El temporal que azota Galicia ha reabierto las heridas de la devastadora ola de incendios del verano. Las lluvias arrastran ahora las cenizas que cubren los montes de Ourense, contaminando los ríos y las fuentes de agua potable de la provincia. En decenas de aldeas, los vecinos encadenan semanas de cortes intermitentes en el suministro y reclaman al Gobierno y a la Xunta una respuesta urgente para frenar la mezcla de barro, tierra y ceniza que baja por las laderas y amenaza con provocar inundaciones si no se actúa de inmediato.
Esta misma mañana, Diego Calvo, consejero de Presidencia, Justicia y Deportes, acompañado por las responsables de Medio Ambiente y Medio Rural, se ha reunido con los alcaldes de la comarca de Valdeorras, la más afectada por esta contaminación. "Hemos puesto sobre la mesa todo lo que la Xunta de Galicia ha comenzado a hacer tras los incendios de este verano; desde Medio Rural en las distintas zonas de Ourense y desde Medio Ambiente en las áreas donde tenemos competencia", ha explicado Calvo.
El consejero ha sido claro al recordar que el cauce y el entorno de los ríos de Valdeorras son competencia del Estado, gestionados por las Confederaciones Hidrográficas del Miño-Sil y del Duero, y que corresponde al Gobierno central asumir las tareas de prevención y limpieza en estas zonas críticas. Por eso, la Xunta ya exigió en octubre que Moncloa "intervenga con la mayor celeridad posible", alertando sobre el riesgo que supone que las cenizas sigan contaminando el agua de la que dependen miles de vecinos en un territorio asolado pero en lucha constante por levantarse.
Calvo anunció además que la Xunta mantiene su disposición a colaborar y que se está organizando una próxima reunión con los alcaldes en la que también participarán las confederaciones hidrográficas. "Estamos intentando convocar esta reunión para coordinar las actuaciones, porque hasta ahora no tenemos conocimiento de lo que ha estado haciendo el Gobierno", subrayó.
Fuentes de la Consejería de Medio Ambiente detallan que el dominio público hidráulico, que abarca el cauce de los ríos, está bajo la competencia de las confederaciones hidrográficas del Estado. A esta área se suma la zona de servidumbre, una franja de cinco metros a cada lado del cauce, donde también recae la responsabilidad estatal y donde se está acumulando la ceniza que contamina el agua y amenaza el entorno.
Además insisten en que, allí donde la Xunta tenía margen de actuación, "la respuesta fue inmediata". Se instalaron barreras anticontaminación, filtros vegetales y cordones de contención en los cauces, además de retirarse la vegetación muerta en varios municipios. También se puso en marcha un plan de voluntariado que movilizó a más de 400 personas para limpiar y restaurar las zonas afectadas, y se continua aplicando acolchado con paja -el conocido mulching- en unas 200 hectáreas especialmente sensibles, con el fin de proteger el suelo y frenar la erosión.
Esas mismas fuentes recalcan ahora que es el turno del Gobierno central. Subrayan que en agosto ya tendieron la mano a las confederaciones hidrográficas mediante una carta en la que ofrecían su colaboración para mitigar los efectos del fuego. "Nunca se obtuvo respuesta", zanjan.
El portavoz de la campaña de bosques de Greenpeace Miguel Ángel Soto, advierte de que los incendios forestales "siguen causando estragos incluso después de que las llamas se apaguen". Explica que la combustión de la vegetación modifica la capacidad del suelo para absorber agua, convirtiéndolo en un terreno repelente que hace que la lluvia corra por la superficie, arrastrando cenizas, barro y lodo hasta los ríos y las captaciones de agua. "En los incendios forestales no solo es fundamental apagar el fuego, sino también hacer un seguimiento de las zonas incendiadas", subraya.
Este fenómeno, al que los expertos han bautizado como "chapapote de monte" por la capa oscura y viscosa que dejan los restos del fuego sobre la tierra y el agua, también absorbe y transporta metales pesados y compuestos peligrosos que ponen en riesgo la salud de los vecinos. "El medio ambiente ya está muy perjudicado en la zona de Ourense, ahora el problema está en que afecta directamente al abastecimiento urbano y el bienestar de la gente", concluye Soto.



