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Crónica

La Policía del Arte y su odisea tras los cuadros de Bacon robados: "El quinto va a caer también, seguro"

"Cada caso es como una novela negra", dice la responsable de la brigada de patrimonio

La inspectora Montserrat de Pedro, responsable de la Brigada de Patrimonio Histórico.
La inspectora Montserrat de Pedro, responsable de la Brigada de Patrimonio Histórico.
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«De los cinco cuadros de Francis Bacon que robaron ya hemos recuperado cuatro, y el quinto va a caer también, seguro». La inspectora Montserat de Pedro, la mujer que dirige desde hace un lustro la Brigada, tiene una larga trayectoria como investigadora en destinos policiales muy variopintos. Ha estado en la UFAM -Unidad de Atención a la Familia y Mujer, especializada en la lucha contra la violencia de género- y ha bregado con el narcotráfico y la delincuencia económica también.

En ningún cometido anterior, sin embargo, ha disfrutado tanto como en este: «Cuando incautas droga, lo que haces con ella es destruirla, pero lo que recuperas aquí lo ves más tarde en un museo. Es un trabajo divertido y da mucha satisfacción. Cada caso es como una novela negra».

Nos encontramos en las dependencias de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, ubicada en un luminoso esquinazo de uno de los edificios del complejo policial de Canillas (Madrid), cuartel general de numerosos cuerpos especiales. Este en concreto se ocupa de la investigación y persecución de delitos relacionados con el patrimonio histórico y artístico. Es la que coloquialmente podríamos denominar la Policía del Arte.

Ello explica que en la pared de uno de sus despachos estén don Quijote y Sancho junto al logo de la Policía Nacional dibujados Antonio Mingote; que en otro cuelguen dos pruebas del pintor hiperrealista César Galicia o que caminando por el pasillo principal nos crucemos con una de las meninas vintage que el Equipo Crónica creó en los sesenta. El rincón donde está la mesa del subinspector Javier lo adorna un «no Picasso», puesto que el estudio que se le hizo a cuadro concluyó que lo había pintando un imitador, uno muy hábil, pero imitador. «Cuando se recuperan falsificaciones normalmente se solicita judicialmente su destrucción, pero si damos con alguna pieza muy interesante pedimos conservarla. Unas cuantas están aquí y hay otras muchas en los pasillos de la Escuela de Policía de Ávila», nos había contado la inspectora durante la entrevista en su despacho, antes de mostrarnos la colección de arte de la Brigada.

Otra cosa que sorprendió a Montserrat de Pedro al aterrizar en el servicio fue lo de los anónimos. Los chivatazos por escrito que se reciben y que permiten recuperar tesoros, algunos de cuya existencia ni siquiera se sabía. En julio de 2021, por ejemplo, les llegó uno que les advertía de que un Atlas Portulano [una colección de mapas en forma de libro utilizados en la navegación marítima medieval] iba a salir ilegalmente de España. Daba el informante otras pistas que permitieron localizar el Atlas, que resultó ser obra del prestigioso cartógrafo italiano Battista Agnese (1500-1564). Valorado en dos millones de euros, actualmente se conserva en la Biblioteca Nacional.

Decía antes la inspectora que cada caso es como una novela negra y cuando se le pide que cite los grandes hits de la Brigada mencionan por ejemplo la incautación de 495 monedas romanas expoliadas por un agricultor en Extremadura -operación Áurea-, la localización de tres esculturas íberas del siglo VI a. d. C., una de las cuales había acabado en manos de Paloma Botín -operación Leona- o las recuperaciones de una escultura de Begnini y del Códice Calixtino, este último robado en 2011 de la catedral de Santiago de Compostela.

Con todo, su bestseller, la operación de la Brigada de Patrimonio Histórico que los medios de comunicación han seguido con más expectación es el mayor robo de arte contemporáneo en España, el de los cinco cuadros de Francis Bacon, un serial que dura ya una década y al que aún le falta al menos el capítulo final: el hallazgo de la quinta obra.

No quieren en la Brigada dar detalles de la operación por no poner en peligro el desenlace. Aún está reciente el último movimiento policial: la detención en marzo pasado en Madrid de un varón al que se le acusa de receptación, es decir, de colaborar con los responsables del delito ayudándoles por ejemplo a ocultar los cuadros o venderlos. Coneste último detenido, el número de arrestados por el robo suma ya 16. «Investigando los Bacon estamos siempre, todos los días desde 2015. Ahora mismo están fuera varios agentes haciendo gestiones por los Bacon», dice la inspectora.

El caso cayó en manos de la Brigada en junio de 2015 cuando un vecino de Madrid que habían robado en su casa, un último piso con buhardilla de un céntrico edificio en Madrid. El hombre, dedicado al sector de las finanzas , a decir de las someras semblanzas que se le han escrito, contaba que los ladrones habían aprovechado que se encontraba de viaje en Londres para desactivar el sistema de alarma que protegía su vivienda y forzar la puerta. Lo de menos eran las colecciones de monedas antiguas que se habían llevado de la caja fuerte así como otras joyas. La gran pérdida que había sufrido, explicaba el denunciante, eran cinco valiosísimos cuadros, cuya existencia descubría en ese momento al mundo aportando las fotografías de cinco obras inéditas de Francis Bacon. Cinco retratos deformados, como todos los del pintor figurativo, que parecían reproducir el rostro del propio denunciante. Las obras, que estaban sin catalogar, se valoraron en cinco millones de euros cada una: 25 millones por tanto en total.

Un lienzo que resultó ser un falso Picasso colgado en uno de los despachos de la Brigada.
Un lienzo que resultó ser un falso Picasso colgado en uno de los despachos de la Brigada.

