ESPAÑA
Política

La guerra del millón de votos en la derecha: Abascal se dispara a costa del PP y Feijóo ve menguar el trasvase del PSOE

Abascal rentabiliza su rol de oposición y eleva a máximos el trasvase de ex votantes 'populares' a su partido. El giro migratorio de Feijóo no frena las fugas a la derecha, pero sí aleja a ex afines al PSOE

Santiago Abascal en rueda de prensa el pasado lunes para dar comienzo al curso político
Santiago Abascal en rueda de prensa el pasado lunes para dar comienzo al curso políticoDaniel GonzalezEFE
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Hace un año, Santiago Abascal inició el curso político en su suelo. Si en las elecciones generales de 2023 había aglutinado el 12,4% del voto, 12 meses después las encuestas le pronosticaban entre el 9 y el 9,5%. En septiembre del año pasado, Vox acababa de abandonar los gobiernos autonómicos con el PP y la irrupción de Se Acabó La Fiesta en las elecciones europeas amenazaba con arañarle espacio más a la derecha del abanico ideológico. Mientras, el PP no dejaba de crecer. Según la encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, Abascal arrancó el pasado curso político con 2,37 millones de electores. Ahora, si los españoles fueran llamados a las urnas y votara el mismo número de personas que el 23-J, 3,72 millones de papeletas irían para Vox, el 15,1%. Son 1,35 millones de votos más en 12 meses, que se traducirían en un incremento de 26 escaños: de los 22 que se le estimaban entonces a los 48 de hoy. Este cambio es clave en la definición del Congreso y del futuro político, también de Pedro Sánchez, algo más que un espectador del columpio de miles de votos en el flanco derecho.

La trayectoria ascendente de la curva de Vox es mayor a la de cualquier otro partido. Y tiene una particularidad: el grueso de los nuevos votantes que apostarían por estas siglas no procede de electores de la izquierda descontentos con la gestión del gobierno, como ocurre en el PP. El trasvase más caudaloso lo representan los ex votantes de Alberto Núñez Feijóo, que hoy elegirían a Abascal.

Según la última encuesta de Sigma Dos para EL MUNDO, el 14,5% de quienes en julio de 2023 cogieron la papeleta del PP cambiaría ahora su apuesta a Vox. Son 1.183.321 personas. Viceversa, el caudal es menor: el 5,7% de quienes votaron a Abascal elegiría hoy a Feijóo, 174.249 electores. El saldo neto es de 1.009.072 papeletas más para Vox procedentes del PP. El grueso del crecimiento del partido más a la derecha del abanico político es, por tanto, a costa de los populares. Un millón de votantes oscilan de unas siglas a otras en un año, resultando determinantes en una hipotética configuración del Congreso. Y, en consecuencia, del Gobierno.

En el último año, el saldo entre PP y Vox siempre favoreció a Abascal. Pero, hace 12 meses lo era en una proporción casi testimonial. En septiembre de 2024, el 6,3% de los ex electores de Feijóo decía querer cambiar su apuesta a Vox, mientras que, al contrario, el 10,9% de afines a Abascal se inclinaba por la papeleta popular. Aunque en porcentaje salía ganando el PP, en número de votantes la diferencia ya era positiva para Vox, que le robaba 180.919 electores. El pasado octubre dicha cifra cayó incluso a un mínimo de 63.664 ciudadanos, pero hoy el trasvase ha engordado casi un millón, hasta superar ese listón: 1.009.072 personas, ex votantes del PP, que están en esa pugna determinante entre los partidos de derechas y que ahora se inclinan por Abascal.

En que ese saldo se haya disparado influyen muchos factores. El primero, y quizá el más crucial, es la salida de Vox de los gobiernos. En el partido lo valoran hoy como un acierto, y las encuestas soportan esa tesis. Aunque inicialmente supuso ahondar en su tendencia descendente, a partir de septiembre de 2024 la curva se revirtió, en detrimento de la del PP. Y, a lo largo del último curso, rentabilizaron no tener competencias en situaciones de desgaste de los populares y la clase dirigente, capitalizando todos los brotes de antipolítica.

La dana fue el ejemplo más representativo. Si Vox hubiera permanecido en el ejecutivo valenciano, la consejería de Emergencias habría estado a su cargo. Sin embargo, desde fuera, pudieron criticar la gestión de Carlos Mazón y de La Moncloa. Además, aprovecharon para agitar algunas de sus banderas ideológicas: desde la condena al "fanatismo climático" hasta la oposición al Estado de las Autonomías. Si el PP cayó más de un punto porcentual en estimación de voto tras la dana, Vox sumó 1,4 puntos en el primer mes tras la tragedia. En aquella encuesta de diciembre de 2024, el saldo neto de votantes que se movieron entre Abascal y Feijóo fue ya de 553.208 electores más para Vox. El mes anterior, esta cifra había sido de 168.718. Casi 400.000 en apenas 30 días.

