ESPAÑA
Entrevista

Antonio Maíllo: "Sumar ya es uno más desde el 9-J, aquí nadie es paraguas de nadie"

El líder de IU dice que "no hay clima ni condiciones para entenderse hoy con Podemos". "¿Sumar? Cuando te dicen que eres lo más guapo todos los días, te aíslas de la sociedad"

Antonio Maíllo: "Sumar ya es uno más desde el 9-J, aquí nadie es paraguas de nadie"
GOGO LOBATO
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Antonio Maíllo (Lucena, Córdoba, 1966) recibe a EL MUNDO a las puertas del instituto Martínez Montañés de Sevilla entre clase y clase. A su capital político como dirigente de IU en Andalucía, suma un contacto directo con la realidad de las aulas y con una juventud a la que defiende con vehemencia de los estereotipos. Arrolló en las primarias de IU y es coordinador federal desde el 14 de mayo. El curso estaba en su recta final y no quiso dejar a sus alumnos «tirados», así que compatibilizó la campaña interna de IU y la de las europeas con sus clases de Latín y Griego. Desde septiembre se dedicará con exclusividad a la procelosa tarea de intentar recomponer los consensos de la izquierda.

¿Cuáles son las causas del mal resultado en las europeas?
Aún estamos en el análisis. Hay una corriente de avance de las fuerzas de derecha y extrema derecha que ha llegado aquí. Es un elemento estructural. Después hay una causa endógena nuestra que tiene que ver con los últimos seis meses de Sumar, donde en vez de hablar de política o vivienda se hablaba de las peleítas, las tensiones y la forma de construir un espacio de un modo vertical.
¿Que IU fuera relegada al puesto 4 de la lista desmovilizó a los suyos?
No compartimos esa decisión, pero a dos meses del 9-J creímos más importante no fragmentar más el espacio. Y se debe reconocer ese papel de IU. Es evidente que toda decisión que se toma sin la incorporación de las partes hace que las partes no se impliquen y puede haber algo de desmovilización. Lo analizaremos.
¿De la militancia? ¿De cuadros?
Se ha movilizado bastante. Pertenecemos a una cultura política que asume la discrepancia y se disciplina en torno a una decisión aunque no guste. Eso en las nuevas formas de hacer política no pasa. La cultura de partido es una necesidad y ahora es relevante en la nueva etapa. Se cierra un ciclo de política tuitera y entra un ciclo de política sólida, más reposada y con un poquito de seriedad y sensatez. Esto es que nos parezcamos a la sociedad a la que queremos representar y que no sean ecosistemas absolutamente aislados. Que es lo que se ha producido aquí, un aislamiento de pulsar el termómetro social. Es el gran error que puede tomar cualquier organización. Si te dicen que eres lo más guapo y lo más inteligente todos los días, cuando te llega la realidad, que es más poliédrica, te encuentras de bruces con ella.
¿Se refiere a Yolanda Díaz?
Me refiero al proceso de Sumar en estos meses.
La primera consecuencia ha sido la dimisión de Díaz como líder del partido Sumar, pero mantiene el liderazgo político de la coalición desde el Gobierno. ¿Es una decisión acertada?
Sí, y le honra. Ha habido malos resultados y, como soy la referencia de esa gestión, doy un paso a un lado para que se gestione mejor, pero sigo en aquello que no sólo no ha sido impugnado, sino que encima es alabado, la gestión como ministra. Ella desarrolla una acción formidable en el ministerio y debe seguir haciéndolo, ensanchando derechos y estableciendo la hoja de ruta de Sumar en el Gobierno. Hay una pata que no se está desarrollando, que es la política de vivienda, que está engullendo toda la subida de los salarios. Es una cojera que tiene que ser combatida con un debate centralizado en vivienda, y que debe ser el centro de nuestra acción. Yolanda puede jugar un papel importante. Lo que está clarísimo por todos es que se inicia una nueva etapa en la que cada organización habla por sí misma, nadie es más que nadie, aquí nadie es paraguas de nadie.
Y el papel de Díaz de líder del conjunto del espacio, ¿sigue estando fuera de todo duda?
Yolanda es la líder como vicepresidenta del Gobierno, está claro. Es la mujer con más rango ministerial, es la coordinadora del grupo parlamentario y ya, porque ha decidido dejar el liderazgo organizativo. Eso está claro, ¿no? Que no está.
¿Un espacio sin estructura común?
La estructura común de ese espacio está superada. Nosotros no nos vamos a incorporar a lo que ellos consideraban un Movimiento Sumar como paraguas de los partidos. Los que habían decidido que fuéramos el 30%... que la realidad no coincide. Lo que sí digo es que, en esta nueva etapa, IU tiene una responsabilidad porque es la única organización que tiene ámbito federal y arraigo territorial. Más Madrid, comunes o Compromís tienen mucho arraigo en sus comunidades, pero IU, aunque desigual, la tiene en toda España. Entonces podemos articular espacios. Quiero reseñar que desde nuestro punto de vista sea un modelo federal de país. Con todo mi respeto, el confederalismo es una aportación de partes donde no hay una visión de conjunto. Para nosotros es un debate importante.