José Capelo, que así se llamaba el dueño, había custodiado las obras con la misma discreción con la que mantuvo una amistad íntima con Francis Bacon, quien le regaló los lienzos. Bacon falleció en la clínica Ruber, en Madrid, a los 82 años, el 28 de abril de 1992, seis días después de que llegara a España procedente de Londres en viaje privado. «Técnica: óleo y pastel sobre tela. Dimensiones (sin marco): 35,5 centímeros por 31. Época: Londres, años 80», se lee en la ficha del quinto Bacon, el que los de la Brigada de Patrimonio aún buscan.

Ocho meses después del robo, en febrero de 2016, alguien desde Sitges (Barcelona),contactaba con la Art Lost Register (ALR), una base de datos privada que contiene un amplio catálogo de obras de arte robadas, perdidas o saquedas. El de Sitges quería saber si tenían registrada una determinada pintura de Francis Bacon, de la que adjuntaba una fotografía. «La gente recurre a esta empresa, previo pago, cuando quiere comprar una obra, para saber si es legal o no», explica el subinspector Javier.

El Bacon en cuestión efectivamente se encontraba en la base de ALR: su origen por tanto era ilícito. Se trataba de uno de los cinco cuadros robados en junio de 2015 en Madrid, por lo que la empresa británica lo puso en conocimiento de la Policía Española. En la Brigada de Patrimonio Histórico examinaron minuciosamente el contenido del correo electrónico. Los metadatos de la fotografía de la pintura que habían adjuntado desde Sitges revelaron que había sido tomada con una cámara fotográfica alquilada y permitieron identificar la empresa propietaria del equipo y el cliente que la había rentado: Cristobal G., un marchante de arte madrileño.

En el registro de su casa se halló una nota donde figuraba la dirección de la víctima y el albarán del alquiler de la cámara. Considerado el cerebro del golpe, sería detenido en mayo de 2016, once meses después del robo, junto a un grupo variopinto de presuntos compinches: Alfredo Cristian F., chófer de vehículos de VTC y karateka, quien, a petición el marchante, habría contratado a tres ladrones profesionales, los ejecutores del golpe, igualmente detenidos; Ricardo B., quien supuestamente hizo de intermediario y ofreció los cuadros un anticuario del rastro de Madrid y a su hijo, los dos también en la lista de detenidos junto a un joyero y otro comerciante del rastro.

Mucho se especuló en su momento sobre cómo Cristóbal G., el hombre que presuntamente encargó el robo, había sabido que el hermético José Capelo poseía unos cuadros absolutamente desconocidos por los expertos en arte. Se mencionó que Baicon, Capelo y Cristóbal frecuentaban el Cock, una clásica coctelería del centro de Madrid, y que allí el marchante podría haber escuchado a los otros hablar de las piezas. Una teoría endeble, sobre todo si se tiene en cuenta que el pintor falleció en 1992, lo que supondría que Cristóbal habría esperado al menos dos décadas para poner en marcha el robo. «Mi opinión es que fueron a robar la vivienda sin más y que se encontraron con los cuadros; y que entre los que ejecutaron el robo había alguien que tenía suficientes nociones de arte como para saber de la importancia de lo que habían encontrado», opina el subinspector Javier, quien basa además su razonamiento en la escasas posibilidades que tenían los ladrones de colocar los cuadros en el mercado negro. «Quien roba lo hace por dinero, y ¿quién iba a comprárselos si no puede mostrarlos luego? ¿Me compro un Bacon porque me gusta, para mirarlo sólo yo? No tiene sentido». Fruto de las detenciones, un año después, en junio de 2017, se recuperaron los tres primeros lienzos: dos de ellos -unidos en un díptico- en un lugar, y el tercero en otro distinto, todos en Madrid, sin que en la Brigada quieran precisar los sitios exactos y cómo dieron con ellos.

Más de un lustro persiguieron en silencio los otros dos Bacon hasta que en febrero de 2024 llevaron a cabo otras cuantas detenciones -más receptadores- y dos meses después devolvían a José Capelo el cuarto lienzo. «A lo largo de estos diez años, los cuadros ha pasado por diferentes manos dentro de un grupo de personas que se dedican a esto», dice el subinspector.

A cada detención o detenciones que en la Brigada han hecho le ha seguido el hallazgo de alguna pieza. Y puesto que el último arresto se realizó en febrero pasado, no sería de extrañar que el hallazgo del quinto Bacon estuviera cerca. La inspectora De Pedro y los suyos se muestran optimistas.

Pese a lo mediático y peliculero que es el caso de los Bacon, lo cierto es que el robo de arte a particulares no está entre los principales quebraderos de cabeza de la Brigada. «Lo que más nos preocupa es la Arqueología. Desde que en 1986 entró en vigor la Ley del Patrimonio Histórico todo lo que se halla bajo tierra no es de quien lo encuentra, sino de todos. Y hay mucha gente que va con detectores, saca lo que no tiene que sacar e intenta introducirlo en el mercado. En muchos casos falseando la documentación: 'Mira, esto prueba que era del abuelo de mi abuelo'. Es lo que más nos preocupa porque son muchos y no se puede vigilar a todos», explica la inspectora. Falta decir que a la brigada están adscritos 15 agentes, de los que actualmente sólo hay una decena operativos, porque hay compañeros haciendo cursos o en otras vicisitudes. Muchos han estudiado Historia, Historia del Arte o Bellas Artes, pero no es requisito la formación artística para entrar en la Brigada. «Lo importante es que te guste investigar».