«Para ordenar operaciones en el exterior que no estén directamente relacionadas con la defensa de España o del interés nacional, el Gobierno realizará una consulta previa y recabará la autorización del Congreso de los Diputados». El artículo 17 de la Ley de la Defensa Nacional es claro en su primer apartado. Sin embargo, la excepción de «la defensa de España o del interés nacional» es la excepción y la literalidad a la que se han acogido todos los Gobiernos para enviar tropas fuera sin pasar por la Cámara Baja. Y será ahora el argumento de Defensa para proceder en el caso del envío de personal a Ucrania o Groenlandia.
Sobre la mesa del Estado Mayor de la Defensa están esos dos puntos del mapa como lugares de posible despliegue futuro. En el caso de Groenlandia, debido a que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, esgrimía motivos de seguridad para quedarse con el pedazo de hielo de soberanía Danesa, la OTAN se ha esforzado en las últimas semanas para encontrar una solución que no supusiera el fin de la Alianza Atlántica. Tras varias consultas internas entre los socios, el secretario general de la Alianza le propuso al estadounidense desplegar una misión de la OTAN en Groenlandia parecida a la que ahora mismo se lleva a cabo en Polonia para luchar contra la injerencia rusa. España, en esa misión, aporta dos cazas y un A400M. Como forma parte de la misión del flanco Este, para este despliegue no se pasó por el Congreso.
Ahora, España ha ofrecido sus capacidades a la OTAN, en su política de mostrarse un «aliado fiable», para este nuevo despliegue en Groenlandia. Según fuentes consultadas por EL MUNDO no sería una misión permanente, sino un despliegue puntual con varios países implicados, entre ellos el propio Estados Unidos. España tiene capacidades en los tres ejércitos puestas a disposición de la OTAN para ese despliegue. Han ofrecido aviones en caso de que sea vigilancia aérea, barcos para un despliegue naval por la supuesta amenaza que según Donald Trump suponen las rutas marítimas de Rusia y también personal de Tierra experto en montaña y nieve en caso de necesidad de esas especialidades. Además, el Gobierno sostiene que la estabilidad del Ártico afecta directamente a la seguridad europea y, por extensión, a la española, un razonamiento que justificaría la activación de mecanismos excepcionales.
Si bien lo de Groenlandia podría materializarse en las próximas semanas, el caso de Ucrania es distinto. El pasado seis de enero, Pedro Sánchez se reunió en París con varios socios europeos en un encuentro liderado por Emmanuel Macron y con la presencia de Volodimir Zelenski. Tras el encuentro, el presidente del Gobierno compareció en rueda de prensa para anunciar que España ha ofrecido sus capacidades para una posible presencia en Ucrania en caso de que se alcance un acuerdo de paz, un extremo que ahora mismo parece lejano. Zelenski no quiere renunciar ni al Donbas ni a Zaporiyia, territorios que Putin pretende anexionarse. Es el principal escollo para una posible paz. También el acuerdo sobre tropas es delicado: Putin no acepta una misión OTAN sobre territorio ucraniano, tampoco una misión de paz con una frontera establecida, copiando el modelo de Líbano y la 'Blue Line'.
Pero, en caso de llegar a un acuerdo, Pedro Sánchez está dispuesto a enviar tropas en misión de paz. Un compromiso del presidente del Gobierno que quería explicar al resto de partidos políticos, por lo que anunció que mantendría reuniones para explicarles este posible despliegue y el plan de Defensa. Los primeros contactos debían celebrarse la semana pasada, pero el accidente de tren en Adamuz provocó que se anularan. En ningún caso el líder del Ejecutivo quiere pasar por el Congreso para votar esos despliegues. Según informan fuentes consultadas por este diario, se va a amparar en el «interés nacional» que supone participar en una misión OTAN para ser un «aliado fiable» por un lado, en el caso de Groenlandia. En el caso de Ucrania, la posible presencia allí responde a la «defensa de España» pues la amenaza, según explican, en el flanco Este, es una amenaza para el territorio nacional.
Las fuentes consultadas insisten en que no se trata de eludir al Parlamento, sino de adaptarse a un entorno internacional marcado por la rapidez de los acontecimientos y la presión de los compromisos aliados. Sin embargo, la oposición denuncia que el «interés nacional» se está convirtiendo en un comodín retórico para sortear debates incómodos y minimizar el coste político de decisiones de alto riesgo. Anteriormente otros Gobiernos también se han saltado el Congreso para enviar o retirar tropas.