Sin responsabilidades en los ejecutivos, ha tenido libertad para cargar contra socialistas y populares, presentándose como la "alternativa al bipartidismo", una bandera que ya ni Podemos ni Sumar pueden sostener, por deterioro de su propia imagen o como copartícipes en Moncloa. Además, la división en ese espectro reduce su atractivo para el electorado y la fragmentación les penaliza en las encuestas, mientras Vox, beneficiado de los escándalos alrededor de Alvise, reunifica la derecha de la derecha.

Vox se ha erigido en "alternativa" ante las causas de corrupción -del caso Montoro al Cerdán- y también ante la gestión de otra tragedia: los incendios. Vox ha insistido en equiparar a PP y PSOE, buscando de nuevo atraer a populares descontentos con sus gobiernos autonómicos o despertar a desmovilizados. En la última encuesta de Sigma Dos, que refleja la respuesta a la gestión de los incendios, Vox crece tres décimas en intención de voto y el PP cae cinco.

Así, en estos meses, Feijóo ha visto cómo cada vez más ciudadanos que hace dos años confiaron en él se marchan con Abascal. Con el fin de revertir esa tendencia, y para hacer que la balanza de ese millón de votantes en juego vuelva a inclinarse hacia el PP, el líder de los populares ha virado su discurso para entrar en la competencia directa con Vox. Especialmente, en la cuestión migratoria.

Si los de Abascal habitúan a vincular la llegada de inmigración ilegal con el aumento de criminalidad, Feijóo dijo esta semana que "España no puede ser una nación con las puertas abiertas a la delincuencia". Si Vox apuesta por "deportar" a los extranjeros, con o sin papeles, que delincan, el PP ya abrió este verano la puerta a secundar esa reclamación para "determinados delitos". Y si Abascal defiende "mantener nuestra identidad y nuestras costumbres" frente a la llegada de personas de fuera y aboga por expulsar a los que "no se adaptan", Feijóo ya les pide "respeto e integración". Nada de ello le ha bastado, por ahora, para recuperar parte de ese millón de votantes en pugna.

Al contrario, el endurecimiento de su postura migratoria le ha abierto un agujero electoral por el lado opuesto. Feijóo ha venido presentando al PP como un "partido para la mayoría de los españoles", capaz de aglutinar apoyos a izquierda y derecha en su convicción de alcanzar los 10 millones de votos en los próximos comicios. Hace un año, por esta vía, Feijóo lograba compensar los potenciales electores que perdía en favor de Abascal con la llegada de ex votantes del PSOE. Sin embargo, hoy esto ya no sucede. El pronóstico actual para el PP sigue siendo mejor a su resultado electoral de 2023, pero ahora el incremento es menor que hace un año -entonces reunía el 35,4% de los apoyos y, hoy, el 34,4%-. Este retroceso se explica, en buena medida, al observar el trasvase de votos del PSOE al PP: Feijóo cada vez atrae a menos ex votantes de Sánchez. Así, sus intentos por recuperar el voto fugado a Abascal están, indirectamente, beneficiando al PSOE, que contiene su trasvase de electores al PP.

Si al inicio del curso pasado un 7,9% de socialista en 2023 apostaba por cambiar al PP, ahora esa proporción es solo del 3,9%. De 617.915 votantes extra a 305.047, menos de la mitad. Las fugas del PP al PSOE son mínimas -1,7% en septiembre de 2024, 1% ahora-, con lo que el saldo es siempre positivo para los populares, pero ahora en menor proporción. En términos netos, Feijóo le roba hoy a Sánchez 223.438 electores, una cifra insuficiente ante el millón que deja la papeleta del PP para coger la de Vox.

Ese botín en pugna entre las derechas marca toda la configuración de las fuerzas políticas. De ahí los esfuerzos de unos y otros. Sin embargo, si estos votantes antes oscilaban con facilidad, en los últimos meses caen en masa en favor de Vox, con aparente fidelidad. Incluso cuando el partido lleva sus tesis migratorias al extremo, sin condenar los disturbios racistas en Torre Pacheco y defendiendo el veto al Islam en Jumilla, Abascal ha seguido sumando afines -el grueso, desde el PP-.

No acusa lo extremo de su discurso, y por ello no rebajará el tono. Solo su defensa cerrada de Trump le provocó un ligero bache en su tendencia ascendente, pero se recuperó sin necesidad de rectificar. Así, Vox sostiene hoy ese millón de votos en liza con el PP, pero Feijóo entrará en el terreno de Abascal para recuperarlos. Sánchez, desde fuera, observa un trasvase que marcará su propio futuro.