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Los judíos que viven en Melilla -un millar, se calcula- no están aún abiertos a compartir los detalles de la biografía de Jacob Pinto Bittan, el español de 25 años asesinado ayer lunes en Jerusalén en un atentado llevado a cabo por dos palestinos y en el que murieron otras cinco personas. Jacob -o Yaakov Pinto, como reproduce su nombre la prensa israelí- residía en Jerusalén desde hace unos cuantos años pero era originario de la ciudad autónoma de Melilla.
No es que no quieran contarnos, explican, sino que les da pudor por el luto judío, que es muy estricto y no quieren romperlo. Se impone la discreción sobre todo los primeros siete días -uno por cada uno de los primeros siete grados de parentesco: padre, madre, hijo, hija, hermano, hermana, o esposa-, periodo que se denomina shivá y que empieza a contar a partir del funeral, previsto para hoy mismo en Jerusalén. Durante esa semana, la familia no sale de casa, enciende una vela por el fallecido, tapa los espejos, no se corta el pelo o afeita. «Estos siete días son de respeto sumo, de introspección», explica un judío melillense que ha tratado a Jacob. «Era, de verdad, un niño ejemplar, muy bueno, gran amigo de sus amigos, una persona de enorme bondad que estaba haciendo estudios rabínicos en Israel», explica. «Los estudios rabínicos se pueden realizar para profundizar en el conocimiento de la religión o para ser rabino, que creo que era su intención», años.
Difieren las distintas fuentes en cuánto tiempo hace que Jacob dejó en Melilla a sus padres y a sus dos hermanos para trasladarse a Israel solo -«a los 16-17 años», dicen unas; «hace cinco como mucho», creen otras-, pero sí parece claro el recorrido educativo que hizo allí. Estudió primero en la yeshivá -centro de estudios ortodoxo de la Torá y del Talmud- Nehora y continuaba ahora su formación en la yeshivá Derech Emuna. Durante los dos últimos había sido además profesor en la yeshivá de secundaria Hedvath HaTorá. «Desde su llegada a Israel, ha dedicado todo su ser a la sagrada labor de la educación», declaraba la dirección del centro tras conocer su muerte.
La comunidad judía de Melilla recibió la noticia con cierta incredulidad muy pronto a través de otros melillenses que residen en Jerusalén. La difusión de la imagen de Jacob o Yaakov acabó de confirmarlo. De inmediato, sus padres y sus dos hermanos se dirigieron al aeropuerto para trasladarse lo antes posible a Jerusalén. La familia, que no pudo asistir a la boda de Jacob, celebrada hace solo tres meses, en junio, viajaban ahora a Israel para enterrarlo. «Tenían previsto ir a la boda, pero hubo un problema con el avión», nos dice el citado judío melillense.
Los conocidos de Yaakov en Jerusalén refrendan lo sucedido en la boda: «Es una pena grandísima. Me acuerdo de él ya que pese a la diferencia de edad, él tenía 25 y yo 44, todos nos conocemos al ser una pequeña comunidad en Melilla. Era alegre y participaba mucho en la sinagoga», recuerda Jonathan Chocron, también de Melilla y residente en Israel desde hace 12 años. «Sé que cuando se casó, sus padres no pudieron venir debido a los problemas de vuelos por la guerra. Realmente es todo muy triste», dice tras el atentado elogiado por Hamas y que se saldó con 30 heridos además de las seis víctimas mortales.
En un comunicado, la Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) ha declarado «luto oficial en su memoria» al tiempo que «transmite sus condolencias a su familia, a la comunidad israelita de Melilla de la que formaba parte, así como solidaridad a la sociedad israelí que vive marcada por el terrorismo».
La muerte de Pinto fue lamentada y recordada especialmente por el ministro de Exteriores, Gideon Saar, y por muchos israelíes en las redes sociales en la crítica a las medidas del presidente español, Pedro Sánchez, contra Israel anunciadas prácticamente al mismo tiempo.
Los dos terroristas llegaron en coche a la zona que estaba llena de gente y abrieron fuego contra el autobús de la línea 62 antes de ser neutralizados por un ciudadano y un soldado (perteneciente a una unidad formada por ultraortodoxos). «Escuché varias ráfagas de disparos que duraron una eternidad. En los primeros momentos, busqué refugio mientras los terroristas dispararon hasta que hubo silencio. He sido testigo presencial de varios ataques, pero ninguno como éste», cuenta Avi Toledano.
El paramédico Ohev Yashu se encontraba en esta zona del norte de la ciudad cuando escuchó disparos. «Al llegar al autobús número 62, neutralizaron a los terroristas y dimos ayuda inmediata a los heridos de bala. Niños, ancianos... un asesinato terrible», afirmó en el cruce. Mientras las ambulancias evacuaban a los heridos, los policías cerraron la zona ante la posibilidad de la presencia de cómplices. Los dos atacantes, Mohamed Taha y Musana Amro procedían de dos aldeas en la zona de Ramala en Cisjordania que tras el atentado fueron cercadas por el ejército.
«Estamos en una guerra intensa en varios frentes (...) Estos asesinatos, estos atentados en todos los frentes sólo aumentan nuestra determinación de completar nuestras misiones en la Franja de Gaza, Cisjordania y todos sitios. Luchamos contra el terror, contra Hamas, el régimen terrorista de los hutíes, de Irán que apoya a todos, en Gaza, contra Hizbulá», declaró el primer ministro Benjamín Netanyahu, en el lugar del ataque.
Tras condenar el atentado y acusar a la Autoridad Palestina de Abu Mazen de ayudar económicamente a las familias de los responsables de los atentados, Sa'ar recordó la nacionalidad española de uno de las víctimas y acusó a varios ministros del Gobierno de Sánchez de apoyar a Hamas. Según fuentes de seguridad consultadas por EL MUNDO, Shabak -el servicio de seguridad general israelí- ha abortado unos 1.000 atentados en lo que va de año. En todo 2024 fueron 1.040.
Hamas ha elogiado lo que define «operación heroica de dos combatientes de la resistencia en el norte de la ocupada Jerusalén. Es la respuesta natural a los crímenes de la ocupación contra nuestro pueblo». Yihad Islámica también lo aplaudió haciendo un llamamiento a los palestinos en Cisjordania y Jerusalén para que intensifiquen «su respuesta a los crímenes del ejército de ocupación en medio del silencio y la inacción árabe e internacional».


