido de Méjico, rozando la plaza de Ópera, y me largo con un argentino, con capa y poderes, que ejerce en la plaza de Alonso Martinez. Esteban, es un incesante encuentro y desencuentro. Una vocación común."Estoy eufórico. Y es una lástima, porque en pocos días me voy a deprimir. Todo culpa de las vacaciones. Tengo un superhéroe y las vacaciones son como una mantis religiosa para él. Lo llevan a la gloria sólo para reventarlo después.
Mi superhéroe soy yo. Soy "El Ayudador". Tengo superpoderes. Veo a madres con niños en carritos a punto de subir a sus autobuses. Percibo a las chicas acarreando samsonites de plomo acercándose a escaleras no mecánicas en las salidas del metro. Huelo a la distancia a parejas niponas intentando descifrar un mapa. Mis manos vibran solas cuando alguien necesita que lo ayuden a empujar su coche averiado. Y más. Mucho más. Siempre antes que nadie y con una desmedida agudeza visual soy capaz de penetrar entre la masa de gente que pasa sin fijarse en nada ni nadie, entre mis ayudados y yo.
Como decía, las vacaciones llenan mis mañanas de gloria en la escalera de salida de Alonso MartÌnez. Mucha samsonite. Hoy estoy eufórico. Pero mucha gente se irá y me voy a tener que migajear el alma con alguna cesión de asiento a alguien que realmente no lo necesita. Y me voy a deprimir.
Necesito mi superhéroe. Necesito ver algo más que mis cuentas pagadas entre el 1 y el 5 de cada mes".