Nanaia Mahuta lleva las marcas de sus antepasados en la barbilla. Es bisnieta de una princesa y sobrina de una reina indígena, Te Arikinui Te Atairangikaahu, la primera maorí en ser nombrada Dama Comandante de la Orden del Imperio Británico, que recibió en persona en 1995 las disculpas de la reina Isabel II por las atrocidades que los colonos británicos cometieron a su tribu de Nueva Zelanda en la década de 1860.
Mahuta también es hija de un santo, venerado con ese sobrenombre por la tribu Tainui, originaria de la región de Waikato. El santo fue un político llamado Robert Te Kotahi Mahuta, que logró la firma de un acuerdo histórico de compensación por el que el Gobierno británico pagó 170 millones de dólares neozelandeses (99 millones de euros) por las 450.000 hectáreas de tierra confiscadas hace casi dos siglos a los Tainui.
El moko kauae (tatuaje facial sagrado) que Mahuta tiene en la barbilla no sólo rinde homenaje a su familia, sino que también tiene trazas que representan a las tribus que dieron vida a Aotearoa, el nombre en maorí como se conoce a Nueva Zelanda. Su rostro es el de la tierra de los primeros pueblos. Un rostro que representa un legado que llevará a la escena internacional. Porque Nanaia Mahuta (50 años) es la nueva ministra de Relaciones Exteriores de la isla del Pacífico.
No se queden sólo con la anécdota del tatuaje en la cara ni con la larga tradición de líderes tribales de la que proviene. Esta antropóloga lleva 24 años en el Parlamento neozelandés. Como activista por los derechos de los pueblos indígenas, sí. Pero también se ha movido por la cúspide del Gobierno laborista desde 2017 como ministra del gabinete de Jacinda Ardern y ha ocupado las carteras de Comercio, Medio Ambiente y Vivienda. Sin olvidar su presencia en el mandato de la primera ministra Helen Clark (2005-2008), haciéndose cargo de las aduanas. "La atención debe estar en sus habilidades y no en su apariencia", dijo Clark tras el nombramiento de Mahuta.
El pasado 17 de octubre, Jacinda Ardern y su Partido Laborista arrasaron en las elecciones hasta el punto de lograr la mayoría absoluta con 64 escaños (47% de los votos). Algo que no pasaba desde que se implementara un sistema de votación proporcional hace 24 años, que empoderó a los partidos minoritarios y favoreció las coaliciones. Ardern sorprendió al mundo al cumplir su promesa de erradicar el coronavirus en Nueva Zelanda. La primera ministra dejó claro en todo momento que eran los científicos y médicos quienes determinaban las políticas a seguir. Primar la salud antes que la economía fue su clave. Y su país la votó en masa como premio.
Su gabinete de 20 miembros incluye a políticos de la comunidad LGBT, ocho mujeres y cinco maoríes. Lo que nadie esperaba internamente era que nombrara como representante de la diplomacia a una política maorí. En general, fue una sorpresa agradable y bien acogida, tanto por el electorado como por la prensa. Así describió el periódico Asia Pacific Report la noticia del ministerio asignado a Mahuta: "La decisión fue un rayo de la nada".
"Es satisfactorio tener la oportunidad de servir de una manera que podamos levantar el techo de cristal en oficinas que a menudo no han estado abiertas a las mujeres", dijo Mahuta tras aceptar el cargo de ministra. "Y, lo más importante, es abrir un camino que pueda ser diferente y único, forjar un sentido real de oportunidad como país, pero también para los pueblos indígenas... Así que eso es lo que voy a hacer".
En un comunicado, un portavoz de las tribus que representa Mahuta (Waikato-Tainui, Ngati Maniapoto y Ngati Manu), dijo que la ministra tenía "habilidades de negociación y diplomacia para representar a Aotearoa en el escenario global. También aporta una perspectiva cultural única que es especialmente relevante en estos tiempos de gran incertidumbre geopolítica".
Hasta ahora, pese a los altos cargos en el Gobierno que ha ocupado estos años, Mahuta había mantenido un perfil bajo, sin llamar mucho la atención mediática, y sin protagonizar ningún escándalo. "Desde muy temprano en la vida, adquirí las habilidades de la diplomacia principalmente a través de mi educación y la variedad de experiencias a las que estuve expuesta, pero lo más importante fue comprender quién era como mujer maorí. Una vez que lo hice, me sentí menos intimidada por personas de otros orígenes y creencias", dijo en una entrevista.
Es madre de dos hijos, de 10 y siete años. Siempre ha presumido de la influencia de su padre, que falleció en 2001, y del que aprendió el oficio de diplomático durante las negociaciones con Reino Unido para lograr la firma de un tratado que compensara los robos y atrocidades que se cometieron en la época colonial. Al igual que su padre, estudió antropología y, al igual que su padre, se ha convertido en un icono en Nueva Zelanda como la primera mujer nativa como ministra de Relaciones Exteriores.
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