¿Díaz debe repetir de candidata?
Ese debate no toca ahora ni procede. Con el avance de la extrema derecha, que es la gran disputa civilizatoria, tenemos que articular un proyecto que la gente sepa lo que hace, que sea previsible y dé seguridad. En el Congreso y el Gobierno lo hacemos desde el ámbito institucional. Falta en el organizativo. No toca ahora el debate y no hay que descartar nada, ni imponer nada. Lo mejor que podía darse es que se haga un trabajo de tal calibre, que nadie cuestione quién deba ser la persona que represente.
Acaba un ciclo electoral pero también hay que estar preparado por si se adelantan las elecciones.
Sí, correcto, pero necesitamos método. El problema es que no lo ha habido. Método de debate, de análisis y para tomar decisiones. Si una parte decide por el todo, el resto no se va a vincular a esas decisiones, por tanto, el método para IU es fundamental.
¿Cómo se tiene que concretar?
Queremos, desde el punto de vista político, un proyecto que los ciudadanos sepan con seguridad qué es lo que propone (políticas laborales, de vivienda, fiscales, sociales...). Después definimos los términos organizativos. Me da igual que se llame mesa de partidos o lo que sea, pero tiene que haber un espacio en el que tomemos decisiones de manera consensuada con un objetivo. Por consenso o síntesis y, si no puede ser, que sea por votación. Por tanto, que asumamos que en cualquier momento podamos ser mayoría o minoría, pero con un método que nos vincule porque es democrático. Lo que no me puedo vincular a una decisión que se toma unilateralmente entre un grupo muy pequeño y que no tiene justificación. Por tanto, disposición a no tener una política de máximos y método como forma funcionamiento, que es lo que ha fracasado.
Lo que pide es que Sumar sea uno más y deje de mandar como ahora.
Pedirlo no, es que ya lo es. Eso ya está superado y desde el 9 de junio está normalizado.
¿El espacio con o sin Podemos?
La reflexión que hace IU es que tenemos que bajar el diapasón. En política, las palabras son muy importantes y la amabilidad de las palabras también. Por tanto, primero habrá que bajar esa especie de hiperventilación que está habiendo y tú tendrás que hablar cuando se creen espacios amables que ahora mismo no se dan.
Ahora mismo no hay condiciones.
Yo ahora mismo no veo las condiciones, no se está creando un clima. En IU apelamos a que se den. Nosotros lo estamos invocando con el ejemplo, no entrando provocaciones y en reflexiones positivas de mucha humildad, que creo que nos falta, pero que hay que cultivarla. Porque con la arrogancia no se llega a ningún lado.
¿Podría ser usted la persona que lidere la nueva etapa?
No estamos en ese debate ahora. Creo que es el momento de centrarnos en la iniciativa política. Será la única forma de recuperar el 18% del espacio que teníamos en 2014, y que ahora se ha visto reducido a un 8%. Hay que estar en buscar soluciones a la vivienda, en abundar en la democratización del país resolviendo el conflicto del Poder Judicial.
¿Por qué parece que el PSOE ha capitalizado en solitario en las urnas los avances del Gobierno de coalición?
Bueno, la parte mayoritaria de las coaliciones siempre capitaliza los éxitos en cualquier ámbito: en el local, en el autonómico, en todos.
Entonces la coalición es suicida...
No, no es suicida. Lo que es suicida es, siendo el socio minoritario, no haber tejido las complicidades con la sociedad para ser capaces de trasladar a la ciudadanía todo lo que estás haciendo. Y en los últimos seis meses no nos hemos dedicado a difundir lo que mucho que se está haciendo, sino a resolver pequeñas batallas entre nosotros. Mire, hace solo un año Díaz era la persona más valorada entre los políticos. Entonces estábamos en lo que había que estar. Pero en los últimos seis meses nuestra dinámica ha sido totalmente endogámica y eso nos ha perjudicado.
Da la sensación también de que el PSOE les ha robado banderas: Palestina o el freno a la ultraderecha.
El PSOE es como el PNV, que siempre recoge las nueces. Pero, oiga, tampoco están para tirar cohetes. En el PSOE están eufóricos porque habían construido un relato previo catastrófico para tensar a los tuyos y trasladar luego un efecto ganador. Es parte de la estrategia. La realidad es que el bloque reaccionario ha sacado mayoría y que ya hay dos fuerzas de extrema derecha. No podemos lamentarnos de que los demás hagan bien las cosas. Tenemos que analizar nuestros recursos y maximizarlos.
¿Y no cree que tal vez el electorado no ha sabido diferenciar cuál está siendo el papel de Sumar en el Gobierno?
Yo me relaciono mucho con gente que no piensa igual que yo. No olvide que vengo de un claustro [de profesores]. Es cierto que Sumar ha tenido dificultades para fijar posición política. Y eso se ha reflejado muy bien en la campaña. En IU somos el carril rojo de ese espacio que ha representado Sumar y tenemos necesidad de sentirnos reconocidos en el mismo.
Usted, como profesor en un instituto de Sevilla, está en contacto a diario con gente muy joven. ¿Ha detectado que la ultraderecha se haya puesto de moda en ese segmento de edad? ¿Ser de izquierdas ha dejado de ser sexy?
No es verdad. Para nada, para nada, para nada. Mire, yo estoy convencido de que la juventud es mayoritariamente de izquierda pero ellos no lo saben.
Pero no les votan a ustedes.
Me refiero a los que ni siquiera tienen aún edad de votar. Por cierto, el debate sobre el voto a partir de los 16 años que va a plantear la ministra de Infancia y Juventud va a ser muy interesante en ese sentido. Yo me he encontrado con un alumnado que tiene interiorizado completamente el discurso del feminismo y la igualdad de forma mayoritaria. Incluso entre los que llevan la banderita de España. Y, salvo contadas minorías, también tienen asumida la diversidad sexual. Quienes combaten esos discursos son absolutamente minoritarios. Eso no quita que haya quienes se sienten atraídos por el mensaje gamberro que transmite la extrema derecha. Y eso sí me preocupa: que el discurso de la impugnación no esté en el campo de la izquierda.
Pero, es que la izquierda está gobernando este país. No pueden ser ustedes gobierno e impugnación a la vez.
La izquierda gobierna pero no puede gestionar todas las desigualdades que vienen de Europa o que genera el sistema capitalista. Creo que hay mucha gente que sí entiende la necesidad, en este momento político, de que estemos en un Gobierno de coalición progresista que es hoy una excepción en Europa. Pero puedan a la vez echar de menos un discurso más de izquierdas. Y en eso está el reto de Izquierda Unida. En la necesidad de construir ese carril dentro del espacio plural de la izquierda.
¿Y no se están ustedes comiendo las contradicciones del PSOE con poca capacidad para distanciarse de ellas?
Las contradicciones se superan con alianzas sociales. ¿Alguien se cree que, si no hubiera estado Sumar en el Gobierno, Sánchez habría reconocido el estado palestino? Tampoco hubiera tomado esa iniciativa sin una movilización social como la que ha habido. En España existe simpatía por Palestina incluso entre la gente de derechas. Eso es así. Y Feijóo y Abascal tienen perdido ese debate. El impulso social es el que tiene que hacer avanzar, por ejemplo, las políticas de vivienda. En una negociación pura entre el PSOE y Sumar, siempre vencerá la aritmética de quienes tienen la mayoría. Pero, si construyes una hegemonía social en torno a la necesidad de políticas de vivienda más audaces, entonces el PSOE, que sabe leer los tiempos, entenderá que hay que hacer esos cambios. Y volverá a recoger las nueces, me diréis. Pero habremos conseguido dar un giro a las políticas de vivienda. Ahora mismo, por ejemplo, estamos asistiendo a un boicot de las comunidades gobernadas por el PP a una Ley de Vivienda que ha sido audaz. Pero el Gobierno sigue teniendo instrumentos para ampliar el parque de vivienda u obligar a los grandes tenedores a que las saquen al alquiler. O para limitar los pisos turísticos, que están arrasando mi barrio en Sevilla. Y me centro siempre en el problema de la vivienda porque creo que es el que tiene que centrar el debate inmediato. Hasta el punto de que el hecho de no haber puesto en marcha una política de vivienda efectiva está diluyendo el efecto de otras medidas muy contundentes como el incremento del salario mínimo interprofesional o el aumento del empleo. El gran sumidero de las rentas de las familias es hoy la vivienda.
¿Hay posibilidad de que corra la lista en el Parlamento Europeo para que Manu Pineda (el candidato de IU, número 4 en la lista) entre en el grupo parlamentario?
En estos momentos no se plantea. Hay otras formas de sentirnos representados en ese grupo. Por ejemplo, incorporando a gente de IU en los equipos. Hay que buscar fórmulas de participación y hacerlo en el marco de un un debate fraternal.
IU ha abierto una nueva etapa con usted al frente de la Coordinación Federal. ¿En qué se va a plasmar?
En la nueva etapa que se abre una organización como IU, previsible en sus posiciones políticas, puede dar seguridad y certidumbre en un momento de inseguridades y desesperanza. Política seria para el nuevo tiempo.